Historia

MAXIMINO, TRACIO, CAYO JULIO VERO (c. 173-238)

Cayo Julio Vero Maximino (el Tracio), emperador romano, 235-238, nació de parentela goda y alana en Tracia, probablemente en 173 y murió en Aquileya el 17 de junio de 238.

Maximino, busto en escayola; en el Museo Capitolino, Roma
Maximino, busto en escayola;
en el Museo Capitolino, Roma
Fue el primer bárbaro en ocupar el trono de los Césares, habiendo sido anteriormente criador de ganado y posteriormente soldado de caballería. Alto y bien plantado, tuvo el favor de Alejandro Severo, quien le hizo senador y jefe de una legión, así como preparador de los reclutas entre sus compatriotas. En la campaña contra los germanos los soldados le proclamaron emperador. Por miedo a las tropas, el Senado confirmó esa elección, pero el nuevo emperador nunca llegó a Roma, prefiriendo quedarse con sus soldados y conquistar a los germanos, tras lo cual fue a Panonia. Pero la brutalidad de su gobierno, acentuada por sus sospechas naturales y su conciencia de falta de cultura, resultaron en una crueldad y opresión que desembocó a su asesinato.

Poco después de su ascensión al trono, Maximino publicó un edicto contra todo el clero cristiano pero fue prácticamente ignorado, mencionando sólo Sulpicio Severo la aplicación ocasional de la tortura durante su reinado. En Roma el obispo Ponciano y el presbítero Hipólito fueron desterrados, mientras que Orígenes, quien fue objeto especial del odio del emperador a causa de sus relaciones con la casa de Alejandro Severo, halló refugio en el hogar de Juliana, una mujer cristiana. En el Ponto y Capadocia la persecución fue más severa, pero fue inspirada más por la ira popular contra los cristianos por un terremoto que por decreto imperial. Aunque la persecución de Maximino en sí misma fue poco importante fue el primer ataque sistemático y general sobre la nueva fe. Maximino fue el primero en reconocer la importancia de la jerarquía cristiana y en procurar aniquilarla, sentando de esta forma un precedente para Valeriano y Diocleciano. Su motivo preciso es difícil de determinar; él no adoraba a las divinidades greco-romanas y es verosímil que la persecución se debiera simplemente al deseo de Maximino de fortalecer su posición tanto como fuera posible e impedir cualquier rebelión cristiana contra él.