Historia

MARTÍN DE BRAGA (c. 510 - c. 580)

Martín de Braga, obispo del siglo VI, nació en Panonia hacia el año 510 y murió hacia el 580.

Concilio de Braga de 561. Miniatura del Códice Albeldense. Siglo X. Monasterio de El Escorial
Concilio de Braga de 561. Miniatura del Códice Albeldense.
Siglo X. Monasterio de El Escorial
El conocimiento de su vida se basa en unas pocas noticias dispersas en sus propias obras y en las de sus contemporáneos Gregorio de Tours y Venancio Fortunato, con una pequeña ayuda de Isidoro de Sevilla. Se hizo monje, adquiriendo en ese tiempo gran saber, especialmente en griego y visitando el este, incluyendo Tierra Santa. Uniéndose a unos peregrinos españoles fue convencido por ellos para que fuera a Galicia, a fin de convertir a la población que era mitad arriana, mitad pagana. Llegó a España hacia el año 550, siendo hecho pronto obispo, según Gregorio, aunque pudo pasar algún tiempo fundando monasterios, especialmente el de Dumio, sobre el que presidió primero como abad y luego como obispo. En este último cargo estuvo presente en el concilio de Braga en mayo de 561. Más tarde fue elegido arzobispo de Braga (Braccara), presidiendo como tal el segundo (incorrectamente llamado tercero) sínodo en 572. Como misionero y organizador eclesiástico e intermediario de la cultura cristiana entre el este y el oeste, fue uno de los más destacados e influyentes hombres de la segunda mitad del siglo VI. La posición que ejerció se evidencia no solo por la obra que hizo en los dos sínodos de Braga, sino por las frecuentes peticiones del rey Miro pidiendo su consejo y por las visitas de obispos españoles y extranjeros con el mismo fin.

La obra más importante de Martín es Collectio orientalium canonum sive Capitula Martini (Mansi, Concilia, ix. 845 y sig.), un arreglo sistemático de cánones orientales (y unos pocos occidentales), con la idea de dar una más correcta e inteligible versión de los cánones griegos, para que sirviera de guía en la legislación de su propio día y país. En Epistola ad Bonifatium de trina mersione (Collectio maxima conciliorum Hispaniæ, ii. 506, Roma, 1693) responde a la pregunta de un obispo español de si el bautismo administrado en su provincia se hacía solo con una triple inmersión o también con una triple repetición de la fórmula, lo que parecía llevar una sospecha de arrianismo, a lo que contesta Martín que la fórmula se usaba solo una vez, pero afirmando la ortodoxia de la triple inmersión. El pequeño tratado De pascha (Gallandi, Bibliotheca veterum patrum xii. 287 y sig., 14 volúmenes, Venecia, 1765-81) defiende la práctica de hacer de la Pascua una fiesta movible, mencionándola como una antigua costumbre de la Iglesia galicana de celebrarla el 25 de marzo, fecha tradicional de la resurrección. Los tratados éticos existentes incluyen Formula vitæ honestæ, De differentiis quatuor virtutum y De ira (todos en Gallandi, xii. ut sup.), de los que los dos primeros entran en la categoría de filosofía moralista, con Séneca como modelo; de hecho, han sido impresos más de una vez como obras de Séneca. La Formula da una descripción de la vida cristiana, adaptada especialmente para los laicos, sobre moderadas líneas de las cuatro virtudes cardinales. Sus obras ascéticas incluyen una colección de Sententiæ patrum Ægyptiorum (MPL, lxxiv. 381 y sig.), traducidas del griego por Martín y una compilación similar de antiguas tradiciones monásticas del desierto egipcio, Verba seniorum (MPL, lxxiii. 1025 y sig.). Se debe mencionar también un sermón, De correctione rusticorum (MPL, lxxii. 21-52; primera edición completa de Caspari), que tiene considerable interés histórico. Fue escrito para corregir la tendencia de la población rural a las supersticiones paganas. Los dioses de los paganos, dice, no son sino demonios, de los que hay un número en ríos, fuentes y bosques, venerados por rústicos ignorantes, que usan también prácticas supersticiosas como augurios y magia. Dios envió a su Hijo 'para sacarlos del error del diablo a la adoración del verdadero Dios; y tras haber enseñado, quiso morir por el género humano'. El cristiano gana el reino de Dios por las buenas obras, de otra manera se condenará por las malas obras. En el bautismo renuncia al diablo y confiesa la fe en Dios. La superstición es el abandono de esa fe y la ruptura del pacto. Ningún signo se permite al cristiano, sino el de la cruz; ningún encantamiento, sino el credo y el Padre nuestro. Nadie debe dudar de la misericordia de Dios, sino hacer penitencia, siendo la verdadera 'que un hombre no haga más los males que hizo y busque la remisión de sus pasados pecados'. Hay también interesantes detalles sobre el bautismo y sus ceremonias y la observancia del domingo. Gregorio menciona algunos versos escritos por este Martín como si fueran de su tocayo de Tours, que todavía existen en las tres cortas inscripciones poéticas publicadas por Sirmond, Migne y otros.