Historia
MARTÍN DE TOURS (316-397)

siglo XV. Milán, Biblioteca Braidense. Ms. AG XII 3, folio 1 recto
Con ocasión de un encuentro de Martín con el emperador Máximo, intercedió en favor de los seguidores de Prisciliano, no porque se identificara con ellos, sino por su fuerte sentido de la justicia. Martín fue un hombre de vida práctica y tuvo una fe ingenua que descansaba en el simbolismo trinitario, la adoración de reliquias y las revelaciones de espíritus buenos y malos. Aunque su predilección por el ascetismo monástico le cegó sobre las exigencias de la comúnmente aceptada regla de vida, al mismo tiempo defendió un evangelio de servicio, en marcado contraste con la quieta vida de contemplación seguida por los ermitaños orientales. Al ser el modelador de la fe popular del pueblo franco, Martín se convirtió en su santo patrón, haciendo de Tours un lugar popular de peregrinación. A su nombre se le dio un lugar especial en la veneración de santos en la Edad Media, entrando en la tradición épica y legendaria en lengua francesa y alemana. El relato más famoso sobre Martín es cuando era catecúmeno y joven soldado destinado en Amiens, donde se encontró en un crudo día de invierno a un pobre sin ropa. Martín sólo tenía su capa militar y sus armas. Cortó su capa en dos pedazos con su espada y le dio la mitad al pobre. En reconocimiento de su hecho, Cristo se le apareció la noche siguiente vestido con la media capa que le había dado, oyendo a Cristo decir a los ángeles que le asistían: 'Martín me dio esta capa'.
El siguiente pasaje es un relato de la actividad evangelizadora de Martín de Tours en la Vida de San Martín de Sulpicio Severo:
'Voy a contar qué sucedió en un lugar del territorio de los eduos. Mientras estaba asimismo derribando un templo, una muchedumbre de paganos enfurecida se lanzó contra él. Y como uno, más audaz que los demás, lo atacara espada en mano, deshaciéndose del manto ofreció su nuca desnuda a quien iba a asestarle el golpe. No vaciló el pagano en herirle, pero, como hubiese elevado excesivamente la mano, cayó hacia atrás y derribado comenzó a pedir perdón por temor a Dios. Y parecido a esto fue lo siguiente. Como, cuando estaba destruyendo unos ídolos, un personaje hubiese pretendido herirle con un cuchillo, en el momento del golpe, el arma escapándosele de las manos desapareció. Y con frecuencia, cuando los campesinos se le oponían de palabra para que no destruyera sus santuarios, aplacaba su espíritu pagano con su santa predicación de tal modo que, mostrándoles la luz de la verdad, ellos mismos echaban abajo sus templos.'
