Historia

MÜLLER, JULIUS (1801-1878)

Julius Müller, teólogo luterano alemán, nació en Brieg el 10 de abril de 1801 y murió en Halle el 27 de septiembre de 1878.

Julius Müller
Julius Müller
Estudió jurisprudencia y teología en las universidades de Breslau (1819-20), Gotinga (1822-23) y Berlín (1823-24), sintiendo gradualmente más y más que su interés estaba en la teología más que en el derecho. En 1825 fue llamado a la labor pastoral de Schönbrunn. Sin embargo, quedó envuelto en una controversia, negando el derecho del gobierno a interferir en asuntos eclesiásticos y rechazando usar la agenda o la unión ritual. Se libró de ser destituido por una invitación para ser predicador en la universidad en Gotinga en 1830. Al año siguiente era docente privado y en 1834 fue nombrado profesor asociado y en el mismo año fue llamado a Marburgo, como profesor de dogmática. Aquí fue invitado a defender el punto de vista de una teología verdaderamente científica y creyente, contra la marea creciente de la filosofía anti-cristiana del tiempo y aquí, también, escribió su principal obra teológica, Christliche Lehre von der Sünde (2 volúmenes, Breslau, 1839-44). La posición es el principio protestante de la investigación científica ilimitada que no reconoce otra autoridad que el fundamento inmutable de la Biblia. Al mismo tiempo, Müller procuró evitar todo conflicto entre pensamiento científico y sentimiento cristiano, insistiendo especialmente que la reflexión sobre el pecado no debe llevar a la aniquilación de la "reverencia religiosa." Según Müller no sólo la doctrina del pecado hasta entonces en boga descansaba sobre una metafísica anticuada, sino que el pecado no era adecuadamente expresado ni suficientemente explicado; tampoco podía la antinomia, resultante de la idea de que el pecado sólo puede ser cometido por el libre albedrío, aunque ningún factor en el desarrollo empírico del individuo puede soportar el peso de tal decisión voluntaria, ser resuelta por la doctrina eclesiástica del pecado original. Su solución fue la asunción de una autodecisión inteligible. Pero si la resolución para mantener las verdades más profundas justificaba buscar un mejor fundamento científico, no obstante una teología verdadera, revisada sobre las bases de la fe, podía ser establecida sólo en un concepto y fundamento más puro y profundo de la verdad cristiana que el proporcionado por las enseñanzas de la Iglesia. Hasta donde una teología así establecida sobre los grandes principios de la creencia general protestante deja en el trasfondo las diferencias denominacionales, necesariamente implica la tendencia a la unión que es claramente evidente un principio fundamental del sistema de pensamiento de Müller.

La doctrina del pecado de Müller no sólo condicionó su actitud total hacia la teología y la Iglesia, sino que también determinó su carrera posterior. Su importancia se hizo más evidente y en 1839 fue llamado de Marburgo a Halle. Siete años más tarde era diputado de la facultad de Halle ante el sínodo general, donde defendió la unión seriamente, modificando su anterior oposición hacia este movimiento por el cambio en la política del gobierno eclesiástico. Desaprobando totalmente el curso hasta entonces tomado para la unión de luteranos y reformados, Müller sostuvo que si la uniformidad en adoración y gobierno eclesiástico iban a tener algún valor, ambas debían descansar en la uniformidad de creencia y una expresión adecuada de ese consenso estaba expresada en la nueva fórmula de ordenación propuesta por Nitzsch. Aquí su idea era preservar las características denominacionales de cada congregación, pues si la ordenación se convertía en la expresión de la posición unionista de toda la Iglesia, no obstante los derechos denominacionales habían de ser expresamente reconocidos en el llamamiento de los pastores. Es fácil ver que la peculiar actitud de Müller no fue entendida, aun cuando la defendió en Die erste Generalsynode der evangelischen Landeskirche Preussnes unn die kirchlichen Bekenntnisse (Breslau, 1847). La confirmación y ejecución de las decisiones del sínodo se alargaron hasta acabar por la revolución de 1848; pero la reacción posterior de la Iglesia y el Estado le obligó a retomar la batalla. Ahora sentía que debía defender la existencia de la unión y además de una serie de escritos sobre el problema publicó una declaración pacífica de sus ideas, con la idea de reconciliar a los luteranos moderados, Die evangelische Union, ihr Wesen und ihr göttliches Recht (Berlín, 1854). Aunque los resultados de la batalla de Müller por la unión fueron fructíferos, hasta donde los reformados estuvieron en pie de igualdad con los luteranos en Prusia, él se sintió profundamente dolorido por tener que combatir con aquellos con los que se sentía uno en la fe. La soledad y la enfermedad se apoderaron de él y en 1856 sufrió un ataque de apoplejía. Sin embargo, un año más tarde pudo retomar sus clases que continuó durante 22 años. Pero le fue imposible seguir con su obra literaria, aunque la recopiló en Gesammlete Dogmatische Abhandlungen (Bremen, 1870), originalmente publicada en Deutsche Zeitschrift für christliche Wissenschaft und christliches Leben, que había fundado en 1850 con Neander y Nitzsch. En 1878, unos pocos meses antes de su muerte, se retiró de la vida activa.