Historia
MELECIO DE LICÓPOLIS († c. 325)
Según otra fuente sobre los comienzos del cisma, que se encuentra en Epifanio (Hær. lxviii), Pedro fue encarcelado en Alejandría junto con Melecio y muchos otros obispos y clérigos. La persecución ya había durado algún tiempo y varios cristianos habían sido martirizados, comprando otros su liberación mediante sacrifico, excluyéndose a sí mismos de la Iglesia, pero después vinieron arrepentidos para ser readmitidos de nuevo a través de la mediación de los mártires. La facción de los mártires, encabezada por Melecio, mostró una actitud vacilante, al menos durante el tiempo de la persecución, mientras que la facción encabezada por Pedro defendía la inmediata rehabilitación. De esta forma, se originó el cisma meleciano. Melecio, junto con sus seguidores, fundó la 'Iglesia de los mártires'. Tras el regreso de su deportación a las minas de cobre de Faino en Arabia, Melecio no reasumió su cargo episcopal en Licópolis, sino que permaneció en Alejandría como cabeza de su propia iglesia, que contemplaba en oposición a la Iglesia católica, al estar constituida de cristianos puros. La Iglesia católica, por otro lado, no tenía comunión con Melecio, porque Pedro le había excomulgado. Debido a la amistosa relación de los melecianos con el episcopado de Alejandría, recibieron un tratamiento favorable por parte de los miembros del concilio de Nicea, especialmente porque se esperaba que de este modo se impidiera una alianza entre melecianismo y arrianismo. Un documento del concilio dirigido a los obispos de Egipto pidió a Melecio que regresara a Licópolis como obispo, pero sin derecho de ordenación. Los clérigos de su comunidad serían consagrados de nuevo y reconocidos en su grado, pero siempre bajo los clérigos católicos y a fin de suprimir todas las aspiraciones de la sede episcopal de Licópolis al primado, los derechos metropolitanos de Alejandría sobre todo Egipto fueron expresamente reconocidos. El partido meleciano comprendía veintinueve obispos en Egipto, cuatro presbíteros, tres diáconos y un capellán militar en Alejandría. Melecio aceptó el decreto del sínodo, entregó sus iglesias a Alejandro de Alejandría y regresó a Licópolis. Pero allí tuvo lugar un rápido cambio en el sentimiento de los melecianos. El sucesor de Melecio mandó una embajada a Constantinopla para obtener el reconocimiento de la posición peculiar de los melecianos, o en otras palabras, la anulación del decreto de Nicea. Al no ser admitidos, entraron en relación con Eusebio de Nicomedia, quien logró defender su causa ante el emperador, obteniendo la sanción para la unión entre melecianos y arrianos.