Historia
MÜLLER, JULIUS (1801-1878)

La doctrina del pecado de Müller no sólo condicionó su actitud total hacia la teología y la Iglesia, sino que también determinó su carrera posterior. Su importancia se hizo más evidente y en 1839 fue llamado de Marburgo a Halle. Siete años más tarde era diputado de la facultad de Halle ante el sínodo general, donde defendió la unión seriamente, modificando su anterior oposición hacia este movimiento por el cambio en la política del gobierno eclesiástico. Desaprobando totalmente el curso hasta entonces tomado para la unión de luteranos y reformados, Müller sostuvo que si la uniformidad en adoración y gobierno eclesiástico iban a tener algún valor, ambas debían descansar en la uniformidad de creencia y una expresión adecuada de ese consenso estaba expresada en la nueva fórmula de ordenación propuesta por Nitzsch. Aquí su idea era preservar las características denominacionales de cada congregación, pues si la ordenación se convertía en la expresión de la posición unionista de toda la Iglesia, no obstante los derechos denominacionales habían de ser expresamente reconocidos en el llamamiento de los pastores. Es fácil ver que la peculiar actitud de Müller no fue entendida, aun cuando la defendió en Die erste Generalsynode der evangelischen Landeskirche Preussnes unn die kirchlichen Bekenntnisse (Breslau, 1847). La confirmación y ejecución de las decisiones del sínodo se alargaron hasta acabar por la revolución de 1848; pero la reacción posterior de la Iglesia y el Estado le obligó a retomar la batalla. Ahora sentía que debía defender la existencia de la unión y además de una serie de escritos sobre el problema publicó una declaración pacífica de sus ideas, con la idea de reconciliar a los luteranos moderados, Die evangelische Union, ihr Wesen und ihr göttliches Recht (Berlín, 1854). Aunque los resultados de la batalla de Müller por la unión fueron fructíferos, hasta donde los reformados estuvieron en pie de igualdad con los luteranos en Prusia, él se sintió profundamente dolorido por tener que combatir con aquellos con los que se sentía uno en la fe. La soledad y la enfermedad se apoderaron de él y en 1856 sufrió un ataque de apoplejía. Sin embargo, un año más tarde pudo retomar sus clases que continuó durante 22 años. Pero le fue imposible seguir con su obra literaria, aunque la recopiló en Gesammlete Dogmatische Abhandlungen (Bremen, 1870), originalmente publicada en Deutsche Zeitschrift für christliche Wissenschaft und christliches Leben, que había fundado en 1850 con Neander y Nitzsch. En 1878, unos pocos meses antes de su muerte, se retiró de la vida activa.