Historia

MURATORI, LUDOVICO ANTONIO (1672-1750)

Ludovico Antonio Muratori, historiador católico italiano, nació en Vignola, a 80 kilómetros al noroeste de Florencia, el 21 de octubre de 1672 y murió en Módena el 23 de enero de 1750.

Ludovico Antonio Muratori
Ludovico Antonio Muratori
Estudió teología, filosofía y derecho en Módena y en 1695 quedó vinculado a la Biblioteca Ambrosiana en Milán. En 1700 fue llamado a Módena como archivador y bibliotecario, pasando el resto de su vida allí, siendo también preboste de Santa María della Pomposa. Los resultados de su actividad en Milán fueron Anecdota ex Ambrosianæ bihliolhecæ codicibus (4 volúmenes, Milán y Padua, 1697-1713) y Anecdota Græca (Padua, 1700). Aquí descubrió el famoso Fragmento Muratoriano. La controversia que se desató en 1708 entre el emperador y el papa sobre el estado y territorio de Comacchio, en el que Muratori fue llamado para defender la casa de Este contra las pretensiones papales, le guió a su primera gran obra histórica, Antichità Estensi ed Italiane (2 volúmenes, Módena, 1717-40). Entonces procedió a una colección exhaustiva de material para una historia de Italia, desde el siglo V al XVI. Los resultados fueron Rerum Italicarum scriptores ab anno 500-1500 (28 volúmenes, Milán, 1723-51), completado con Antiquitates Italicæ medii ævi (6 volúmenes, 1738-42; traducción italiana por el autor, Dissertazioni sopra le antichità italiane, 3 volúmenes, 1751) y Novus thesaurus veterus inscriptionum (4 volúmenes, 1739-43). El material obtenido fue resumido en una simple descripción de los hechos en estricto orden cronológico, desde el principio de la era cristiana a 1749, titulándose la obra Annali d'Italia (12 volúmenes, 1744-49). Aquí también pertenece su Liturgia Romana vetus tria sacramentaria complectens (1748).

El resto de obras de Muratori, muchas de ellas bajo pseudónimo, estuvieron dedicadas a la literatura, filosofía, jurisprudencia o teología. A la primera clase pertenecen Della perfetta poesia italiana (2 volúmenes, 1706) y Reflessionii sopra il buon gunto intorno le scienze et le arti (1708); a la segunda sDella Carità cristiana (1723), Filosofia morale esposta (1735), Delle forze dell'intendimento umano (1745) y Della, forza della fantasia (1745) y a la tercera Goberno della peste politico, medico ed ecclesiastico (1714), Defetti della giurisprudenza (1741) y Della pubblica felicità (1740). Sus escritos teológicos levantaron muchas controversias, especialmente por sus ataques contra los jesuitas al favorecer los votos en Sicilia para defender la doctrina de la inmaculada concepción incluso a riesgo de su vida y por sus críticas a ciertos procedimientos eclesiásticos, particularmente el excesivo honor a los santos y al gran número de festividades. A esta clase pertenecen De ingeniorum moderatione in religionis negotio (París, 1714; bajo el pseudónimo de Lamindo Pritanio); De superstitione vitanda sive censura voti sanguinarii (1740; bajo el pseudónimo de Antonius Lampridius); el pseudónimo Ferdinandi Valdesii epistolæ (1743) y Della regolata divozione de' cristiani (1747; bajo el pseudónimo de Lamindo Pritanio). La última clase de los escritos de Muratori le expuso al ataque de sus enemigos y detractores. La voluminosa correspondencia de Muratori fue editada por M, Campori en Epistolario di L. A. Muratori (Módena, 1001 y sig.).

El contenido del Fragmento Muratoriano es el siguiente:

'... al menos a aquellas en las que estuvo presente, y lo redactó en conformidad con ellas. El tercer libro del Evangelio es el de Lucas.
Después de la ascensión de Cristo, este Lucas, médico, a quien Pablo había llevado consigo como experto en leyes, escribió [el relato] en su propio nombre de acuerdo con la opinión [de Pablo]. Él mismo, no obstante, nunca vio al Señor en carne y, por tanto, en la medida en que pudo investigar [el curso de los acontecimientos], comenzó a hablar desde el nacimiento de Juan.
El cuarto Evangelio es de Juan, uno de los discípulos.
Cuando sus compañeros discípulos y obispos le rogaron, Juan dijo: "Ayunad conmigo tres días a partir de hoy y que cada uno de nosotros refiera a los demás lo que le fuere revelado". La misma noche se le reveló a Andrés, uno de los apóstoles, que Juan en su propio nombre debía escribirlo todo y ellos darían su conformidad Por tanto, aunque parezca que se enseñan diferentes comienzos en los diversos evangelios, no es diferente la fe de los fieles, puesto que en todos ellos se ha declarado todo por un mismo Espíritu principal, lo concerniente a su nacimiento, pasión y resurrección, su permanencia con sus discípulos y su doble venida (la primera en humildad, cuando fue rechazado, que ya tuvo lugar; la segunda gloriosa con regia potestad, su regreso).
No tiene nada de extraño, pues, que Juan afirme tan frecuentemente cada cosa en sus cartas diciendo al respecto: "Lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos contemplado, y palparon nuestras manos, estas cosas os escribimos ". Porque de esta forma afirma no sólo ser testigo visual y auditivo, sino también escritor de los maravillosos hechos acerca de nuestro Señor.
Los Hechos de todos los apóstoles han sido escritos en un único libro. Dirigidas al excelentísimo Teófilo, Lucas incluye una por una las cosas que se hicieron en su presencia, como muestra claramente omitiendo la pasión de Pedro y también el viaje de Pablo cuando se puso en camino dejando la ciudad para ir a España. En cuanto a las cartas de Pablo, ellas mismas muestran a aquellos que desean entender desde dónde y con qué motivo fueron enviadas. En primer lugar [escribió] a los Corintios prohibiendo el cisma y la herejía; después a los Gálatas [prohibiendo] la circuncisión; a los Romanos les escribió una larga carta acerca del orden de las Escrituras e insistiendo en que Cristo era su tema principal. No necesitamos discutir acerca de cada una de ellas, ya que el mismo bienaventurado apóstol Pablo, siguiendo el ejemplo de su predecesor Juan, pero sin nombrarle, escribe nominalmente a siete iglesias en el siguiente orden: en primer lugar a los Corintios, en segundo lugar a los Efesios, en tercer lugar a los Filipenses, en cuarto lugar a los Colosenses, en quinto lugar a los Gálatas, en sexto lugar a los Tesalonicenses, en séptima lugar a los Romanos. Y aunque [el mensaje] se repite a los Corintios y a los Tesalonicenses, a quienes escribe dos veces para su corrección, no obstante se reconoce una iglesia difundida por todo el orbe de la tierra. Porque Juan también, cuando escribe a siete iglesias en el Apocalipsis, habla para todas. Más aún, [Pablo escribe] una [carta] a Filemón, otra a Tito y dos a Timoteo con amor y afecto; pero son tenidas por sagradas, sirviendo al honor de la iglesia católica y a la ordenación de la disciplina eclesiástica. Se dice que hay otra carta con el nombre de Pablo a los Laodicenses y otra a los Alejandrinos, [ambas] falsificadas de acuerdo con la herejía de Marción, y muchas otras que no pueden ser aceptadas por la iglesia católica, puesto que no conviene mezclar la hiel con la miel.
Pero la carta de Judas y las dos que llevan el nombre de Juan son aceptadas en la [iglesia] católica, así como Sabiduría, escrita por amigos de Salomón en honor del mismo. El Apocalipsis de Juan también lo aceptamos, así como el de Pedro, que algunos de los nuestros no permiten leer en la iglesia. Pero el Pastor fue escrita por Hermas en la ciudad de Roma muy recientemente, en nuestros tiempos, cuando su hermano Pío ocupaba el sillón de obispo en la iglesia de la ciudad de Roma; y por tanto conviene leerlo, pero no puede hacerse públicamente al pueblo en la iglesia ni incluirlo entre los Profetas, puesto que su número está completo, ni entre los apóstoles, por haber terminado ya su tiempo.'