Historia
MIGUEL VIII PALEÓLOGO (1224-1282)
Miguel VIII, emperador de oriente, llamado Paleólogo, nació en 1224 y murió el 11 de diciembre de 1282. Fue hijo de Andrónico Paléologo y de Irene Angela, y nieto, por tanto, de Alejo Angelos. Ocupó en la corte de Nicea los más elevados cargos y esto bastó para despertar las sospechas de emperador Vatacio y de su sucesor Teodoro II Láscaris, el cual, si bien en un principio le dio el gobierno de Durazzo, lo destituyó en 1259 y le retuvo prisionero. Posteriormente, Miguel consiguió justificarse, y obtuvo entonces la plena confianza del emperador. Al morir Teodoro, le sucedió su hijo Juan IV Láscaris cuando sólo contaba nueve años de edad, asumiendo la tutela el patriarca Arsenio y Murzalón; pero como éstos no eran gratos al pueblo, aprovechó Miguel tal circunstancia para suplantarlos. Entonces fue nombrado tutor del joven príncipe y se le confió el tesoro imperial, con lo cual no le fue difícil captarse el favor del clero y del ejército, consiguiendo al fin ser proclamado co-emperador en Nicea (1 de enero de 1260), recibiendo la corona él y su pupilo a un mismo tiempo. El emperador latino Balduino II no vio con buenos ojos semejante usurpación y para reconocerlo exigió en compensación varios territorios, pero Miguel no sólo se negó a aceptar tal proposición, sino que exigió de Balduino II un crecido tributo, igual que el que obtenía este monarca del comercio constantinopolitano. Estalló entonces entre ambos la guerra y Miguel se apoderó de Constantinopla en 1261, destruyendo de este modo el imperio latino; para celebrar esta victoria se hizo coronar en la iglesia de Santa Sofía, mandando sacar al propio tiempo los ojos a su pupilo, el joven emperador, al que encerró luego en una fortaleza. Este crimen indignó al pueblo, que intentó destronar a Miguel; el patriarca Arsenio le excomulgó, pero la prudencia y energía con que gobernó le libraron de perder la corona. Procuró estar en buena armonía con los genoveses y con los venecianos, atrayéndose al papado desde el momento en que reconoció su supremacía con el concilio de Lyón de 1274. Rechazó al ejército de Carlos de Anjou para establecerse en el Epiro y tuvo traza suficiente para deshacer la coalición que formaron Roma, Nápoles y Venecia (preparada por el emperador Felipe, hermano de Balduino), derrotando al general en jefe de la misma, Solimán Rossi, en 1281. También contribuyó a la inmovilización de los angevinos, provocando las Vísperas Sicilianas (1282) que dieron al traste con la influencia de éstos. Al morir Miguel, dejó el imperio bizantino en el mejor estado de pujanza, si bien el tesoro quedó completamente agotado. Le sucedió su hijo Andrónico II. Sus conatos de fusionar de nuevo la Iglesia griega con la católica no tuvieron éxito duradero.