Historia

MELECIO DE LICÓPOLIS († c. 325)

Melecio de Licópolis fue el originador del denominado cisma meleciano en Egipto; murió en Licópolis en el año 325 o 326. Un relato de los acontecimientos que llevaron al cisma meleciano se halla en Historiæ fragmentum de schismate Meletiano, un fragmento de una historia de la Iglesia alejandrina. Durante la persecución de los cristianos en el bajo Egipto, cuatro obispos, Fileas de Thmuis, Hesiquio, Pacomio y Teodoro, cuyas sedes estaban en las inmediaciones de Alejandría, fueron removidos de sus congregaciones y encerrados en prisión en Alejandría, a la espera del martirio o la deportación. El cuidado espiritual de sus congregaciones quedó en manos de obispos y predicadores itinerantes que no siempre realizaban su deber. Incluso Alejandría estaba sin cabeza espiritual, ya que Pedro había dejado su ciudad. En este tiempo de turbación solo había un hombre que se mostró capaz de afrontar tal situación, el obispo Melecio de Licópolis. No sólo visitó las sufrientes congregaciones, sino que a su petición instituyó nuevos obispos. Sin embargo, esta acción no estaba en consonancia con la tradición de la Iglesia, tanto porque ningún obispo se había atrevido a asumir deberes en otra sede, como porque el obispo de Alejandría era la cabeza espiritual de la provincia. Por lo tanto, la actitud de Melecio fue interpretada como un deseo de ocupar él mismo el primado eclesiástico de Egipto. Como después se supo que los cuatro obispos encarcelados estaban todavía vivos, hubo una facción en sus iglesias que siguieron considerándolos sus legítimos obispos. Los obispos aludidos se quejaron ante Pedro de Alejandría, pero Melecio ni se excusó ni buscó que sus consagraciones fueran confirmadas por el metropolitano. Incluso se atrevió a entrar en Alejandría e interferir en los asuntos eclesiásticos, ya que la ciudad todavía estaba abandonada por su obispo. Excomulgó a los dos presbíteros y ordenó a otros dos en su lugar, mezclándose de esta manera en los asuntos de otra diócesis. Como consecuencia Pedro lo excomulgó.

Según otra fuente sobre los comienzos del cisma, que se encuentra en Epifanio (Hær. lxviii), Pedro fue encarcelado en Alejandría junto con Melecio y muchos otros obispos y clérigos. La persecución ya había durado algún tiempo y varios cristianos habían sido martirizados, comprando otros su liberación mediante sacrifico, excluyéndose a sí mismos de la Iglesia, pero después vinieron arrepentidos para ser readmitidos de nuevo a través de la mediación de los mártires. La facción de los mártires, encabezada por Melecio, mostró una actitud vacilante, al menos durante el tiempo de la persecución, mientras que la facción encabezada por Pedro defendía la inmediata rehabilitación. De esta forma, se originó el cisma meleciano. Melecio, junto con sus seguidores, fundó la 'Iglesia de los mártires'. Tras el regreso de su deportación a las minas de cobre de Faino en Arabia, Melecio no reasumió su cargo episcopal en Licópolis, sino que permaneció en Alejandría como cabeza de su propia iglesia, que contemplaba en oposición a la Iglesia católica, al estar constituida de cristianos puros. La Iglesia católica, por otro lado, no tenía comunión con Melecio, porque Pedro le había excomulgado. Debido a la amistosa relación de los melecianos con el episcopado de Alejandría, recibieron un tratamiento favorable por parte de los miembros del concilio de Nicea, especialmente porque se esperaba que de este modo se impidiera una alianza entre melecianismo y arrianismo. Un documento del concilio dirigido a los obispos de Egipto pidió a Melecio que regresara a Licópolis como obispo, pero sin derecho de ordenación. Los clérigos de su comunidad serían consagrados de nuevo y reconocidos en su grado, pero siempre bajo los clérigos católicos y a fin de suprimir todas las aspiraciones de la sede episcopal de Licópolis al primado, los derechos metropolitanos de Alejandría sobre todo Egipto fueron expresamente reconocidos. El partido meleciano comprendía veintinueve obispos en Egipto, cuatro presbíteros, tres diáconos y un capellán militar en Alejandría. Melecio aceptó el decreto del sínodo, entregó sus iglesias a Alejandro de Alejandría y regresó a Licópolis. Pero allí tuvo lugar un rápido cambio en el sentimiento de los melecianos. El sucesor de Melecio mandó una embajada a Constantinopla para obtener el reconocimiento de la posición peculiar de los melecianos, o en otras palabras, la anulación del decreto de Nicea. Al no ser admitidos, entraron en relación con Eusebio de Nicomedia, quien logró defender su causa ante el emperador, obteniendo la sanción para la unión entre melecianos y arrianos.