Historia

MÁXIMO CONFESOR (c. 580 -662)

Máximo Confesor, destacado dirigente ortodoxo contra los monotelitas del siglo VII, nació hacia el año 580 en Constantinopla y murió el 13 de agosto de 662 en Shemrai, a orillas del Mar Negro.

Primera etapa y logros.
Procedía de una distinguida familia y recibió una excelente educación, según los ideales de su tiempo. De constitución delicada y temperamento tranquilo, al principio parecía inclinarse a una vida de contemplación y estudio, pero se sintió atraído durante un tiempo por la carrera política. El emperador Heraclio (610-641) le llamó a la corte y le hizo primer secretario. Cuándo cambió esa posición por la vida monástica es incierto. Ingresó en el monasterio de Crisópolis, en lo que ahora es Scutari, y poco después era abad. Algo después del comienzo de la controversia monotelita, cuando el monje Sofronio se presentó como campeón de la ortodoxia contra Ciro, patriarca de Alejandría, Máximo estaba en esa ciudad y recibió el estímulo que le llevó a dedicarse a combatir el monotelismo. En una serie de tratados y cartas defendió la ortodoxia calcedoniana de las dos naturalezas y las dos voluntades en Cristo, contra los monofisitas y monotelitas, oponiéndose a los esfuerzos imperiales para llegar a un compromiso. Fue por su influencia que el norte de África se convirtió en centro de la facción ortodoxa tras la muerte de Heraclio. Con la ascensión de Constante II (642-668), el patriarca de Constantinopla, Pirro, se vio obligado a huir por la participación en las intrigas de Martina, la viuda de Heraclio, tomando refugio en el norte de África, donde el prefecto, Gregorio, era un gran simpatizante de Máximo; allí tuvo lugar, probablemente en Cartago en 645, la disputación entre Pirro y Máximo, que es uno de los episodios más notorios en la historia de la controversia. Máximo salió victorioso y mantuvo su triunfo enérgicamente. Los obispos del norte de África y las islas adyacentes celebraron un sínodo en 646 para condenar el monotelismo, solicitando a Teodoro de Roma que confirmara su decisión. Máximo fue a Roma con Pirro, quien abjuró de sus errores ante el papa, siendo recocido como patriarca legítimo de Constantinopla. Máximo fue el alma de esta aparente formidable coalición, que, sin embargo, pronto se hizo pedazos. Gregorio cayó al año siguiente en batalla contra los musulmanes; Pirro se retractó de su renuncia e hizo la paz con el emperador. En el año 648 apareció el Typus, un decreto de Constante prohibiendo bajo fuertes castigos cualquier discusión de la cuestión de las voluntades en Cristo. Máximo, todavía en Roma, fue de nuevo la personalidad más activa en la oposición a ello, negando el derecho del emperador a interferir en cuestiones dogmáticas y declarando el lenguaje del documento irreconciliable con los credos de la Iglesia. Hizo que el nuevo papa, Martín I, convocara el sínodo de Letrán de 649, e inspiró su decisión irrevocable de condenar al monotelismo y el decreto imperial.

Vida posterior, juicios y muerte.
Máximo pasó varios años en Roma en un monasterio, trabajando para su causa y completamente imbuido con las ideas jerárquicas y dogmáticas de la sede romana. Finalmente fue arrestado por orden del emperador y llevado a Constantinopla, donde se hicieron todos los esfuerzos para inducirle a aceptar el Typus, pero sin resultado alguno. En el invierno de 654-655 tuvo lugar el primer juicio formal, ante el consejo privado en el palacio imperial. Las acusaciones fueron de carácter político: odio al emperador, responsabilidad por la pérdida de Egipto y el norte de África ante los musulmanes, participación en la revuelta de Gregorio y semejantes. Había además acusaciones de herejía origenista y algunas basadas en sus tratos con Pirro en África y Roma. Máximo pudo justificarse de la mayoría de las acusaciones, pero rechazó tener comunión con la iglesia de Constantinopla, al haberse apartado de 'los cuatros santos concilios'. Rechazó una fórmula de compromiso y declaró que la paz solo podía obtenerse si el emperador retiraba su Typus. Nuevos procedimientos se llevaron a cabo el 18 de mayo de 655 por representantes de Pirro y unos meses más tarde por dos patriarcas, Pedro de Constantinopla y Macedonio de Antioquía, celebrándose al día siguiente un sínodo en el que se recomendó el destierro de Máximo y su discípulo Anastasio. Máximo fue enviado a la fortaleza de Bizya en Tracia, donde permaneció durante un año entre grandes penalidades. En agosto de 656 aparecieron el obispo Teodosio de Cesarea y dos enviados seculares, con el propósito de llegar a un acuerdo, pero él firmemente declaró que nada serviría sino la revocación del Typus y la aceptación del sínodo laterano de 649. El 8 de septiembre fue trasladado al monasterio de San Teodoro, cerca de Reggio, donde fracasó otro intento para convencerlo, tras lo cual fue sometido a las más grandes penalidades por los emisarios imperiales, siendo trasladado primero a Salembria y luego a Berberis, donde ya estaba Anastasio. Aquí acabó los auténticos documentos de la Collectio Anastasii. Según otro relato, aunque de valor histórico disputado, fue llevado una vez más a Constantinopla y tras una discusión formal fue solemnemente anatematizado en un sínodo, junto con los sostenedores del duotelismo; entonces él y sus seguidores fueron entregados al prefecto para ser azotados y sus lenguas y manos cortadas. Mutilados, fueron llevados a Lazica en la orilla oriental del Mar Negro, donde llegaron el 8 de junio de 662. Máximo fue separado de los otros y enviado a la fortaleza de Shemarum, donde murió. Sin embargo, su heroica constancia no quedó sin fruto. Constante II cayó víctima, solo unos años después, del odio que había suscitado por esos crueles y arbitrarios procedimientos, siendo la fe por la que Máximo había sufrido la que fue proclamada solemnemente en el sexto concilio ecuménico del año 680.

Escritos exegéticos sobre la Escritura y los Padres.
A pesar de su frecuente nebulosidad, debida parcialmente a su dificultad técnica y a su complicado estilo, sus obras fueron altamente apreciadas, especialmente en los monasterios griegos, pero también por filósofos occidentales tan notorios como Escoto Erígena y por mujeres piadosas y entendidas como la emperatriz Irene y su hija Ana Comneno. Fabricio enumera cincuenta y tres diferentes escritos, de los cuales cinco o se han perdido o no se han publicado, mientras que cuarenta y cuatro han sido impresos por el dominico francés Combefis y cuatro en otras partes. Combefis acometió una edición completa, pero publicó sólo dos volúmenes (París, 1675); el tercero fue dejado inacabado a su muerte. Los escritos exegéticos de Máximo no son tanto exposiciones continuas como excursos teológicos y místicos sobre pasajes seleccionados, siguiendo el método anagógico o alegórico de la escuela alejandrina. La obra más importante de esta clase es Quæstiones ad Thalasium in locos scripturæ difficiles, dirigida a un abad romano que había dejado una colección de sentencias morales y ascéticas. Comienza con una discusión del problema del mal y llega a plantear sesenta y cinco preguntas que Máximo responde, tomando normalmente el texto sólo como punto de partida para una rica serie de pensamientos dogmáticos, éticos o místicos. De similar naturaleza, aunque más breve y menos original, es Quæstiones et dubia, de setenta y nueve preguntas y respuestas sobre textos de la Escritura y otros temas; Ad Theopemptum scholasticum, sobre tres pasajes del Nuevo Testamento; Expositio in psalmum LIX, una exposición místico-alegórica y Oratianis dominicæ brevis expositio, rica en ideas místicas. Hay también fragmentos de otras obras exegéticas (sobre los Salmos, Isaías, Cantares, Lucas, Santiago) en las catenæ griegas. La misma clase de tratamiento la aplica Máximo a los textos patrísticos en su Scholia y Ambigua, sobre Gregorio de Nacianzo y Dionisio el Areopagita; no trata tanto de explicar las ideas de otro, sino desarrollar las ideas teológicas o místicas propias que el texto le sugiere. Hay tres colecciones de esta clase en los dos autores mencionados; la tercera Ambigua in Gregorium Nazianzenum, fue traducida al latín por Erígena en 684, a petición de Carlos el Calvo. El manuscrito Quætiones sacrcæ miscellaneæ es de similar naturaleza.

Escritos dogmáticos y polémicos.
Las obras dogmáticas y polémicas tratan cuestiones trinitarias, cristológicas y antropológicas. Las primeras son de la mayor importancia para la historia del dogma. En ellas defiende la doctrina de las dos naturalezas contra la idea expuesta por Filoxeno y Severo en el siglo VI, de una sola naturaleza fruto de la combinación o fusión de las dos. A esta división particular pertenecen Epistola ad Joannem Cubic, de rectis ecclesiæ deeretis et adversus Severum hæreticum; Oratio brevis seu liber adversus dogmata Severi, escrito antes de 634; Epistola dogmatica; De communi et proprio, hoc est de essentia et hypostasi; De duabus Christi naturis; De qualitate, proprio, et differentia; Pro synodo Chalcedonensi ad symbolum additio; Capita de substantia et natura de hypostasi et persona; De ecclesiastico dogmate quod attinet ad dominicam incarnationem y Ad moniales quæ Alexandriæ a catholica fide discesserant. Varios de esos tratados incluyen un ataque sobre el monotelismo en su oposición al monofisismo; pero todavía un número más grande se refiere directamente al primero y están entre los documentos más valiosos sobre la controversia. Los más importantes son los siguientes: Acta disputationis cum Pyrrho; Epistola ad Pyrrhum presbyterum et hegumenum, escrita poco después de 633; Tomus dogmaticus ad Marinum diaconum; Epistola de duabus in Christo voluntatibus; De operationibus et voluntatibus; Ad Marinum Cypri presbyterum responsa, una réplica a las acusaciones de Teodoro de Bizancio, escrita después de 642; Tomus dogmaticus ad Marinum presbyterum; Ad Marinum presbyterum Cypri, escrita desde Cartago supuestamente en 645; Defloratio ex epistola scripta ad Petrum Illustrem, un fragmento escrito después de una carta escrita después de 641; Spiritalis tomus et dogmaticus adversus Heraclii Ecthesin, escrita desde Roma entre 645 y 648; Hegumenis et monachis ac catholicis populis per Siciliam constitutis, escrita probablemente en Sicilia después de 646; De Christi mysterio; De duabus in Christo naturis; De duabus unius Christi dei nostri voluntatibus ; Non posse did unam in Christo voluntatem; De duplici voluntate domini ad orthodoxos; Ex quæstionibus a Theodoro monacho propositis; Adversus eos qui dicunt, dicendam unam Christi operationem; conteniendo tres breves respuestas a tres diferentes afirmaciones de los monotelitas Ad illud: Si possibile est, transeat a me calix; Variæ definitiones; Distinctionum et unionum definitiones y Diversæ patrum de duabus operationibus domini Jesu Christi definitiones. Sobre cuestiones estrictamente trinitarias Máximo dejó una carta al presbítero Máximo de Chipre sobre la procesión del Espíritu Santo y un fragmento que puede ser suyo está contenido en Ex opere LXIII dubiorum ad Achridæ regem; pero el Dialogi V de trinitate, atribuido a él en la mayoría de los manuscritos no es suyo. En De animæ nattura et affectionimbus trata cuestiones antropológicas y en dos cartas, una a Juan, arzobispo de Cícico, trata sobre la incorporeidad del alma y en otra a un presbítero llamado Johannes o Jordanes, sobre su consciente inmortalidad.

Escritos éticos, ascéticos y otras obras.
Otra importante clase de escritos de Máximo está constituida por los tratados éticos y ascéticos. Bajo el primer encabezamiento se pueden clasificar varias de las cartas, pero especialmente el Liber ad pietatem exercens, un diálogo entre un abad y un joven monje sobre los deberes principales de la vida espiritual, notoria por su fervor y sinceridad moral, ejemplo de la mayor literatura ascética de la Iglesia oriental. Una especie de complemento a esto es Capita de caritate, una colección de cuatrocientas sentencias, principalmente éticas pero parcialmente dogmáticas y místicas. En otra colección similar, predomina el místico Capita theologica et æconomica CC. Hay otras dos colecciones de similar naturaleza, Capita diversa D theologica et æconomica y Alia capita del mismo contenido ético-ascético; y una aún más grande colección de pasajes parcialmente de la Escritura y parcialmente de toda clase de autores paganos y cristianos, conocida como Capita theologica y también como Sermones per excerpta o Loci communes. Entre otras obras que no caen bajo las clases anteriores las más interesantes son Mystagogia yComputus ecclesiasticus. La primera contiene pensamientos de significado simbólico-místico de la Iglesia y sus ceremonias, de una clase común en posteriores escritos teológicos griegos. La segunda, escrita en 640, es una introducción al sistema cristiano para reconocer las épocas eclesiásticas y la cronología sagrada y profana en general. De las cartas de Máximo cuarenta y dos las proporciona Combefis y otras están en otras partes, publicadas y no publicadas; Daniel proporciona tres de sus himnos en Thesaurus hymnologicus (iii. 97 y sig.).

Su teología: ingredientes.
La posición teológica de Máximo es una combinación de varios elementos: platonismo y aristotelismo, ideas bíblicas, la ortodoxia de Nicea y Calcedonia, los Padres griegos y el misticismo cristiano, especialmente el del pseudo-Dionisio. Cita a Dionisio continuamente y es responsable del efecto que los escritos del autor tuvieron sobre el occidente medieval y la teología oriental. Pero como no le sigue ciegamente, es posible con Baur designar la enseñanza de Máximo como una modificación cristiana o ética del sistema de Dionisio, o más exactamente como una remodelación y continuación ético-teológica de su obra. El carácter esencial del sistema de Dionisio es una fusión de elementos neoplatónicos y cristianos, por los que la idea cristiana de Dios, los conceptos éticos de pecado y redención y aún más la realidad histórica y el significado específico del plan de salvación asociado a Cristo sufren por el abstracto idealismo de la especulación platónica. Con Máximo, por otro lado, Aristóteles suple un saludable equilibrio, con más contenido plenamente cristiano, por sus apelaciones a la Escritura y los antiguos Padres griegos.

Su cristología.
La importancia histórica de Máximo para su propio tiempo descansa sobre todo en su firme defensa del duotelismo. De la doble naturaleza de Cristo deduce el doble carácter de energía y voluntad. Es movido por un vívido interés en la auténtica vida humana de Cristo, quien sin una voluntad humana no sería realmente hombre, siendo llevado a la misma posición por sus creencias trinitarias. Si la voluntad del Salvador fuera una theandrikon thelema, una fusión de la voluntad divino-humana, entonces se seguiría que el Padre y el Espíritu Santo tendrían una voluntad similar, o de lo contrario el triteísmo sería inevitable. Ambas voluntades en Cristo son perfectamente libres, unidas por el mismo lazo que une a las dos naturalezas, la unión de la única hipóstasis. En oposición al nestorianismo, deja claro que la voluntad humana de Cristo no era como la nuestra, fluctuando entre opuestos morales, sino que por la unión con el Logos tenía una permanente dirección hacia lo bueno. Esta dirección está confirmada por una multitud de acciones puramente humanas; el pecado, de hecho, está excluido, pero el pecado no es una característica esencial del ser humano. El hecho es que Máximo vio más perspicaz y claramente que ninguno de los antiguos Padres el punto central de la humanidad de Cristo.

Su misticismo.
Esto sólo sería suficiente para hacer de él una figura notable en la historia del pensamiento cristiano, sin el hecho añadido de que elaboró la forma en la que el misticismo de Dionisio ejerció su influencia de largo alcance sobre la teología posterior, tanto en el este como en el oeste. Cuánto le debe Juan de Damasco, es algo que ha sido más sospechado que demostrado, pero la dirección que él imprimió es obvia en la teología griega posterior de Eutimio Zygabenus, Nicetas Choniates, Nicolás de Metona y todavía más en el misticismo griego de los hesycastas y de Nicolaos Kabasilas. Aún es más importante como lazo de conexión entre Dionisio y Escoto Erígena, quien depende de él casi en cada punto de su sistema filosófico, reduciendo a forma lógica las ideas sembradas en aforismos aislados por su predecesor. Pero aún se puede decir más: el 'Tomás de Aquino de la Iglesia griega', como ha sido llamado, puede realmente ser considerado una de las fuentes más importantes del escolasticismo medieval y del misticismo en general. Aunque dependió de aquellos que fueron antes de él e imperfectamente logró reducir a una unidad armoniosa la rica y multifacética herencia intelectual que recibió de ellos, merece un lugar entre los más grandes y venerables pensadores y confesores cristianos, por su talla intelectual y carácter moral, por su saber, su influencia literaria y eclesiástica y por la heroica firmeza y paciencia de su vida.

El siguiente pasaje procede de su obra Interpretación del Padrenuestro:

'Quien ofrece místicamente culto a Dios por medio de la sola potencia racional, separado de la concupiscencia y de la ira, ése ha cumplido la voluntad divina sobre la tierra, así como lo hacen las órdenes angélicas en el cielo. Se ha hecho en todo igual a los ángeles en su culto y vida, como dice el gran Apóstol en alguna parte: Nuestra ciudadanía está en el cielo (Porque nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también ansiosamente esperamos a un Salvador, el Señor Jesucristo,[…]Filipenses 3:20), donde no hay concupiscencia para relajar el vigor del intelecto por medio del placer, ni la ira furiosa, que ladra indecentemente al semejante, sino la sola razón que conduce naturalmente a los seres racionales al primer Principio. Sólo de esta razón se alegra Dios, y [esto] pide de nosotros, sus siervos. Y muestra esto diciendo al gran David: ¿ Qué hay para mí en el cielo, y aparte de ti, qué deseo en la tierra? (Salmos 72:25). Nada es ofrecido a Dios en el cielo por sus santos ángeles, salvo el culto racional; esa adoración que Él espera de nosotros enseñándonos a decir cuando oramos: Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.'