Historia
MOTT, LUCRETIA (1793-1880)

Tomó parte activa en la organización de la Sociedad Anti-esclavista Americana en Filadelfia, en 1833, y estuvo entre sus defensores más capaces. En 1840 fue escogida como delegada para la convención anti-esclavista a celebrarse en Londres. Pero las cosas no estaban todavía maduras para que una mujer ocupara un puesto así y Lucretia no pudo tener su asiento en la convención. Fue invitada a un desayuno con muchos hombres de alto rango, algunos de los cuales habían votado su exclusión. Pensó que era la oportunidad de decir lo que hubiera querido declarar en la convención y levantándose ante todos pronunció una ferviente y elocuente alocución. Al principio los invitados estaban asombrados por su atrevimiento, pero antes de que hubiera terminado su discurso estaban admirados por su contenido.
Lucretia fue siempre una seria y consistente defensora de los derechos de la mujer para participar en los deberes y privilegios de los ciudadanos americanos. Fue miembro de la convención nacional de mujeres que luchaban por tales derechos, desde la primera celebrada en Genesee Falls en 1848 (que presidió su marido) hasta el último año de su vida. Pudo vivir para ver algunas de sus más anheladas aspiraciones cumplidas, como la liberación de cuatro millones de esclavos, las nobles victorias conseguidas por los defensores de la temperancia y el amanecer del día cuando la mujer en la sociedad sería reconocida a la par que el varón.
Durante todas sus actividades públicas, Lucretia nunca abandonó los deberes de su hogar. Era una ejemplar ama de casa al estilo antiguo y educó a sus cuatro hijas del mismo modo. La atmósfera de su hogar era casi ideal por la paz y armonía. Se apoyaba en su marido, que tenía una naturaleza parecida a la suya, aunque era un hombre muy callado. Se complacía en las ocupaciones domésticas y a la edad de 86 años todavía podía enhebrar el hilo en la aguja con facilidad. Trabajó por los pobres, distribuyendo ayudas entre ellos con mano generosa. Le gustaban las cosas brillantes y tenía un piano, cuadros y colores cálidos en las alfombras y cortinas de su hogar. Lucretia era de pequeña estatura y frágil aspecto y su rostro tenía el encanto de los rasgos delicados, combinado con una gran fuerza de carácter.