Historia
NEAU, ÉLIE (1660-1722)
Élie Neau, misionero protestante francés, nació en Moise (Saintonge) en 1660 y murió en Nueva York el 7 de septiembre de 1722. Al verse obligado a huir de Francia a causa de las persecuciones contra los hugonotes, se trasladó a América, donde su hizo súbdito inglés, y se dedicó al oficio de marino, llegando a capitán de la marina mercante. Apresado su buque por un corsario a la altura de las islas Bermudas, con el pretexto de que había incurrido en las penalidades del edicto real que prohibía a los franceses abandonar el territorio de la monarquía, se le condenó a galeras perpetuas, pero al intentar propagar entre sus compañeros las doctrinas calvinistas, fue trasladado a los calabozos del castillo de If (Marsella), de donde salió, gracias a la protección de algunos amigos que pidieron a Guillermo III, rey de Inglaterra, que solicitara su libertad, como, en efecto, lo hizo y obtuvo. Neau se trasladó entonces a Ginebra y desde allí a Holanda e Inglaterra, desde donde volvió de nuevo a América del norte, a fin de reunirse con su esposa e hijos. Dedicado a los negocios, empleó el tiempo que le quedaba libre en la evangelización de los indios y de los esclavos negros, consiguiendo que en el mes de agosto de 1704 la Sociedad inglesa para la propaganda del evangelio le concediera el título de oficial-catequista, ocupándose desde entonces con mayor celo y actividad a su tarea evangélica. A pesar de las dificultades que ponían los dueños de los esclavos a la conversión de los negros al cristianismo, la escuela de Neau progresaba cada día más, llegándose a contar en 1705 más de 200 catecúmenos, de los cuales muchos habían recibido ya el bautismo, estado de cosas que duró hasta que en Nueva York se cerró la escuela evangélica de Neau, por sospecharse que allí se había fomentado un plan tramado por los esclavos para asesinar a sus amos. Gracias a la protección del gobernador de la ciudad y a haberse demostrado que sólo uno de los catecúmenos de la escuela de Neau había tomado parte en ese plan, se le permitió continuar sus trabajos evangélicos, en los cuales persistió hasta su muerte. Neau no dejó libros escritos.