Historia

MOGILAS, PETRUS (c. 1597-1647)

Petrus Mogilas nació en una familia de Valaquia hacia 1597 y murió en 1647.

Petrus Mogilas
Petrus Mogilas
Fue elevado al rango metropolitano en 1632 por Teófanes, patriarca de Jerusalén, y ya había publicado varias obras litúrgicas cuando, en 1638, preparó el primer borrador de su "Confesión" con la ayuda de tres de sus obispos. La obra, originalmente escrita en latín, con una versión griega romanizada por Melecio Syrigus, fue corregida y aprobada en el sínodo de Kiev en 1640 y por el de Jasy en Moldavia en 1642. Con una introducción de Nectario de Jerusalén (1642) y la aprobación de Parthenius (1643) esta "Confesión ortodoxa de la Iglesia católica y apostólica del oriente" fue impresa por vez primera en Ámsterdam en 1667. Luego siguieron varias ediciones, la mejor de las cuales fue la de E. J. Kimmel, en su Libri symbolici (Jena, 1843). La "Confesión" fue traducida al rumano en 1691 y al ruso en 1696.

La situación del período era de batalla en la Iglesia griega por preservar su individualidad entre el catolicismo, que estaba trabajando vigorosamente en Rusia y Polonia, por un lado, y el protestantismo, por otro, al que griegos individuales (especialmente Cirilo Lucar) se sintieron atraídos. Como el patriarcado de Constantinopla era demasiado débil para tomar ningún paso decisivo para la Iglesia en conjunto, la sustitución del credo de Cirilo por otro basado en la tradición griega procedió naturalmente de la más joven, pero más independiente, Iglesia rusa. La causa inmediata de la "Confesión" fue un catecismo católico impreso en Kiev en 1632. La "Confesión" es un completo resumen de la doctrina de la Iglesia griega y su sustancia proporciona su declaración de que los requisitos del cristiano católico para vida eterna son "la fe ortodoxa y las buenas obras." Esta doble división está oscurecida por el arreglo de Mogilas en fe, esperanza y amor, comprendido en la exégesis del credo, el Padrenuestro y el Sermón del Monte, y el Decálogo. Una doble división posterior se hace entre la Biblia y la tradición, llevando esta última a numerosas citas patrísticas, especialmente de Gregorio, Atanasio, Basilio, Dionisio y Juan de Damasco. En la doctrina de la Trinidad se extrae una distinción, aunque no demasiado sutilmente, entre la idiomata esencial e hipostática. La controversia sobre la procedencia del Espíritu Santo se decide principalmente por la falta del filioque en los textos más antiguos del credo. La creación se traza en forma griega por nueve clases de ángeles hasta el hombre, que es denominado un microcosmos. La omnipresencia de Dios se reconcilia con su exaltación por la declaración de que "él mismo es su propio lugar", controlando él al mismo tiempo y excluyendo toda limitación de espacio. A la definición de pecado original le falta la exactitud católica y protestante. Por la desobediencia Adán perdió su perfecta razón y justicia y la ignorancia del pecado, quedando su naturaleza extremadamente inclinada al mal. Pero sólo fue debilitada, no destruida, por lo que el Espíritu de Dios pueden operar sobre él, un sinergismo que es indispensable en la teología griega. En su discusión de la presciencia, preordenación y providencia, Mogilas hace que la segunda esté condicionada por la primera, mientras que la tercera combina las otras dos, las controla y de esta forma guía todas las cosas terrenales en la mejor manera posible. La única cabeza de la Iglesia es Cristo y la Iglesia madre es la de Jerusalén. Defiende los siete sacramentos tradicionales, aunque se puede discernir la influencia de desarrollos no griegos.

La sección segunda de la "Confesión" es la esperanza, o la gracia parcialmente dada y parcialmente prometida por Cristo. La exégesis está condicionada por los puntos de vista eclesiástico y ascético, mientras que paralelos y listas de analogías toman el lugar del desarrollo interno. Del trono salían relámpagos, voces y truenos; y delante del trono había siete lámparas de fuego ardiendo, que son los siete Espíritus de Dios.[…]Apocalipsis 4:5 e Y reposará sobre El el Espíritu del SEÑOR, espíritu de sabiduría y de inteligencia, espíritu de consejo y de poder, espíritu de conocimiento y de temor del SEÑOR.[…]Isaías 11:2 proporcionan las bases para la teoría de las siete gracias y Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fidelidad,[…]Gálatas 5:22 para la doctrina de los nueve frutos del Espíritu. Hay igualmente nueve normas de la Iglesia (incluyendo la confesión, el ayuno y la abstinencia de libros heréticos) y siete obras de misericordia para el cuerpo y el alma, correspondiendo al número nueve a los ángeles y el siete a los sacramentos y sus efectos. En la tercera parte de la "Confesión" con su tema del amor y su exégesis del Decálogo, se desarrollan los mismos temas bajo el subtítulo de las siete virtudes de la oración, ayuno, benevolencia, entendimiento, justicia, fortaleza y moderación. Los primeros dos mandamientos dan origen a una justificación de la invocación de los santos y el uso de iconos. Los santos son invocados, pero no se les ora, como amigos de Dios; los iconos son considerados representaciones de personas y cosas verdaderas y de ahí que sean apropiados para elevar el pensamiento de lo material a lo celestial y de ahí a Dios. Por tanto, la adoración no la reciben los iconos, sino la divinidad o el santo representado. La "Confesión" de Mogilas reproduce el punto de vista del catolicismo antiguo, tal como lo mantiene la Iglesia oriental en oposición a Roma; no se puede decir, como a veces se ha dicho, que es o católica o luterana en tendencia.