Historia
MINUCIO FÉLIX, MARCO († c. 250)
- Introducción
- Argumentos contra el cristianismo
- Argumentos del cristianismo
- Propósito y estructura del diálogo
- Fuentes y manuscritos de Minucio
Introducción.
Fue el primer apologista cristiano de la cristiandad latina y autor del diálogo Octavio. De algunas referencias en Lactancio, Jerónimo y Euquerio se sabe que vivió en Roma, ejerciendo como abogado y siendo también activo en el terreno literario. Del diálogo parece que tuvo amistad con su antiguo colega Octavio Januario, siguiendo a su amigo al abrazar el cristianismo. Ambos eran abogados, Octavio en las provincias y Minucio en Roma. Mientras Octavio visitaba a su amigo se produjo la conversación que está descrita en el diálogo. Sin embargo, cuando Minucio escribió la obra, su amigo ya había muerto. Ya que las vacaciones habían comenzado, resolvieron hacer una excursión a Ostia, uniéndoseles un joven amigo de Minucio, el pagano Cecilio Natalis. Mientras viajaban por el Tíber pasaron ante una estatua de Serapis y Octavio observó que Cecilio la saludaba reverentemente, por lo que reprochó a su amigo no haber convencido a Cecilio de su error. Cecilio, enojado por esto, guardó silencio, no prestándoles atención. Pero al ser preguntado, reconoció la verdadera razón, deseando exponer sus razonamientos para no aceptar el cristianismo. Octavio entonces le respondería, a lo que éste estuvo de acuerdo. Se sentaron, tomando Minucio su lugar entre ambos.
Argumentos contra el cristianismo.
Cecilio comenzó diciendo que todo conocimiento humano es incierto y acusó a los cristianos de aventurarse a decir cosas sobre el gobierno del mundo que pueden deberse al accidente, pues muchas contradicen directamente la presencia de un agente divino. La verdad se escapa al conocimiento o, lo que es más probable, un destino arbitrario lo gobierna todo; por lo tanto, lo mejor es guardar la religión de los padres, que hizo a Roma grande y estableció y amplió su supremacía. Bastante han mostrado los dioses de los romanos su poder. Imaginar que se puede derribar tal antigua religión es pecar de presunción insufrible. Además, ¿qué clase de personas eran ellos para planear tal acto y qué era la nueva religión para suplantar a la antigua? Hombres ignorantes, de las heces del populacho y mujeres crédulas, que se engañan a sí mismas con el ridículo consuelo de una vida tras la muerte. Sus costumbres religiosas son totalmente repulsivas, siendo sus ceremonias la muerte de niños inocentes y el adulterio. Su secreto era la mejor prueba de la depravación de su religión. No menos peculiar que absurda, era su idea de un Dios invisible, omnisciente y omnipresente. Luego su doctrina de la destrucción del mundo, de la resurrección de los muertos y del juicio final no podía ser sólida, ya que la predestinación divina niega la libertad de la voluntad. Para culminar todo, los cristianos deben soportar no sólo las miserias ordinarias de la pobreza, el frío y el hambre, sino también la tortura, muerte por fuego y crucifixión. Por qué, entonces, incluso voluntariamente agrandan su desgracia, absteniéndose de placeres honestos. Cecilio acaba con una exhortación a abstenerse de examinar las cosas divinas.
Argumentos del cristianismo.
Plenamente persuadido de la fuerza convincente de sus deducciones, Cecilio irónicamente desafió a Octavio a una respuesta. Octavio comenzó mostrando las contradicciones de Cecilio. Todos los hombres están dotados con la razón que, junto con la observación de la naturaleza, lleva a la convicción de la existencia de un ser superior, creador y gobernante del mundo. La naturaleza habla claramente, aunque dejando la pregunta abierta de si el gobierno del mundo es ejercido por uno o varios. Pero incluso entre los hombres la forma monárquica de gobierno es la forma más ventajosa, no siendo diferente entre los animales. A continuación, Octavio explica el monoteísmo cristiano, hablando de la eternidad, omnipotencia y perfección de Dios, de quien los poetas y filósofos a veces han razonado correctamente. La antigüedad fue muy crédula; sus fábulas y cuentos no merecen crédito; sus dioses, después de todo, eran solo hombres divinizados. Los ídolos no son más que madera y piedra; su vaciedad está demostrada por su origen. Es falso que los dioses paganos hicieran a Roma grande, porque ellos eran, en gran medida, dioses extranjeros. Los augurios y los auspicios habían ocasionalmente proporcionado indicaciones correctas, pero todavía engañaban a los que creían en ellos. La adoración de los ídolos había encontrado tan amplia aceptación por causa de los demonios, autores de todos los males. Ellos también eran los causantes del odio y sufrimiento contra los cristianos, diseminando todos esos rumores y acusaciones que más justamente debían hacerse al culto pagano de los ídolos. Con indignación moral, Octavio rinde amplio tributo a la pureza del modo de vida cristiano, la adoración divina y la fe, hablando de la justicia y bondad de Dios. Su doctrina del fin de todas las cosas no contradice ni las leyes de la naturaleza ni las enseñanzas de los filósofos. Los cristianos dan la bienvenida a la adversidad como escuela de virtud; la prosperidad en la que los paganos se regocijan es transitoria y falaz y los placeres en los que ellos se regocijan son indecentes y censurables. Este discurso hizo una profunda impresión sobre Cecilio, quien admitió su derrota regresando los tres a la ciudad.
Propósito y estructura del diálogo.
Está claro que el coloquio no ataca las doctrinas fundamentales del cristianismo, ni es una apología en el sentido estricto. Los intentos que se han hecho de explicarlo son muy divergentes, aunque no hay que descartar las dificultades. Algunos han querido ver en el diálogo una polémica contra Crescencio el cínico o Celso el epicúreo, o finalmente contra Cornelio Fronto, el retórico. La explicación más natural yace en el propósito del autor, de desarmar los prejuicios entonces en boga contra el cristianismo en los círculos culturales, demostrando que las ideas de los filósofos coinciden esencialmente con la fe de los cristianos; que la mitología pagana era vergonzosa, mientras que la nueva fe era pura y elevada. De ahí que, en la obra de Minucio Félix, el cristianismo aparezca como una religión moral y filosófica. Minucio se siente obligado frecuentemente a responder a los ataques contra su religión, tras examinarlos cuidadosamente, para refutarlos. La estructura del diálogo es tan excelente que incluso hoy día ciertos críticos lo evalúan plenamente actual. La introducción, especialmente, tiene un encanto poético e igualmente digna de mención es la caracterización de los personajes principales. Minucio estaba muy versado en las obras poéticas de griegos y romanos, teniendo un amplio conocimiento de Cicerón, a quien adoptó como modelo. No obstante, hay huellas de latinismo decadente, aunque el lenguaje de Minucio es comparativamente puro para su época.
Fuentes y manuscritos de Minucio.
Los repetidos intentos para descubrir si el diálogo de Octavio fue influenciado por otra apología no han llevado a un resultado reconocido generalmente, pues él no menciona sus fuentes. Indudablemente existe una relación dependiente entre Minucio, Tertuliano y Cipriano. Este último en su tratado Sobre la vanidad de los ídolos (c. 245) copió a Minucio y Tertuliano. La prioridad de Tertuliano en su Apología (c. 200), que tenía varios puntos de contacto con Octavio, fue sostenida durante mucho tiempo, pero especialmente tras las investigaciones de Ebert, Minucio es considerado anterior. Él escribió entre el año 150 y el 245, probablemente antes del 200. El Octavio está añadido a los siete libros de Arnobio Contra los paganos, en un manuscrito fechado en el siglo IX y preservado en París.
El siguiente pasaje procede de Octavio, 18:
'Si al entrar en una casa ves que todo está cuidado, bien dispuesto y adornado, te convences de que la vivienda tiene un dueño que ha ordenado estas cosas y de que éste es, sin duda, mucho mejor que su obra. Así también, hallándote en la casa de este mundo, al mirar el cielo y la tierra donde se ponen de manifiesto una providencia, un orden y unas leyes, entonces debes creer que existe un señor y padre del universo, que supera en hermosura a los astros y a todos los seres de la tierra.'