Historia
MARÍA ESTUARDO (1542-1587)

María Estuardo fue la única hija de Jacobo V de Escocia y su esposa francesa, María de Guisa. La muerte de su padre a los seis años de nacer ella, hizo a María reina de Escocia. Aunque el rey Enrique VIII de Inglaterra hizo infructíferos esfuerzos para controlarla (María llevaba sangre Tudor en sus venas por su abuela, hermana de Enrique VIII), su madre se hizo cargo de la regencia del reino. Con cinco años María fue enviada a Francia por su madre, creciendo allí en la corte de Enrique II y su esposa Catalina de Médicis, junto a su propia familia, los poderosos Guisa. A pesar de una infancia encantadora de gran lujo, incluyendo frecuentes cacerías y bailes, no se pasó por alto su educación, aprendiendo latín, italiano, español y algo de griego. El francés se convirtió en su primera lengua y en otros aspectos María creció más como francesa que como escocesa.
Por su destacada belleza, esbelta figura, cabello pelirrojo, ojos color ámbar y su gusto por la música y la poesía, María reflejaba el ideal contemporáneo de las princesas renacentistas en el tiempo de su casamiento con Francisco, el hijo mayor de Enrique y Catalina, en abril de 1558. Aunque era un emparejamiento político con miras a la unión de Francia y Escocia, María estaba sinceramente orgullosa de su joven marido, aunque el matrimonio posiblemente nunca se consumó. La ascensión de Isabel I al trono de Inglaterra en noviembre de 1558 significó que María era, en virtud de su sangre, la siguiente en linaje al trono inglés. Los católicos que consideraban a Isabel ilegítima, por ser el divorcio de Enrique de Catalina de Aragón y su nuevo casamiento con Ana Bolena inválido, estimaban a María como la verdadera reina. De ese modo, el suegro de María, Enrique II de Francia, podía reclamar el trono de Inglaterra para sí. Pero su muerte en 1559 elevó a Francisco al trono francés e hizo de María una rutilante reina consorte de Francia, hasta que la prematura muerte de Francisco en diciembre de 1560 la dejó viuda con 18 años.
Reina de Escocia.
Al regresar a Escocia en agosto de 1561, María descubrió que su cuidada crianza francesa no le era de ayuda para capear la serie de problemas que ahora tenía que enfrentar. Sus antiguas pretensiones al trono inglés habían suscitado la hostilidad de Isabel, quien no quiso reconocer a María como su heredera, aunque ésta apreciaba sus derechos ingleses. Si bien María era católica, la fe oficial de Escocia era ahora el protestantismo, por lo que muchos, incluyendo al destacado predicador calvinista John Knox, la consideraban una reina extranjera de una creencia extraña. Lo más difícil de todo eran los nobles escoceses; partidistas y turbulentos tras una serie de minorías de edad reales, cuidaban más de sus feudos privados y engrandecimiento personal que de apoyar a la corona. No obstante, durante los primeros años de su reinado, María se las arregló bien, con la ayuda de su hermanastro bastardo Jacobo, conde de Moray, y sostenida en particular por su política de tolerancia religiosa. No todos los escoceses eran adversos al espectáculo de una bonita joven, creadora de una alegre corte y disfrutando de su progreso en todo el país.


Los siguientes ocho meses constituyen el periodo más enmarañado y controversial de la vida de María. Según sus detractores, fue durante este periodo cuando tuvo un enredo amoroso con James Hepburn, cuarto conde de Bothwell, planeando con él la muerte de Darnley, para casarse luego ambos. Sin embargo, no hay evidencia contemporánea de este amorío antes de la muerte de Darnley, salvo las muy dudosas denominadas Casket Letters, poemas y cartas supuestamente escritas por María a Bothwell, pero que los historiadores no consideran con evidencia suficiente. Lo que sí es evidente es que María pensó divorciarse de Darnley, tras una seria enfermedad de ella en octubre de 1566 que le dejó su salud quebrantada y su espíritu alicaído. En la noche del 9 de febrero de 1567, la casa en Kirk o' Field en las inmediaciones de Edimburgo, donde Darnley se recuperaba de una enfermedad, fue atacada y Darnley estrangulado mientras intentaba escapar. Se han fabricado muchas teorías para explicar los conflictivos relatos del crimen, incluyendo la posibilidad de que Darnley planeara matar a María, que estaba a la sazón en el lugar, cayendo en su propia trampa. Pero la explicación más plausible es que los responsables fueron los nobles, que odiaban a Darnley.

por Sándor Liezen-Meyer. Museo de Colonia
Cautiverio en Inglaterra.
El cautiverio de María fue largo y pesado, aliviado sólo parcialmente por los consuelos de la religión y, a nivel mundano, por su habilidad para bordar y su amor a las mascotas, como perros falderos y pájaros cantores. Su salud se resintió por la falta de ejercicio físico, su silueta adelgazó y su belleza disminuyó, como se aprecia en los cuadros de 1578 donde aparece con terciopelo negro y velo blanco. Naturalmente, concentró sus energías en liberarse de un encarcelamiento que consideraba injustificado, al principio mediante ruegos y posteriormente por conspiración. Pero para su desgracia, María, al ser católica, era el foco natural para las esperanzas de los católicos ingleses que deseaban que sustituyera a la protestante Isabel en el trono. El descubrimiento en 1586 de una trama para asesinar a Isabel y provocar un levantamiento católico, convenció a Isabel de que, mientras viviera, María siempre constituiría un peligro.

Martyre de la royne d'Escosse, douairiere de France, 1589.
Para sus seguidores fue una figura romántica y trágica; para sus enemigos una intrigante adúltera o asesina, levantando su figura controversia ya en vida, durante la cual su prima Isabel la denominó correctamente "hija del debate."