Historia
MELECIO DE ANTIOQUÍA († 381)
- Historia personal
- Origen del cisma
- Fortalecimiento de la posición de Melecio
- Continuación del cisma tras su muerte
Historia personal.
En su historia personal, Melecio forma un curioso complemento con Eustacio de Sebaste, recibiendo una gran parte de la estima que le fue retirada a Eustacio. Hacia el año 377 es referido como arriano en Roma, siéndole impuesta su primera destitución, según Filostorgio (v. 5), tras acusación de perjurio, según el Chronicon Paschale (362) 'por impiedad y otros malos hechos', mientras que actualmente es reconocido como santo por las Iglesias católica y griega. Se puede pensar que este cambio de juicio se debe a mera política eclesiástica, si nuestro conocimiento de sus virtudes se restringe a Basilio, a Gregorio de Nisa (Oración fúnebre sobre Melecio) y Crisóstomo. Pero esta hipótesis queda excluida por el honorable reconocimiento hecho por Epifanio hacia el año 376 (Hær. lxxiii. 35) en favor de Melecio, con quien tenía poca simpatía personal o dogmática. Está claro que Melecio debió ser un hombre de estricto rigor ascético y generalmente recto y amable en carácter, siendo honrado ampliamente. Nació en Melitene en la provincia de Armenia Menor, teniendo una propiedad en la parte septentrional de esta provincia en Getasa; tuvo una buena educación secular. Hace su primera aparición en la historia poco después del año 357, como adherente de la política de compromiso de Acacio, con quien se opuso a los homoiousianos Basilio de Ancira, Jorge de Laodicea y Eustacio de Sebaste; y cuando éste fue depuesto en un sínodo celebrado en Melitene (probablemente en 358) fue su sucesor. Posiblemente a causa de la oposición de los seguidores de Eustacio, dimitió de su obispado y se retiró a Berea y luego, según Sócrates (Hist. eccl., II, xliv) asistió al sínodo de Seleucia en el otoño de 359, suscribiendo la confesión acaciana. Incluso después del sínodo de Constantinopla en la primavera de 360, desfavorable como era a los homoiousianos, todavía retenía la confianza de la facción de la corte y cuando Eudoxio de Antioquía fue trasladado a la sede de Constantinopla (27 de enero de 360) fue escogido para el obispado vacante. Fue recibido con entusiasmo en Antioquía, cuando tomó posesión de su nueva sede al final de ese año; pero solo la había ocupado un mes cuando la perdió. La causa no está clara, pero la antigua tradición afirma que su actitud teológica decepcionó a la facción con la que había estado aliado. Epifanio indica, y los historiadores ortodoxos del siglo V lo dicen positivamente, que la causa especial fue un sermón, cuya ortodoxia envenenó a la facción opositora. Fue predicado en presencia del emperador sobre el pasaje de El SEÑOR me poseyó al principio de su camino, antes de sus obras de tiempos pasados.[…]Proverbios 8:22, después de que Acacio y un tal Jorge, probablemente Jorge de Alejandría, no de Laodicea, ya habían discutido sobre el mismo texto. Pero esto difícilmente pudo ser la causa de su destitución, siendo la evidencia más decisiva contra esa tradición el sermón mismo, todavía existente (en Epifanio, Hær. lxxiii. 29-33), el cual, aunque no era arriano, no es ciertamente homoousiano ni siquiera homoiousiano, sino simplemente homoiano, tal como se podía esperar de un obispo de la corte que no era un cripto-arriano. La conclusión que mejor satisface a las autoridades en conflicto es que la primera expulsión de Melecio no fue por razones dogmáticas, sino más bien por alguna acción suya que hizo que los oponentes la presentaran como ilegal.
Origen del cisma.
Pero el origen de la tradición ortodoxa y el comportamiento de los seguidores de Melecio sería inexplicable si él no hubiera dado, antes de dejar Antioquía para irse a su patria, un decidido impulso anti-arriano a los que podía influir. La interpretación más lógica del relato es que cuando fue reemplazado por Euzoio, un abierto arriano, avisó a sus seguidores para que no tuvieran comunión con él. Parte de la iglesia antioquena siguió su consejo, creándose una división. La facción meleciana no era la única anti-arriana en Antioquía. Desde la destitución de Eustacio en 330 había habido una pequeña facción eustaciana, cuyo dirigente en ese momento era el presbítero Paulino. Tomando el homoousios del credo niceno en el sentido de mia hypostasis e ousia, consideraron el uso meleciano de treis hypostaseis como arriano, y de esta manera, aunque los melecianos estaban más y más inclinados a aceptar el homoousios en el sentido que la facción 'nicena joven' sostenía, los dos grupos no pudieron actuar juntos. La ascensión de Juliano al trono hizo posible que Melecio, como Atanasio, regresara a su sede, aunque no parece que hubiera hecho uso cuando se reunió el sínodo de Alejandría en la primavera de 362. Envió a Eusebio de Vercelli y Asterio de Petra a Antioquía para arreglar una base de acuerdo, pero su objetivo se trocó en dificultad porque Lucífero de Cagliari llegó antes que ellos y consagró a Paulino como obispo. Por lo tanto había tres pretendientes a la sede y el continuo antagonismo entre eustacianos y melecianos puede entenderse parcialmente por el hecho de que cuando Melecio (363) aceptó el homoousios, en un sínodo en Antioquía, en el sentido de homoios kat' ousian y condenó la idea de que el Espíritu Santo era una criatura, el decreto del sínodo fue firmado también por un hombre tan sospechoso de la facción nicena como Acacio. Los eustacianos, en consecuencia, contemplaron el decreto sinodal como un repudio de la fe nicena; Atanasio reconoció a Paulino y cuando fue a Antioquía a finales de 363 tuvo comunión con él solo. Cuando el emperador Valente en 365 desterró de nuevo de Antioquía a todos los que habían sido exiliados bajo Constantino, Melecio fue expulsado otra vez, regresando a su puesto, al beneficiarse de las complicaciones políticas del tiempo, en 367. Un tercer exilio comenzó cuando Valente visitó el este en el invierno de 371-72 y duró hasta su muerte (9 de agosto de 378), cambiando completamente la situación. Durante este tercer exilio murió Euzoio (376), siendo sucedido inmediatamente por otro homoiano, el tracio Doroteo, continuando el triple cisma hasta que Doroteo fue expulsado por el gobierno en 380. De hecho, hubo un cuarto pretendiente después de 375, año en que Vitalio, un antiguo adherente de Paulino y luego convertido al apolinarismo, fue consagrado por Apolinar; algunos de sus seguidores todavía existían en el tiempo de Sozomeno (Hist. Eccl. VI, XXV).
Fortalecimiento de la posición de Melecio.
Entre su segundo regreso y tercer exilio, Melecio estuvo en correspondencia con Basilio de Cesarea, a cuyas ideas debe la alta posición que toma en las tradiciones de la facción 'nicena joven'. Por medio de Basilio su posición en las controversias del momento fue decisiva. El oeste, igual que Atanasio, había reconocido a Paulino, de quien los 'nicenos jóvenes' sospechaban, al considerar la idea 'nicena antigua' de tendencia sabeliana o marceliana. El reconocimiento de Melecio en el oeste se convirtió en asunto de importancia primordial para la facción nicena joven. Pero aunque las negociaciones les acercaron un poco más al oeste, nada más se pudo obtener para Melecio que el reconocimiento de los obispos occidentales a su ortodoxia, salvando los derechos de Paulino y recomendando un credo que al menos acabara con el cisma a la muerte de cualquiera de ellos. El renombre de Melecio en el este creció y cuando regresó de Armenia a Antioquía en 379 fue el más prominente de todos los dirigentes ortodoxos orientales. Bajo su presidencia se convocó en Antioquía, en septiembre u octubre de 379, un sínodo al que asistieron 153 obispos que corroboraron la unidad doctrinal entre el este y el oeste. Tuvo influencia en la designación de Gregorio de Nacianzo para la sede de Constantinopla y presidió el concilio ecuménico de 381, siendo elegido por especial favor de Teodosio, el nuevo gobernante del este. Sin embargo, murió pocos después de comenzar el concilio sus tareas.
Continuación del cisma tras su muerte.
El cisma habría acabado pronto si los melecianos de Antioquía y los 'nuevos nicenos' hubieran reconocido a Paulino, como Gregorio de Nacianzo exhortó a hacer en el concilio de Constantinopla. Pero su petición cayó en oídos sordos y el cisma se perpetuó con la elección de Flaviano. El oeste consideró su posición totalmente indefendible y un sínodo en Milán (381) bajo Ambrosio se pronunció fuertemente contra él, excomulgando otro en Roma (382) a Diodoro de Tarso y Acacio de Berea, quien le había consagrado. Teodosio, que estaba deseoso de un cuerdo entre el este y el oeste, no aprobó la nueva elección. A la muerte de Paulino (c. 388) los eustacianos eligieron a Evagrio, amigo de Jerónimo, quien fue poco reconocido fuera de Antioquía y hacia quien el oeste tomó una actitud amistosa pero no comprometida. Teodosio había convocado un sínodo en Capua en el invierno de 391-392 para decidir sobre la controversia. Esta asamblea encomendó la cuestión entre Flaviano y Evagrio a Teófilo de Alejandría y los obispos de Egipto, declarándose neutral. Flaviano se ganó la confianza del emperador e hizo una fructífera protesta contra cualquier investigación de su título y cuando Evagrio murió (c. 393) logró impedir la elección de otro rival. Sin embargo, los eustacianos siguieron manteniendo su cismática actitud, no siendo reconocido Flaviano por Roma ni por Alejandría. La paz fue finalmente hecha por los esfuerzos de Crisóstomo, nacido en Antioquía, que en su consagración como obispo de Constantinopla (26 de febrero de 398) indujo a Teófilo de Alejandría a interceder por Flaviano en Roma. La menguante facción eustaciana se sometió gradualmente a Flaviano, aunque finalmente desaparecieron en el tiempo de Alejandro, el segundo desde Flaviano, ochenta y cinco años después del estallido del cisma, es decir, en el año 415.