Historia
MISSON, FRANÇOIS MAXIMILIEN († 1722)
Entre las obras de Misson se pueden mencionar: Nouveau voyage d'Italie (La Haya, 1691-98), una de las obras que le dieron más fama, traducida al inglés, alemán y holandés. Los ataques que dirige en ella a la Iglesia católica motivaron una discusión con Freschet; Mémoires et observations faites par un voyageur en Anglaterre (La Haya, 1698); Le théâtre sacré des Cévennes on récits de prodiges arrivés dans cette partie du Languedoc (Londres, 1707); Melange de littérature historique et critique sur tout ce qui regards l'état extraordinaire des Cevenois appelés Camisards (Londres, 1707); Nouvel Hosanna des petits enfants (Londres, 1708); Reflexions aplogetiques de l'auteur du Melange de littérature (Londres, 1708); Plainte et censure des calomnieuses accusations publiées par le sieur Claude Groteste de la Motte contre ceux qui ont reçu les depositions du Théâtre sacré (Londres, 1708) y Sentiments desinteressés de divers théologiens sur les agitations... des prophètes (Londres, 1710).
De todos los libros publicados por Misson, el más interesante es, sin duda alguna, el titulado Théâtre sacré, en cuyo prefacio se hace la apología de los tres personajes ya citados y se dan algunas noticias de la revuelta que promovieron sus predicaciones entre los campesinos protestantes de las montañas Cévennes, demostrándose además, como hacen notar todos los biógrafos de Misson, que en la sublevación de los camisards intervino como uno de los factores más importantes el éxtasis profético y la pasión religiosa llevada al extremo y fácilmente excitable, dirigida por hombres como Marion y Cavalier, alimentada por las continuas vejaciones llevadas a cabo por las autoridades reales. En su libro Misson relata los fenómenos extraordinarios que acompañaron, o quizá mejor ocasionaron, la revolución de los protestantes y la relación de esos fenómenos, junto con los comentarios que le siguieron, son muy dignos de tener en cuenta como datos que ilustran el carácter y las tendencias del autor y la interpretación que sus partidarios dieron a su movimiento, en cuyo desarrollo no faltó la envidia que suscitaba en el extranjero la grandeza de la Francia de los tiempos de Luis XIV. Misson hace notar que, tanto los hombres como las mujeres, se veían acometidos de ataques y convulsiones, durante los cuales improvisaban hermosos discursos en correcto francés personas iletradas que en el estado normal apenas podían pronunciar media docena de palabras seguidas en el patois más vulgar y amanerado, estando muchas de ellas dotadas también del don de profecía. De esta especie de furor profético participaban asimismo niños de muy corta edad. Misson recuerda que Jacques de Bois vio en Quissac (Gard) a un niño de quince meses, que su madre llevaba en los brazos, atacado por terribles contorsiones y que con admiración de todos, hablaba en buen francés, y que Jean Vernet presenció en Vernon (Ardéche) el emocionante espectáculo de un niño de trece o catorce meses que exhortaba a los reunidos al arrepentimiento de sus pecados. Los extáticos, añade Misson, no solamente cumplían sus funciones de predicadores, sino también la de profetas, y sus oráculos eran escuchados de rodillas y con la devoción más intensa por los camisards. Estos oráculos se referían a las cosas espirituales y a las temporales. La guerra que sostenían contra las tropas reales era dirigida por hombres y mujeres que, en sus momentos de éxtasis y de extrema exaltación, trazaban planes de campaña como los generales más experimentados, y descubrían a los traidores a la buena causa. En su Théâtre sacré habla también Misson de lo que él llama segunda vista de los inspirados (visión a muy larga distancia y poder de atravesar con la mirada los objetos más compactos), explicando con ciertos pormenores y con la mayor buena fe otros fenómenos maravillosos que en su entusiasmo por la facción, consideraba como verdaderos y probados. En definitiva su libro constituye uno de los más dignos de ser consultados de toda la literatura visionaria del siglo XVIII.