Historia
MARTENSEN, HANS LASSEN (1808-1884)
- Vida
- Desarrollo teológico
- Carácter de su teología
- Elementos místicos y teosóficos
- Polémicas y otras actividades

Fue educado en Copenhague, en la escuela y la universidad, donde consiguió su graduación en teología en 1832. Desde 1834 a 1836 hizo añadidos estudios en Alemania y París. Al regresar a Copenhague se licenció y ejerció como docente privado en teología, siendo nombrado lector en 1838 y profesor de teología sistemática en 1840, llegando a ser en 1845 también predicador de la corte. A la muerte del obispo de Zelanda, J. P. Mynster, en 1854, Martensen fue escogido por el gobierno como sucesor, desplegando en ese oficio, el más alto eclesiásticamente del país, gran celo en la realización de los deberes de su cargo y en la defensa de la fe mediante su pluma. En el último año de su vida, consciente de su debilidad física, dimitió y murió poco después
Desarrollo teológico.
Como teólogo se adhirió sin oscilaciones a la filosofía que considera la explicación espiritual de todas la cosas a la luz de la revelación cristiana, siendo la persona de Cristo el centro del universo y de todos sus pensamientos. Bajo la influencia de la enseñanza de Sibbern en Copenhague, llegó a la conclusión de que el cristianismo había de ser aceptado porque su verdad apela a la razón, como única fuente de una filosofía exhaustiva de la vida. Procuró la unidad de la fe y el conocimiento, no pudiendo contentarse con ningún sistema que no ofreciera eso. Pero fue aún más fuertemente influenciado por la filosofía de Schleiermacher y Hegel. Conoció al primero personalmente en 1833, convirtiéndose en un entusiasta admirador de su profundidad mística y el acabamiento estructural de su dogmática; pero no pudo secundar su actitud subjetiva, sintiéndose poderosamente atraído en contraste por el sistema objetivo y exhaustivo de Hegel. Pero por otro lado, sintió la falta de sistema y reconocimiento de la religión, como esfera superior que la mera filosofía. Esas deficiencias las encontró suplidas en la enseñanza de Franz Baader en Munich, que subrayaba fuertemente el principio de que la filosofía debe ser religiosa y que sólo quien tiene un sentido personal de la religión puede filosofar sobre ella.
Carácter de su teología.
Su disertación de 1837, De autonomia conscientiæ sui humanæ, in theologiam dogmaticam nostri temporis introducta, expone una serie definida de proposiciones a las que siempre se adhirió. La filosofía no está fuera o por encima de la religión, pues la especulación necesita de la religión (revelación) como principio; en asuntos de conciencia (el núcleo de la religión) el hombre es consciente de sí mismo no como alguien que conoce a Dios sino como alguien que es conocido por Dios. El conocimiento humano debe permanecer en esta dependencia establecida por la conciencia y reconocer que los poderes humanos no permiten encontrar la verdad. El hombre no puede situarse en la posición teocrática, pues ello supondría la negación de sus cualidades de criatura y pecador. La regeneración y la fe en la revelación son pre-requisitos para una correcta percepción de las cosas divinas y humanas; la fe es la condición para la entrada de la idea divina en el alma. De ese modo rechazó la posición autónoma de Kant y Schleiermacher por un lado y de Hegel por otro. Su sistema está más plenamente desarrollado en Christelige Dogmatik (Copenhague, 1849), al que Landerer denomina "incuestionablemente la mejor reconstrucción de la dogmática eclesiástica desde el punto de vista del conocimiento del siglo XIX." La peculiaridad de su posición especulativa yace en su determinada adhesión a la enseñanza de la Escritura y la Iglesia. La Escritura es para él al mismo tiempo la norma crítica y orgánica. Su objetivo no fue descubrir o establecer nuevas doctrinas, sino insuflar nueva vida a lo antiguo.
Elementos místicos y teosóficos.
A este elemento especulativo, que es lo más característico de su teología, se añadió el místico y el teosófico en un grado cada vez mayor, a medida que pasaba el tiempo. En su juventud había sido un diligente estudiante de Eckhart, sobre el que escribió en 1840; pero sus estudios en esa dirección alcanzaron su fruto más maduro en Christelige Ethik (3 volúmenes, 1871-78), por el que asume un conocimiento íntimo de las experiencias místicas en la relación con Dios. El elemento teosófico aparece posteriormente y más gradualmente. Se halla en su Dogmatik, no tanto en la discusión del ser de Dios sino en los pasajes en los que trata con la participación de la naturaleza y el universo en la renovación y perfección del Espíritu. Jesucristo es el segundo Adán, cuya venida no sólo tiene importancia espiritual y moral, sino también cosmológica; los milagros son una incipiente si no continuada transfiguración de la naturaleza; los sacramentos son misterios de la naturaleza, especialmente la Cena, considerada la nutrición del futuro cuerpo espiritual. Una aproximación aún mayor a las ideas teosóficas se aprecia en el controversial tratado Vom Glauben und Wissen (1867), sin duda parcialmente debido a la posterior filosofía de Schelling, que mientras tanto se había publicado. Su concepción de Dios alcanzó su mayor plenitud en su obra sobre Jakob Böhme (1881). Esta obra cierra su producción estrictamente teológica, que forma un conjunto inusualmente armonioso, permitiendo a su genio el pleno desarrollo de todos su aspectos. Sus obras encontraron amplia aprobación donde se estudió la teología protestante e incluso más allá de esos límites.
Polémicas y otras actividades
Aparte de esta producción teológica, tomó parte en la discusión de muchas cuestiones de su tiempo. Se opuso a los bautistas en Den christelige Daab (1843), donde estableció los principios más plenamente desarrollados posteriormente en Dogmatik. Su noción de la relación entre fe y conocimiento la combatió vehementemente S. A. Kierkegaard, que entre 1843 y 185 publicó una serie de escritos, tendentes a mostrar que el cristianismo y la especulación son cosas de orden diferente, debiendo creerse la reducción del cristianismo al absurdo y lo paradójico a pesar de la razón. Con la aparición de la obra de Martensen, Dogmatik, algunos de los seguidores de Kierkegaard comenzaron una campaña contra sus ideas, bajo la dirección de R. Nielsen; pero a esos ataques, que duraron una generación, Martensen apenas replicó. Cuando un joven candidato a ser ordenado expuso la idea de que la operación de los sacramentos dependía de la fe del ministro, y Grundtvig la defendió, Martensen publicó dos pequeñas obras (1856, 1857) contra esa posición y en 1863 sometió las peculiaridades de esa idea a una crítica total en Til Forsvar mod den saakaldte Grundtvigianisme (1863). Rompió una lanza frente a los católicos en Katholicisme og Protestantisme (1874), publicando dos tratados sobre cuestiones constitucionales que afectaban a la Iglesia luterana danesa. En sus deberes episcopales se dedicó principalmente a la predicación y visitación. De sus sermones se publicaron ocho volúmenes, además de tres alocuciones de ordenación y varios discursos ocasionales. Como obispo de Zelanda fue el principal consejero del gobierno en asuntos eclesiásticos. En 1849 el rey dividió su poder en esos asuntos con la asamblea nacional, encargándose un ministro de adoración pública de su administración, aunque podía ser un hombre sin afiliación eclesiástica. En las discusiones que siguieron, Martensen se opuso decididamente al individualismo abstracto que deja libre al hombre para seguir su propia conciencia, pero no estuvo dispuesto a apoyar la propuesta de una forma sinodal de gobierno, prefiriendo más bien seguir la línea luterana tradicional de organización consistorial, que en Dinamarca ponía el poder en manos de los obispos. Al principio sus ideas tuvieron poco éxito, pero antes de su muerte se dio un paso en esa dirección mediante la organización de un concilio episcopal, que luego se extendió a un sínodo, si bien quedó abolido en 1901.