Historia
MCGLYNN, EDWARD (1837-1900)

Los complejos problemas por las desiguales condiciones del capital y el trabajo y de la pobreza y de sus consecuencias, habían apelado a la simpatía del doctor McGlynn. Creyendo que en las obras de Henry George, a quien había leído y digerido, estaba el remedio del mal y su causa, dio un paso adelante como campeón de la teoría de la tasa única. Con ocasión de la candidatura de George como alcalde de la ciudad de Nueva York en 1896, el doctor McGlynn, contrariamente a su costumbre, participó activamente en la campaña. Los periódicos habían anunciado que hablaría en una reunión de los simpatizantes de George, notificándole el arzobispo Corrigan inmediatamente que no le estaba permitido asistir. Sin embargo, en una respetuosa nota esgrimió que su retirada crearía un escándalo. Por su desobediencia fue suspendido durante un periodo definido y poco después, por un malentendido en una entrevista publicada en cierto periódico de la que se tuvo noticia en Roma, fue suspendido por segunda vez. A continuación la Congregación de Propaganda Fide le ordenó ir a Roma 'habiendo primero abjurado de sus doctrinas.' Sin conciencia de sostener opinión alguna que estuviera condenada por su Iglesia y sabiendo que las doctrinas de George ni siquiera habían sido examinadas, el doctor McGlynn declaró que no sabía de lo que tenía que 'abjurar.' Contestó, a través del arzobispo Corrigan, preguntando qué doctrinas eran y dando sus razones por las que no podía aceptar la invitación de la Propaganda. Pero el doctor McGlynn, que a estas alturas ya era persona non grata en Roma, a causa de su posición sobre la cuestión de la educación y por dos conferencias que había pronunciado unos años antes en favor del hambriento pueblo de Irlanda, fue informado, por el cardenal McCloskey, que su conducta había desagradado profundamente a la Propaganda. Se le conminaba a presentarse en el plazo de sesenta días bajo pena de excomunión, la cual se efectuó al no presentarse. De este modo el que fuera durante veinticinco años un elocuente expositor de la doctrina católica y en varias ocasiones un leal y ortodoxo campeón de las prerrogativas de Roma, quedó aplastado por el más severo golpe que su Iglesia le podía infligir. Fue excomulgado en julio de 1887, habiendo sido expulsado en enero de su parroquia. Este proceder, unido a la grotesca conducta del sacerdote que ejecutó la expulsión, precipitó una corriente de conmoción y suscitó tal grado de simpatía entre sus antiguos feligreses y sus muchos amigos en toda la ciudad y el país como no había habido antes en Estados Unidos. Sin embargo, el doctor McGlynn creó inmediatamente la Anti-Poverty Society, siendo él mismo presidente, con el objeto de popularizar las ideas de Henry George. Cada domingo congregó numerosas concurrencias. Finalmente, en 1892 para solventar el conflicto que había dañado tanto a la Iglesia católica, León XIII envió un delegado con plenos poderes para intervenir en el caso. El cardenal Satolli le exigió una declaración completa y exhaustiva de sus doctrinas, firmada por el doctor McGlynn y Henry George, sometiéndola a un comité de cinco teólogos de la universidad católica de Washington. Tras una investigación escrupulosa acordaron por unanimidad, respaldando el delegado la decisión final, que no contenía nada contrario a las doctrinas o enseñanzas de la Iglesia católica, absolviendo el cardenal Satolli el 24 de diciembre de 1892 al doctor McGlynn de la excomunión y restaurándolo a sus facultades sacerdotales. Durante dos años tras su restauración confrontó decir misa en varias iglesias en Brooklyn, donde había residido durante sus cinco años de proscripción, aunque para ello tuvo que pedir permiso semanal y luego mensual al arzobispo de Brooklyn, pudiendo oficiar sólo en las iglesias que le eran asignadas. Finalmente en diciembre de 1894 el arzobispo Corrigan accedió a su petición de recuperar su puesto como rector de una iglesia en su propia diócesis de Nueva York, asignándosele la de St. Mary, Newburgh, que era la única disponible, entendiendo que sería trasladado a la primera vacante deseable en Nueva York.