Historia
MELVILLE, ANDREW (1545-1622)


Como el tribunal deseaba hacer absoluto el poder de Jacobo al traer toda causa al consejo privado, se hizo necesario dominar los tribunales eclesiásticos; por tanto, en 1584, el parlamento desplazó al presbiterio y puso las libertades del país a los pies del rey. Pero en 1585, tras 20 meses de ausencia, Melville regresó con los nobles exiliados. Cansados de la tiranía, sus paisanos se agruparon, Arran huyó y el rey los recibió favorablemente. Fue moderador de la asamblea en julio de 1587 y uno de sus comisionados ante el parlamento, que anexionó los territorios temporales de obispados, abadías y prioratos a la corona, pavimentando de este modo el camino para la abolición total del episcopado. En la coronación de la reina, en mayo de 1590, Melville recitó un poema latino titulado Stephaniskion, que él había compuesto. Patrick Adamson, que todavía perseveraba en su oposición al presbiterio y atacaba a Melville, había caído en pobreza, dirigiendo "elegantes y aduladores versos a su majestad", quien cerró sus oídos a él; pero Melville generosamente le ayudó durante varios meses, igual que él mismo posteriormente sería ayudado, como prisionero en la Torre de Londres, por el sobrino de Adamson, Patrick Simpson. En julio de 1592 los afanes de Melville se vieron coronados por el éxito; el parlamento consintió aprobar un acta ratificando las asambleas, sínodos, presbiterios y sesiones eclesiásticas y declarándolas, con su jurisdicción y disciplina, en armonía con el rey e incorporadas en el acta, para ser, en el tiempo venidero "justas, buenas y piadosas." Esta resolución es todavía la carta magna de las libertades de la Iglesia de Escocia.
Contrariamente a su promesa, Jacobo insistió en restaurar a los nobles papistas y puso a los ministros bajo su defensa, al declarar que los asuntos de Estado no deberían ser introducidos en sus sermones, que la asamblea no debería constituirse sin su mandato, que sus actas no serían válidas hasta que fueran ratificadas por él y que los tribunales eclesiásticos no deberían tener conocimiento de ofensas castigables por el derecho criminal. Pronto les fue prohibido a los ministros hablar contra los actas del consejo, del rey o sus progenitores, bajo pena de muerte y se les ordenó suscribir un acuerdo, antes de recibir sus estipendios, prometiendo someterse al rey y al consejo si eran acusados de doctrina sediciosa o traicionera. A Melville y a los otros comisionados de la asamblea se les ordenó dejar Edimburgo y su poder fue declarado ilegal. Determinado a restaurar el episcopado, Jacobo mediante influencia secreta y corrupta logró un terreno ventajoso para sus futuros planes en una asamblea a la que Melville no pudo asistir. Fue sin dificultad que llevó a cabo sus medidas, incluso en forma modificada, en la siguiente asamblea, donde Melville estuvo presente. El comité de ministros allí nombrado para aconsejar al rey sobre asuntos eclesiásticos fue "la aguja que enhebró el hilo episcopal." En 1597 Melville fue privado del rectorado de la universidad de St. Andrews tras desempeñarlo siete años. Para expulsar de su posición en los tribunales eclesiásticos a todos los doctores o regentes que enseñaban filosofía o teología, no siendo pastores, les fue prohibido sentarse en ninguno de sus tribunales bajo pena de privación y rebelión. Los prelados, según declaración del parlamento, siempre representaron un testamento del reino y cuando la asamblea se reunió, el rey no permitió que procediera hasta que Melville se hubo retirado, siendo obligado finalmente a salir de la ciudad. Jacobo declaró que él no intentaba restaurar a los obispos, sino que sólo deseaba que algunos de los ministros más sabios, como comisionados de la Iglesia, tuvieran un lugar en el consejo privado y en el parlamento para juzgar sus propios asuntos. A esto la asamblea por una pequeña mayoría votó a favor. El rey no permitió a Melville asistir a la asamblea de 1600 y mediante muchas advertencias indujo a los miembros a someterse a sus planes. Cuando el parlamento escocés restauró a los obispos a sus antiguos privilegios, en 1606, Melville, que fue enviado por el presbiterio de St. Andrews, protestó. Melville y otros siete ministros fueron citados a Londres, nominalmente para conferenciar con el rey sobre asuntos eclesiásticos, pero realmente para privar a sus hermanos de su ayuda y consejo por oponerse a los cambios contemplados. Los nobles ingleses estaban asombrados de los talentos y valor de Melville. En un servicio grandemente ritualista que él había elaborado para testimonio en la capilla real escribió un epigrama latino, que uno de los espías de la corte entregó al rey. Por esta razón Melville fue juzgado por el consejo privado inglés el 30 de noviembre y aunque no había entregado ninguna copia, fue hallado culpable de scandalum magnatum. En abril fue enviado a la Torre, donde durante 10 meses fue tratado con gran severidad. La pluma, la tinta y el papel le fueron quitados y nadie le vio salvo la persona que le llevaba su alimento. Pero su espíritu libre e inquebrantable cubrió los muros de su celda con versos bellamente grabados con la hebilla de su zapato. Por medio de asambleas y sobornos, la prelatura quedó restablecida en Escocia cuando él y otros hombres fieles estaban lejos. Aunque los protestantes de La Rochelle estaban deseosos de tener a Melville como profesor de teología, Jacobo no lo consintió; pero, tras cuatro años de cautiverio, él, a solicitud de Du Plessis-Mornay, le permitió que fuera a Sedan para compartir con Tilenus el profesorado de teología. Allí pasó sus últimos años de exilio, siendo la dureza del mismo aliviada por la bondad de algunos profesores y estudiantes escoceses. Entre estos últimos estuvieron John Durie y tal vez Alexander Colville, destinado a continuar su obra en St. Mary College. La contienda en la que tomó una parte tan prominente afectó no sólo al gobierno de la Iglesia sino también a la causa de la libertad civil y religiosa. "Escocia", dijo su sobrino Jacobo, "nunca recibió un mayor beneficio de las manos de Dios que este hombre." "Si" dijo el doctor McCrie, "el amor de la religión pura, de la libertad racional y de la buena literatura, forman la base de la virtud y felicidad nacional, no conozco otro individuo, tras su reformador, del que Escocia haya recibido mayor beneficio y con quien tenga una profunda deuda de gratitud y respeto que con Andrew Melville." Tenía un temperamento vigoroso y valiente, vivaz, pero bondadoso, de amplio y variado saber, pero más de erudito que de orador popular. Su principal obra estuvo en las universidades y en los tribunales eclesiásticos más que en el púlpito y esa fue, tal vez, la razón por la que, con toda su influencia entre sus hermanos, nunca obtuvo tal ascendencia sobre los nobles del pueblo como Knox y Henderson tuvieron. Las duras medidas emprendidas contra él por el rey Jacobo fueron una de los más grandes manchas en ese reinado.