Historia

MILICZ DE KREMSIER († 1374)

Milicz de Kremsier nació en Kremsier, a 144 kilómetros al nordeste de Viena, Moravia, y murió en Aviñón el 29 de junio (o 1 de agosto) de 1374. Las circunstancias de sus primeros años de educación se desconocen, pero parece que fue ordenado al sacerdocio hacia 1350, entrando luego al servicio del margrave Juan de Moravia. En 1358-60 era notario en la cancillería del emperador alemán Carlos IV y "corrector" en 1361-62, haciendo un viaje por el imperio en esta capacidad con el emperador. En 1361 Inocencio IV proveyó un beneficio para él y al año siguiente era canónigo y tesorero en Praga. Nombrado archidiácono, ejerció sus deberes rigurosamente, pero en 1363 súbitamente dimitió, cansado del mundo y anhelando la pobreza enseñada en el evangelio. Determinó dedicarse a partir de entonces a la predicación, pasando medio año en prácticas en Bischof-Teinitz y regresando luego a Praga, donde predicó primero en San Nicolás y luego en San Egidio. Al principio sus audiencias eran pequeñas, pues por su uso de la lengua checa fue ridiculizado. No obstante, el número de sus oyentes aumentó y en su celo predicaba dos, cuatro e incluso cinco veces al día, abatiendo la soberbia de los altivos y la usura de los prestamistas. También predicó fuera de Praga, especialmente en Moravia. Sin embargo, su éxito no le contentó y durante un tiempo pensó seriamente en entrar en alguna orden monástica estricta, e incluso cesar de predicar.

Sin embargo no mucho después le asaltaron nuevas pruebas, procedentes de su anticipación de la venida del Anticristo y el rápido fin del mundo. En su perplejidad se encomendó a Roma en la primavera de 1367, donde quedó convencido de que, sobre la base de los 1.335 años ("días") de Bienaventurado el que espere y llegue a mil trescientos treinta y cinco días.[…]Daniel 12:12 más los 42 años de la crucifixión hasta la destrucción del templo, el fin del mundo tendría lugar ese año. Al principio guardó su convicción para sí, anunciando finalmente su intención de predicar sobre la venida del Anticristo y exhortando al clero y el pueblo a orar que el papa y el emperador pusieran los asuntos espirituales y temporales de la Iglesia en orden. Sin embargo, conociendo su propósito la Inquisición le recluyó en el monasterio minorita de Ara Cœli en la colina capitolina, donde escribió su Libellus de Antichristo (o mejor, Prophetia et revelatio de Antichristo). A la llegada de Urbano V a Aviñón (16 de octubre de 1367) Milicz no sólo fue liberado sino que obtuvo el favor del hermano del papa, Ange Grimaud, cardenal de Albano. Milicz, al partir, dio al papa un documento repleto de quejas sobre las faltas de la Iglesia, defendiendo la convocatoria de un concilio general y exhortando a que buenos predicadores fueron enviados para instruir a la grey cristiana.

Al regresar a Praga, Milicz fue aclamado, retomando con mayor celo aún su enseñanza y predicación al pueblo. Al principio del invierno de 1369 hizo otra breve visita a Roma y a su regreso sucedió a su amigo Konrad de Waldhausen en la Teynkirche en Praga. Predicó allí diariamente en alemán, en bohemio en San Egidio y, tras 1372, en la "Jerusalén" que el fundó. Atacó valientemente al clero indigno, especialmente entre las órdenes mendicantes y sus sermones, oficialmente absueltos de la sospecha de herejía con la que algunos le habían acusado, fueron diligentemente copiados y circularon por Bohemia e incluso más allá. Tan fuerte fue su efecto moral en más de 300 cortesanas que cambiaron su estilo de vida, construyendo él para esta clase de penitentes, con ayuda del emperador y otros personajes distinguidos, una "Jerusalén" dedicada a María Magdalena, en el corazón de los antiguos baños, donde pudieron vivir en retiro sin ser auténticos claustros. En 1373 el clero presentó quejas contra él al sínodo provincial, que quedaron en nada por la oposición del emperador y el arzobispo. El clero entonces se volvió a Aviñón, quejándose de su doctrina del Anticristo, su defensa de la comunión frecuente y su supuesta oposición al estudio de las artes liberales. La curia parecía reacia a Milicz, quien apeló y fue a Aviñón en persona, tras lo cual quedó absuelto y solicitó predicar ante los cardenales, pero enfermó y murió antes de poder regresar a Praga.