Historia
MARÍA TUDOR (1516-1558)

Era hija de Enrique VIII y de Catalina de Aragón, hija de los Reyes Católicos. Cuando niña fue un títere en la rivalidad de Inglaterra con naciones más poderosas, siendo vanamente propuesta en matrimonio con uno u otro potentado al que se quería tener como aliado. Siendo una muchacha brillante y estudiosa, fue educada por su madre y una tutora de rango ducal. Comprometida con el emperador, su primo Carlos V, éste le ordenó que fuera a España con una enorme dote monetaria. Pero al ignorar la demanda, él la dejó plantada y logró un partido más conveniente. En 1525 fue nombrada princesa de Gales por su padre, aunque la falta de documentos oficiales indica que nunca fue formalmente investida. Luego permaneció en Ludlow Castle mientras se efectuaban nuevos planes de compromiso. Pero la vida de María cambió radicalmente por el matrimonio de su padre con Ana Bolena.
Ya hacía tiempo que Enrique había planeado divorciarse de Catalina para casarse con Ana Bolena, argumentando que, como Catalina había sido la esposa de su hermano fallecido, su unión con Enrique era incestuosa. Sin embargo, el papa se negó a reconocer la pretensión de Enrique de divorciarse de Catalina, aun después de que el divorcio se legalizara en Inglaterra. En 1534 Enrique rompió con Roma y estableció la Iglesia de Inglaterra. La alegación de incesto hacía de María una bastarda. La nueva reina, Ana Bolena, dio al rey una hija, Isabel (futura reina), prohibiendo a María el acceso a sus padres, despojándola del título de princesa y obligándola a actuar como dama de honor de la infanta Isabel. María nunca vio más a su madre, aunque, corriendo gran riesgo, se escribió con ella.
El odio de Ana hacia María era tan constante que temió ser ejecutada, pero teniendo el valor de su madre y la obstinación de su padre, no admitió la ilegitimidad de su nacimiento, ni entró en un convento como se le ordenó hacer. Una vez que Ana cayó en el desagrado de Enrique, él le ofreció el perdón a María si reconocía que él era la cabeza de la Iglesia de Inglaterra y admitía la "ilegalidad incestuosa" del matrimonio con su madre. Se negó a hacerlo hasta que su primo, el emperador Carlos, la convenció de que lo hiciera, acto que ella lamentaría profundamente. Entonces Enrique se reconcilió con ella, otorgándole una mansión digna de su posición y haciendo planes de nuevo para casarla. María fue la madrina del príncipe Eduardo, hijo del rey por Jane Seymour, la tercera reina.

Ahora María era la princesa europea más importante. Aunque sencilla, era una figura popular, con una excelente voz de contralto en el canto y gran capacidad lingüística. Sin embargo, no pudo librarse del calificativo de bastarda y sus movimientos estaban severamente restringidos. Ningún pretendiente de los propuestos llegó al altar con ella. Sin embargo, cuando su padre se casó con Catalina Howard, a María se le otorgó permiso para volver a la corte y en 1544, aunque todavía era considerada ilegítima, consiguió la sucesión al trono tras Eduardo y cualquier otro legítimo hijo que le pudiera nacer a Enrique. Eduardo VI sucedió a su padre en 1547 y bajo el influjo del fervor religioso y de entusiastas consejeros hizo que el inglés, en lugar del latín, fuera obligatorio en el culto eclesiástico. Pero María continuaba oyendo misa en la antigua forma en su capilla privada, jugándose de nuevo la vida.

óleo de John Byam Show
A la muerte de Eduardo en 1553, María huyó a Norfolk, al haberse hecho con el trono Lady Jane Grey y haber sido reconocida como reina durante unos días. Sin embargo, la nación consideraba a María la legítima heredera y al cabo de unos días hizo una entrada triunfal en Londres. Con 37 años de edad tenía carácter, era sincera, campechana y cordial, igual que su padre, pero en contraste con él, rechazaba los castigos crueles y la firma de penas de muerte. Inconsciente de la necesidad de precaución para una reina recién coronada, incapaz de adaptarse a las nuevas circunstancias y escasa de interés propio, María anhelaba que su pueblo volviera a la obediencia a Roma y para lograrlo estaba determinada a casarse con Felipe II de España, hijo del emperador Carlos V y once años más joven que ella, aunque la mayoría de sus consejeros eran partidarios de su primo Courtenay, conde de Devon, de sangre real. Los nobles ingleses que habían adquirido riqueza y tierras cuando Enrique VIII confiscó los monasterios católicos, tenían interés en retenerlos y el deseo de María de hacer del catolicismo la religión estatal los convirtió en sus enemigos. El parlamento, también enfrentado a ella, se sintió ofendido por su descortesía hacia sus delegados cuando le pidieron que abandonara los planes de casarse con Felipe II y ella les respondió: "Mi matrimonio es asunto mío."

De un grabado antiguo