Melitón fue
obispo de Sardis y destacó en el reinado de
Marco Aurelio (161-180). De sus numerosas obras, en la mayoría de los casos, solo se conocen los títulos, por una lista de
Eusebio, probablemente copiada de una colección en la biblioteca de
Cesarea. La lista es la siguiente: dos libros
Sobre la Pascua;
Sobre la conducta de la vida y los profetas;
Sobre la Iglesia;
Sobre el día del Señor;
Sobre la fe del hombre;
Sobre la creación;
Sobre la obediencia de la fe;
Sobre los sentidos;
Sobre el alma y el cuerpo;
Sobre el bautismo;
Sobre la verdad;
Sobre la fe;
Sobre el nacimiento de Cristo;
Sobre la profecía;
Sobre la hospitalidad;
La llave;
Sobre el diablo;
Sobre el Apocalipsis de Juan;
Sobre la corporeidad de Dios;
Apología para Antonino;
Selecciones y tal vez una obra
Sobre el sufrimiento de Cristo. Quedan solo fragmentos de las
Selecciones, de la
Apología y de las obras
Sobre el bautismo y
Sobre la Pascua. Los fragmentos griegos editados por
Anastasio el Sinaíta están citados con títulos no mencionados por Eusebio. Hay también algunos fragmentos
siríacos, que indudablemente retroceden a la tradición indirecta griega, pues probablemente la
Iglesia siria nunca poseyó sus obras completas. De las obras que le son falsamente atribuidas pueden mencionarse la
Apología siríaca, que no puede ser la misma que la mencionada por Eusebio, pues las sentencias citadas de ella no se encuentran en la otra, siendo probablemente, como Nöldeke ha explicado, una obra original siríaca. Bajo el nombre de Melitón,
Pitra publicó en latín
Llave para la Escritura, que consideró una compilación de la
Llave de Melitón, pero Steitz y otros han demostrado que era espuria. Por la escasez de material es imposible estimar justamente la importancia de Melitón en la
historia de la Iglesia y la doctrina.
Los títulos de sus obras muestran que tuvo interés en las cuestiones dogmáticas de su tiempo y participó en las controversias pascuales que precedieron al cisma sobre la fecha de la Pascua. Probablemente se interesó en el montanismo, como se desprende de títulos como Sobre la conducta de la vida y los profetas, Sobre la Iglesia o Sobre la profecía, aunque él no puede ser llamado montanista, pues la forma en que Tertuliano escribió sobre él impide tal afirmación. Su actitud en este asunto puede ser entendida si se le compara con Ireneo, a quien se le parece en otros aspectos. Su rigidez moral, que le impulsó al celibato y su alta valoración de la profecía y los asuntos espirituales explican su relación hacia el montanismo, aclarando además su difusión. Por su ascetismo mostró la universalidad de los pensamientos que subrayó. En su cristología Melitón enfatiza la distinción de ambas naturalezas. Su separación de los apócrifos de los libros canónicos muestra que su educación teológica sobrepasó la norma ordinaria. Muchas suposiciones se han hecho sobre su doctrina de Dios en relación a su obra Sobre la corporeidad de Dios, pero probablemente expresó en ella el mismo realismo que representó Tertuliano.