Historia
MATHER, COTTON (1663-1728)
- Familia y preparación
- Pastor en Boston
- Su relación con los juicios de brujería en Salem
- Declive de su influencia
- Otras tareas
- Evaluación
- Obras

Era el hijo mayor de Increase y Maria (Cotton) Mather y nieto de Richard Mather y John Cotton. Su primera educación la recibió parcialmente en el hogar y parcialmente en la escuela latina de Boston, pero la mayor influencia en sus primeros años fue de su familia. Se dio cuenta por sí mismo de que por apellido estaba destinado a continuar la tradición de dirección en la iglesia y a defender los ideales congregacionales. Sensible y tímido como muchacho y dado a la melancolía se sintió paulatinamente predestinado a alguna clase de porvenir eclesiástico. Cuando tenía doce años entró en Harvard, siendo el estudiante más joven que hasta entonces había sido admitido, atreviéndose ya entonces a corregir a sus menos piadosos compañeros. Fue víctima de las 'novatadas' y considerado por algunos como un mojigato. Más popular entre sus profesores que entre sus compañeros, mostró un interés definido en las ciencias. Tras su graduación en 1678 quedó tan impedido por la tartamudez que temió no poder ejercer en el púlpito, emprendiendo el estudio de la medicina. Sin embargo, en 1680 pudo predicar y pronto ayudó a su padre en la segunda iglesia en Boston. Se graduó en Harvard en 1681 y no aceptó la invitación de una iglesia en New Haven. En 1685 fue finalmente ordenado en la segunda iglesia, donde desempeñó el cargo el resto de su vida, sirviendo como ayudante de su padre hasta 1723. Tras establecerse regularmente en Boston fue supervisor en Harvard.
Pastor en Boston.
En 1686 se casó con Abigail Phillips, hija de John Philipps, próspero ciudadano de Charlestown. Dos años después de la partida de su padre para Inglaterra para interceder por la restauración del estatuto de Massachusetts, dejó a Cotton Mather al cargo total de la segunda iglesia y también en la tarea de trabajar por la colonia mientras su padre trabajaba en pro de ella en el exterior, defendiendo lo que muchos colonos creían que eran sus derechos en oposición a la voluntad de Jacobo II, expresada en Massachusetts por el gobernador real, Sir Edmund Andros. Cuando estalló la rebelión abierta contra Andros, Mather fue un cabecilla y escribió The Declaration of the Gentlemen, Merchants, and Inhabitants of Boston, publicado en 1689 y que sirvió como manifiesto para los insurgentes, lo cual aumentó su reputación, que ya su capacidad como predicador y escritor había evidenciado de sobra en una docena de obras impresas. En 1690, cuando fue elegido miembro del consejo rector de Harvard, fue reconocido, a pesar de su juventud, como uno de los teólogos más eminentes de Nueva Inglaterra. Cuando su padre volvió en 1692, trayendo un nuevo estatuto real para Massachusetts y acompañado por el nuevo gobernador, Sir Williams Phips, a quien él había propuesto, Cotton Mather se alegró por la oportunidad de influencia política que ahora se le ofrecía. Phips fue discípulo de los Mathers, siendo bautizado por Cotton no mucho después. Escribió mucho para defender el estatuto y los actos de Phips como gobernador. Dos obras de este carácter son Political Fables, que circuló en manuscrito en 1693, y Pictas in Patriam, una biografía de Phips.

Uno de los primeros actos de Sir William fue la designación de un tribunal para juzgar a ciertas sospechosas de brujería que fueron arrestadas en Salem, lo que fue el comienzo de los famosos juicios por brujería de 1692. La relación de Cotton Mather con el caso ha provocado mucho debate, pero los hechos, hasta donde pueden ser probados, son fácilmente resumibles. Desde mucho antes Mather había llegado a la conclusión de que las personas perturbadas por el diablo podían ser tratadas mediante ayuno y oración, decidiendo que era su deber estudiar los casos de supuesta posesión diabólica para combatir las artimañas de Satanás. Su ferviente introspección, acompañada por su gusto por la investigación científica, le llevó no sólo a escudriñar todo lo que pudiera tender a demostrar la realidad del mundo de los espíritus, sino también a exagerar la importancia de sus observaciones. En 1688 llevó a su casa a una muchacha que podía estar poseída para poder estudiar el caso. Publicó el resultado de su observación en Memorable Providences, Relating to Witchcrafts and Possessions (1689). En 1690 y 1691 publicó otras dos obras con sus ideas sobre la brujería. Poco antes de que la corte de Salem comenzara sus procedimientos, aconsejó a uno de los jueces no presentar la denominada 'evidencia espectral', desfavorable para el acusado, a la que tanto énfasis se había dado en muchos juicios anteriores en Inglaterra, sugiriendo que el castigo fuera el más suave que pudiera ser impuesto. Luego mandó un comunicado de asesoramiento a los jueces, firmado y emitido por él y otros ministros destacados, en el que repetía el mismo aviso, aunque alentaba el examen cuidadoso de la acusada y el encausamiento de las sospechosas de culpa. En 1693 publicó Wonders of the Invisible World, una narración de algunos juicios de Salem, escrita a petición de los jueces. En esta obra argumentaba la justicia de los veredictos en los juicios descritos, al haber suficiente evidencia por las normas contemporáneas inglesas y americanas para condenar a una bruja. No asistió a ninguno de los juicios, pero apareció en una ejecución y allí públicamente defendió la sentencia del tribunal. Durante el verano de 1692 los jueces no hicieron caso de su consejo ni del de otros ministros, condenando a muerte a muchas personas a las que las pruebas de Mather no condenaban como culpables. Sin embargo, durante los juicios, igual que los otros que dudaban de la justicia de lo que se estaba haciendo, él no protestó públicamente. En 1693, tras la última ejecución, investigó el caso de una muchacha que él creía era bruja, pero no comenzó un nuevo procedimiento. Escribió un relato del caso y entró en controversia con Robert Calef, que era escéptico en cuanto a la brujería. Resultó en mucha recriminación, empleándose Calef a fondo para mostrar que los Mathers, especialmente Cotton, eran responsables por la injusticia hecha en Salem. Publicó sus ideas en More Wonders of the Invisible World (1700), incluyendo en el volumen, evidentemente sin permiso de su autor, la narración de Mather de la 'muchacha embrujada' de 1693. La publicación del libro de Calef la respaldaron los que se oponían a la influencia de Mather en la iglesia y en la política, comprobándose en 1700, cuando era generalmente admitida la injusticia de lo que se había hecho en los juicios de Salem, que incluso vagas insinuaciones contra Cotton Mather como instigador en la ejecución de las acusadas podían minar su poder. Sin embargo, cuando apareció el libro de Mather, éste ya había declarado su creencia sobre la injusticia de los métodos de la corte y había enviado a la imprenta su Magnalia Christi Americana (publicado en Londres en 1702), en el que citaba con aprobación las ideas de John Hale sobre los juicios, que fueron tan lejos como las de Calef al afirmar que personas inocentes habían sido condenadas. Aunque es posible decir que Cotton Mather ayudó, por declaraciones orales y escritas sobre la realidad de la brujería, a hacer posible la tragedia en Salem y a mantener viva la excitación que surgió como consecuencia, no hay evidencia de que procurara que ocurriera lo que pasó. Los únicos casos de brujería con los que estuvo directamente implicado no los trató por medios legales sino por el ayuno y la oración y como muchos de sus colegas defendió los principios tocantes a la evidencia, que si la corte los hubiera aceptado se habrían impedido muchas ejecuciones.
Declive de su influencia.
Después de 1692 su popularidad disminuyó algo, parcialmente por su identificación con las políticas de Phips y el nuevo estatuto, que tenían sus críticos, y parcialmente por su agresividad en la controversia y su tono demasiado arrogante, especialmente por las cambiantes condiciones que habían disminuido el ardor religioso en Massachusetts y debilitado el antiguo ideal puritano del dominio del clero. Su ardoroso temperamento empeoró las cosas. No era un hábil político y cuando Joseph Dudley fue hecho gobernador en 1702, Mather, que había apoyado su nombramiento, descubrió que ya no tenía la influencia política que había tenido durante la etapa de Phips. Sus esfuerzos para escribirse con amigos ingleses y por desalojar a Dudley fueron infructuosos, su celo para mantener la lealtad de los no conformistas de Massachusetts ante los ojos de la realeza inglesa dieron poco fruto y tras 1706, cuando finalmente rompió con Dudley, debió percibir que su sueño de tener el poder en el Estado y en la Iglesia no era ya factible.
Fue derrotado también en Harvard. Su padre se vio obligado a abandonar su presidencia en 1701 y Cotton Mather, lamentando que el colegio estaba en manos de los menos ortodoxos, quiso ser presidente. Su nombre fue considerado al menos dos veces. En 1703 la cámara de representantes le propuso para ser presidente de Harvard, pero esa iniciativa fue desestimada. En el mismo año dejó de ser parte del consejo rector. Pronto comenzó a mirar a Yale, no a Harvard, como la esperanza de la educación congregacional en la que él creía. Virtualmente comprometió a los fundadores de Connecticut College a llamarlo por el nombre de Elihu Yale, logrando con ello beneficios de él y haciendo todo lo que pudo por la nueva sede del saber. En 1721 fue invitado a ser su presidente.
Otras tareas.
A pesar de las frustradas ambiciones, el fracaso en política y la pérdida de algo de la popularidad que una vez tuvo, siguió siendo un dirigente eclesiástico destacado, extendiéndose su fama. Proyectó sociedades para 'causas buenas', el mantenimiento de la paz, la construcción de iglesias en comunidades pobres, el socorro de los ministros en necesidad, la distribución de tratados, las misiones indias y tareas semejantes, imitando en parte las muchas sociedades de reformas que surgían en Inglaterra. Trabajó mucho con los niños y parece haber sido popular con ellos. Levantó y apoyó una escuela para la educación de los esclavos y a otra para los pobres y afligidos dio generosamente de su tiempo y dinero. Su incansable actividad como escritor le aupó en eminencia entre sus compatriotas y muchas de sus obras extendieron su reputación en el extranjero, donde también su saber, sus relaciones científicas con la Royal Society (para la que fue elegido en 1713) y su correspondencia con hombres tales como Lord Chancellor King, William Whiston, John Desaguliers, Sir Richard Blackmore, Dr. Woodward y August Hermann Francke hicieron su nombre más familiar que el de otros americanos. Cuando la viruela azotó Boston en 1721 animó al doctor Zabdiel Boylston para que usara la vacuna, de la que había oído unos años antes y, oponiéndose a otros médicos y a la gente en general, e incluso a algunos del clero, defendió lo que le pareció una buena práctica médica, haciendo posible por su celo que fuera usada fructíferamente en Boston.
Evaluación.
En la vida de Mather hubo mucha tragedia. Su primera esposa murió en 1702; la segunda, Elizabeth (Clark) Hubbard, madre de su hijo Samuel, en 1713, y la tercera, Lydia (Lee) George, estaba desequilibrada mentalmente. De sus quince hijos sólo seis le sobrevivieron, siendo uno de ellos un pícaro. Tres de sus hermanas viudas dependían de él. Él mismo estaba lejos de ser mentalmente robusto, siendo presa de una tendencia a la introspección mórbida. Algunas de sus faltas, su vanidad, su inestabilidad, su intemperancia verbal ocasional y su acerbo tono en el debate, pudieron haber sido producidas por su ansia de lograr un ideal demasiado grande para él, que le llevó a un trabajo infatigable que sobrecargó sus nervios siempre irritables por desengaños y pérdidas. Su honestidad con el dinero e incluso su moralidad sexual han sido cuestionadas, pero sin ninguna prueba. Sin embargo, es difícil absolverle de egoísmo, aunque es justo recordar que su ambición por el poder pudo estar determinada al menos en parte por su deseo de preservar la ortodoxia y la piedad, tanto como por su amor a la posición mundana en sí misma. Esencialmente conservador, estuvo siempre desgarrado entre la lealtad a los ideales heredados y la realización de las nuevas ideas que demandaba el nuevo tiempo. Fue más enconado en sus denuncias que otros grupos, pero fue consistentemente más tolerante en hechos que en palabras, creciendo su tolerancia con la edad. En 1726 se jactaba de haber admitido a la comunión en su iglesia no sólo a anglicanos sino también a bautistas, presbiterianos y luteranos, alentando a los candadatos al ministerio a que fueran tolerantes. Aunque criado en el calvinismo, expuso en Christian Philosopher (1721) doctrinas que representaban un paso en dirección al deísmo. Sin ser un reaccionario ni un liberal, reflejó en su vida mucho de un conflictivo periodo en el que las ideas estaban cambiando rápidamente y la actitud de los colonos hacia este mundo y el venidero se estaba modificando radicalmente. Mucho en su naturaleza parece repelente; sus trances religiosos parecen ser esfuerzos deliberados por imitar a los santos a los que había leído, más que ser expresión genuina de su propia emoción; su erudición traspasa a veces la línea de la pedantería; su celo misionero le metió en una peligrosa casuística deshonesta y sus constantes esfuerzos para derivar el significado religioso de cada experiencia, por más pequeña que fuera, parecen hoy artificiales. No obstante, a pesar de lo que en él parece antipático, hay una medida de respeto por su estudio, trabajo y entrega en su obra por lo que él creía eran los mejores medios para servir a su generación.
Obras.
De sus numerosos libros, más de 450 en total, la mayoría se publicaron tras 1692. Revelan a un Mather editor y compilador capaz, un historiador, aficionado pero bien nutrido en muchos campos del conocimiento y un prosateur con una definida teoría del estilo. Ese estilo, como él lo explicó, era el de un amante de las alusiones y citas y de una prosa adornada por ellas, de un hombre que puso la riqueza de contenido por encima de la mera elegancia de la expresión. Mucho de lo que escribió es pesado; algo fue demasiado apresuradamente escrito para que cuajara, pero la mayor parte, aunque lejos de la grandeza literaria en el sentido estricto y en desacuerdo con lo moderno convencional, es artísticamente más digno que el conjunto de la literatura americana antes de 1728. De sus libros los que tienen mayor interés son: Magnalia Christi Americana: or the Ecclesiastical History of New England from its First Planting (1702); A Poem to the Memory of... Mr. Urian Oakes (1682); The Present State of New England (1690); Eleutheria: Or an Idea of the Reformation in England: And a History of Non-Conformity (1698); Pastoral Letter to the English Captives in Africa (1698); A Family Well-Ordered (1699); La Fe del Christiano (1699), un esfuerzo en español; Reasonable Religion (1700); Some Few Remarks upon A Scandalous Book, By one Robert Calef (1701); Le Vrai Patron des Saines Paroles (1704); A Faithful Man... Michael Wigglesworth (1705); The Negro Christianized (1706); Corderius Americanus... The Good Education of Children (1708); Bonifacius (1710); Fair Dealing between Debtor and Creditor (1716); Brethren Dwelling together in Unity (1718); Psalterium Americanum (1718), una traducción de los Salmos para ser cantados; The Accomplished Singer (1721); Sentiments on the Small Pox Inoculated (1721); An Account... of Inoculating the Small-Pox (1722); The Angel of Bethesda (1722); Parentator (1724), una biografía de su padre y Ratio Disciplinae (1726), una valiosa exposición de la política congregacional. Su Biblia Americana, obra que el autor consideró la más grande, está en Massachusetts Historical Society.