Historia
MARCELO DE ANCIRA († 374)
Primera etapa; doctrina trinitaria.
Tomó parte como obispo en el sínodo celebrado en Ancira posiblemente en 314 y once años más tarde fue un oponente en la sombra de los arrianos en Nicea. En 335, sin embargo, llamó la atención por un libro del que poco se sabe, existiendo solo fragmentos. Su obra fue evocada primeramente por un tratado de Asterio el lucianista, que era un ataque general hacia los dirigentes vivos y muertos del gran partido eusebiano. Su polémica iba dirigida contra la doctrina arriana y eusebiana de las tres divinas hipóstasis, que había sido recibida de las enseñanzas de Orígenes. Percibiendo la base pagana de esta doctrina, Marcelo se opuso no sólo a la doctrina de la inferioridad de Cristo que está implícita, sino también a su matiz politeísta. Rígido defensor del monoteísmo reconocía un solo Dios, aunque reconoció una cierta diferenciación en él. Antes de la creación del mundo, Dios había sido simplemente una 'mónada', pero con la formación del universo se introdujo el primer periodo de la salvación por la 'procesión' del Logos, que era eterno en Dios y ha sido desde entonces la 'actividad operativa' de Dios. En la encarnación el Logos vino a ser, en alguna extraña forma, 'dividido del Padre por la debilidad de la carne', aunque existió potencialmente en el Padre, no sólo por todo el periodo entre la creación y la encarnación, sino también más allá, por lo que Dios y el Logos no han de ser separados y el ojo de la fe consecuentemente ve al Padre en Cristo (Jesús le dijo*: ¿Tanto tiempo he estado con vosotros, y todavía no me conoces, Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre; ¿cómo dices tú: "Muéstranos al Padre"?[…]Juan 14:9). En manera similar, Marcelo contempla al Espíritu contenido dentro del Logos hasta que Jesús sopló sobre sus discípulos y les dio el Espíritu Santo (Después de decir esto, sopló sobre ellos y les dijo*: Recibid el Espíritu Santo.[…]Juan 20:22), tras lo cual procedió operativamente del Padre y del Hijo. Hasta el tiempo del derramamiento del Espíritu Santo, Marcelo enseñó un binitarismo, pero tras ese suceso 'la mónada se amplió a una tríada'. Sin embargo, esta 'ampliación' no produjo una ruptura de la 'mónada' que es 'potencialmente indivisible', por lo que el Padre, el Logos y el Espíritu son un Dios. Tras la parusia, cuando Cristo aparezca en la carne, tanto el Logos y el Espíritu serán plenamente reunidos con Dios y la 'mónada' existirá de nuevo, como existió antes de la creación del mundo. El reino del hombre Cristo tendrá un fin (comp. Y cuando todo haya sido sometido a El, entonces también el Hijo mismo se sujetará a aquel que sujetó a El todas las cosas, para que Dios sea todo en todos.[…]1 Corintios 15:28), pero el Logos, cuyo poder no tiene principio ni interrupción, retendrá entonces, existiendo de nuevo en el Padre, la omnipotencia divina que nunca ha perdido.
Enseñanzas condenadas; vida posterior.
Marcelo de Ancira enseñó un trinitarismo monoteísta, que en su desarrollo de una 'mónada' a una 'tríada' formó parte del plan de salvación y en esta enseñanza se centraron sus intereses teológicos. Subrayó que el Verbo no encarnado es llamado meramente Logos y no Hijo en las Escrituras, por lo que aplicó los términos 'Hijo de Dios', 'imagen del Dios invisible' y 'primogénito de toda creación' (El es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación.[…]Colosenses 1:15), así como todas las designaciones bíblicas de Cristo salvo el concepto de Logos, al Logos encarnado. De esta manera escapó de la noción eusebiana de una 'creación' del Logos, que destruía la doctrina de su eternidad y al mismo tiempo halló una confirmación de su teoría de que el Cristo histórico fue 'Dios aparecido en forma humana' y al mismo tiempo 'el hombre perfecto'. El sínodo eusebiano de Constantinopla en 336 condenó la obra de Marcelo como herética, ya que asumió que el Hijo comenzó con su nacimiento de María y también postuló un final de su reinado. Por tanto fue anatematizado, ordenándose la destrucción de su libro y ofreciéndose a sus seguidores, que habían sido numerosos en Galacia, volver a la ortodoxia, siendo designado Basilio como obispo de Ancira para suceder a Marcelo. Se desconoce adónde fue Marcelo tras su destitución, pero la muerte de Constantino en 337 le permitió volver a su sede. Que fue restaurado a su puesto parece escasamente probable, pero a todos los efectos su reaparición en Ancira resultó en numerosos tumultos. Fue condenado de nuevo en un segundo sínodo en Constantinopla en la última parte de 338 o a principios de 339, yendo en el verano de ese año a Roma, donde fue declarado inocente. Salió de Roma y después se le encuentra en el sínodo de Sárdica en 343, donde fue condenado por tercera vez por la Iglesia oriental, pero de nuevo fue absuelto por la occidental. De su posterior destino poco se sabe. Según Sozomeno volvió a Ancira como obispo, pero fue expulsado en 350, aunque la afirmación tiene escaso apoyo. Fue repetidamente condenado por los homoiousianios y la joven escuela nicena, mientras que en occidente sus doctrinas no fueron discutidas en ningún sínodo entre 343 y c. 380, quejándose Basilio de que occidente no tuvo palabras de reprensión para las enseñanzas de Marcelo. Se desconoce dónde pasó los últimos treinta años de su larga vida, ni el lugar y fecha exacta de su muerte. Jerónimo dice que escribió muchas obras contra los arrianos, aunque ninguna ha quedado. En el tiempo de su muerte tenía muchos seguidores en Galacia, aunque es incierto hasta dónde entendieron y aceptaron sus enseñanzas. Un comité enviado supuestamente en la primera parte de la octava década del siglo IV de Ancira a Atanasio, de quien Marcelo no se fiaba aunque nunca polemizó con él, presentó un símbolo que aceptaba la definición del Hijo dada en el credo de Nicea, pero hablaba de sólo una hipóstasis de la Trinidad y también revelaba otras huellas de la influencia de Marcelo. No dejó representantes de su teología, permaneciendo el marcelianismo como una herejía impersonal. Fue condenada por Dámaso I hacia el año 380 y con la aceptación del primer canon del concilio celebrado en Constantinopla en 381 el nombre de Marcelo fue puesto en la lista de los herejes en el oeste, tras mediados del siglo V.
Posición en la historia del dogma.
Aunque es verdad que la cristología de Marcelo recuerda a la de Pablo de Samosata, sobre todo si el Cristo histórico se considera el 'nuevo hombre' y el Logos o Espíritu en él indiviso de Dios; pero por otro lado, el Cristo histórico es, en su enseñanza, también 'Dios manifestado en la carne'. Ambas ideas aparecen una al lado de la otra en el sistema de Marcelo, como sucede en casi todas las cristologías de la Iglesia antigua, antes de las controversias apolinarista y nestoriana. Cualquier estimación de la posición de Marcelo en la historia del dogma debe proceder, por tanto, de la doble asunción de que su concepción general del cristianismo era próxima a la de Ireneo y que el credo de Sárdica representaba su monoteísmo trinitario económico. Una notoria similitud con este documento se aprecia en los escritos de Febadio de Agen y en los primeros escritos de Hilario, mientras que Tertuliano y Novaciano están en armonía con Marcelo en su desarrollo de la 'mónada' a la 'tríada' en el curso del plan de salvación. Esos puntos de semejanza, así como el acuerdo de Marcelo con Ireneo, hallan su explicación en el hecho de que él representa la tradición de la edad pre-apologética, tal como se halla en el binitarismo de Hermas, la epístola de Bernabé y la segunda epístola de Clemente, así como en los sistemas gnósticos; no es imposible que esas tradiciones se puedan haber originado en Asia Menor, donde Marcelo e Ireneo vivieron y donde florecieron el monarquianismo modalista y el montanismo.