Historia

MOTT, LUCRETIA (1793-1880)

Lucretia Mott, reformadora social americana, nació en Nantucket, Massachusetts, el 3 de enero de 1793 y murió en Filadelfia el 11 de noviembre de 1880.

Lucretia Mott
Lucretia Mott
Lucretia, apellidada de soltera Coffin, era descendiente de uno delos primeros colonos en Nantucket. Sus padres se trasladaron a Boston y cuando tenía trece años de edad fue enviada a la escuela Nine Partners, una institución fundada por los cuáqueros, en Duchess, Nueva York, unos años antes. Allí estuvo bajo la instrucción de Deborah Rodgers (posterior Mrs. Jacob Willetts) quien murió en 1879 con más de noventa años. Durante su ausencia en ese tiempo sus padres se trasladaron a Filadelfia. Ella regresó al hogar en 1809 y dos años después, cuando tenía 19, se casó con James Mott, un joven comerciante y miembro de la Sociedad de Amigos, quien creó un negocio con su suegro. Deseosa de ser tan útil como pudiese, Lucretia se hizo cargo de una escuela en Filadelfia en 1817 y al año siguiente comenzó a predicar en la denominación a la que pertenecía. Entonces tenía 25 años de edad. Su dulce voz, sus fervientes maneras, su elocuencia persuasiva y sus palabras de sabiduría siempre cautivaron y edificaron a sus oyentes. Pronto extendió su servicio, viajando por toda Nueva Inglaterra, Pensilvania, Maryland y partes de Virginia, predicando siempre que había oportunidad. En todas partes defendía los pacíficos y benevolentes principios de la Sociedad de Amigos o cuáqueros. Libró una incesante batalla contra la esclavitud, la intemperancia y la guerra. Cuando por la influencia de Elias Hicks, que se hizo unitario en teología, la Sociedad de Amigos se separó en dos bandos, los 'ortodoxos' y los 'hicksitas', en 1827, Lucretia se adhirió a los segundos.

Tomó parte activa en la organización de la Sociedad Anti-esclavista Americana en Filadelfia, en 1833, y estuvo entre sus defensores más capaces. En 1840 fue escogida como delegada para la convención anti-esclavista a celebrarse en Londres. Pero las cosas no estaban todavía maduras para que una mujer ocupara un puesto así y Lucretia no pudo tener su asiento en la convención. Fue invitada a un desayuno con muchos hombres de alto rango, algunos de los cuales habían votado su exclusión. Pensó que era la oportunidad de decir lo que hubiera querido declarar en la convención y levantándose ante todos pronunció una ferviente y elocuente alocución. Al principio los invitados estaban asombrados por su atrevimiento, pero antes de que hubiera terminado su discurso estaban admirados por su contenido.

Lucretia fue siempre una seria y consistente defensora de los derechos de la mujer para participar en los deberes y privilegios de los ciudadanos americanos. Fue miembro de la convención nacional de mujeres que luchaban por tales derechos, desde la primera celebrada en Genesee Falls en 1848 (que presidió su marido) hasta el último año de su vida. Pudo vivir para ver algunas de sus más anheladas aspiraciones cumplidas, como la liberación de cuatro millones de esclavos, las nobles victorias conseguidas por los defensores de la temperancia y el amanecer del día cuando la mujer en la sociedad sería reconocida a la par que el varón.

Durante todas sus actividades públicas, Lucretia nunca abandonó los deberes de su hogar. Era una ejemplar ama de casa al estilo antiguo y educó a sus cuatro hijas del mismo modo. La atmósfera de su hogar era casi ideal por la paz y armonía. Se apoyaba en su marido, que tenía una naturaleza parecida a la suya, aunque era un hombre muy callado. Se complacía en las ocupaciones domésticas y a la edad de 86 años todavía podía enhebrar el hilo en la aguja con facilidad. Trabajó por los pobres, distribuyendo ayudas entre ellos con mano generosa. Le gustaban las cosas brillantes y tenía un piano, cuadros y colores cálidos en las alfombras y cortinas de su hogar. Lucretia era de pequeña estatura y frágil aspecto y su rostro tenía el encanto de los rasgos delicados, combinado con una gran fuerza de carácter.