Felipe Neri, fundador de la orden católica de los oratorianos, nació en Florencia el 22 de julio de 1515 y murió en Roma el 26 de mayo de 1595.
Felipe NeriA temprana edad mostró una marcada tendencia hacia la piedad y en 1533 fue a Roma, donde estudió con los agustinos, practicando al mismo tiempo obras de ascetismo, misericordia e instrucción religiosa. El 23 de mayo de 1551 fue ordenadosacerdote en la iglesia de San Juan de Letrán y tomó parte activa en las confraternidades y otras organizaciones evocadas por el avivamiento dentro de la Iglesia católica para fortalecerla y para salvar a la población semi-pagana en cuerpo y alma. Fue uno de los fundadores de la confraternidad de la Santa Trinidad destinada principalmente para el cuidado de extranjeros y pobres. Alrededor de Felipe se congregaron ancianos y jóvenes, sacerdotes y laicos, para meditaciones celebradas cada tarde, que, tras 1556, cristalizaron en forma definida. Las meditaciones vespertinas se celebraban en un oratorio, donde la oración, la lectura de la Biblia, los Padres de la Iglesia e historias de los mártires se alternaban con himnos a los que se les ponía música más popular en carácter que el canto gregoriano. Ninguna alocución duraba más de media hora, quedando excluida toda retórica y casuística. De sus lecturas apologéticas allí pronunciadas formó Baronio el núcleo de su inmortal Annales ecclesiastici y de la música allí cantada surgió el "oratorio". La casa de la comunidad respiraba un espíritu de amistad, alegría y servicio y varias veces por semana el fundador y sus amigos visitaban hospitales para atender a los enfermos, sin olvidar tareas menores fuera y dentro de su propia casa. Felipe estaba firmemente convencido de que la alegría era más apropiada para ganar almas para la virtud cristiana que un aire melancólico. Su aparente ligereza de corazón y sociabilidad le pusieron bajo sospecha de dirigentes más estrictos del movimiento católico reformista, por lo que fue acusado ante el cardenal vicario de Roma de buscar honores vacíos y luchar por altos oficios en la Iglesia bajo la capa de sus conferencias. Él soportó con paciencia su suspensión de oír confesión y de predicar, terminando abruptamente la acusación de que contemplaba la fundación de una nueva secta por la súbita muerte del cardenal vicario. Posteriormente las acusaciones se renovaron, aunque sin perturbar su vena humorística, con la que él parece haber querido refutar el puritanismo farisaico que recorría Roma en ese período. Al mismo tiempo era capaz de una dureza ascética severa, debiendo considerarse que sus biógrafos comúnmente atribuyen su aparente ligereza a su humildad y su determinación para evitar toda alabanza de los hombres. En ese sentido era como el rígido papaSixto V (1585-90), cuyo invencible humor igualmente hizo una profunda impresión en la memoria del pueblo romano. Se hicieron esfuerzos repetidos para inducir a Felipe a que aceptara el capelo cardenalicio, pero en vano. Sin embargo, fue tal su influencia que cuando Clemente VII rehusó liberar a Enrique IV de Francia de la excomunión tras su sumisión a la Iglesia en 1593, Felipe le pidió a Baronio que negara la absolución al papa tras su confesión hasta que se la otorgara. Baronio obedeció temblando, pero la deseada absolución le fue otorgada al rey, lográndose lo que había sido imposible para todo el episcopado de Francia.
Felipe Neri curando al papa CLemente VIII, por Pietro da Cortona, Galería de los Uffizi, Florencia
Los oratorianos fueron confirmados por el papa en 1575 y de nuevo en 1612. Todos los miembros eran iguales teniendo los hermanos incluso poder legislativo y judicial sobre el superior. El gobierno era por voto mayoritario y los miembros de la comunidad eran sacerdotes seculares, no atados por voto, reteniendo sus propiedades y la libertad de retirarse en cualquier momento. Pagaban una cierta cantidad mensual para el mantenimiento de su casa, recibiendo sólo el alojamiento. Sin embargo, su "Institución" contenía muchas reglas estrictas, tales como flagelarse tres veces por semana en memoria de los azotes soportados por Cristo y los problemas y casos de conciencia considerados en las comidas eran designados especialmente para los confesores. Por otro lado, Felipe deseaba que sus seguidores se limitaran a la oración, la administración del sacramento y la predicación. Permitió el establecimiento de casas hijas involuntariamente, pero tales instituciones, una vez fundadas, fueron puestas más o menos bajo la jurisdicción de sus respectivos obispos, por lo que los oratorianos no tenían general, ni convención de delegados ni organización central. Los oratorios de Nápoles y Milán fueron fundados por Tarucci en 1586, casi contemporáneos con los de San Severino, Fermo y Palermo, siguiendo a éstos rápidamente otros. Algunos años antes de su muerte, Felipe dimitió de su puesto como superior en favor de Baronio, aunque hasta su muerte permaneció activo como confesor y en el cuidado pastoral, lleno de profunda humildad hasta el final. En 1622 fue canonizado. Entre los miembros distinguidos de la orden que él fundó estuvieron Baronio y Reynaldo († 1671), los hermanos Thomas y Franciscus Bozius († 1610 y 1635; siendo el primero quien afirmó que Lutero se suicidó y quien relató las terribles muertes de Ecolampadio, Bucero, Calvino y otros en su De signis ecclesiæ, Colonia, 1593), Antonius Gallonius († 1615, autor de De sanctorum martyrum cruciatibus, Roma, 1594), Giovanni Marciano, Andrea Gallandi (editor de la celebrada Bibliotheca veterum patrum, 14 volúmenes, Venecia, 1765) y el cardenal Capecelatro. Entre los oratorianos ingleses establecidos en 1849 estaban F. W. Faber y J. F. Newman.
Un oratorio francés parecido al que fundó Felipe se estableció en París en 1611 por Pierre de Bérulle, quien había nacido en 1575 y murió París en octubre de 1629. Ordenado sacerdote en 1599 y creado cardenal por Urbano VIII en 1627, designó su orden principalmente para escuchar confesiones y la instrucción religiosa. A los oratorianos franceses se les exigía dar a sus respectivos obispos la misma obediencia que los jesuitas daban el papa y la exacción de cualquier voto monástico estaba expresamente prohibida. De los sucesores de Bérulle los primeros dos (Condren 1629-41 y Bourgoing 1641-42) contribuyeron a la extensión de la congregación y a su desarrollo. Estaba más centralizada que la rama italiana y tuvo tanto una convención de delegados como general, quien posteriormente recibió coadjutores. Sin embargo se ganó la enemistad de los jesuitas y posteriormente, una vez que Jansenio hubo invitado a los oratorianos a establecerse en los Países Bajos españoles para enseñar las doctrinas estrictamente agustinianas del pecado y la gracia, quedó involucrado en el destino del jansenismo, además de ser sospechoso de cartesianismo. Sin embargo, en 1760 la congregación poseía 73 casas, 58 en Francia, once en Holanda, dos en Venaissin (un distrito papal en Provenza), una en Saboya y una en Lieja, siendo algunas de ellas seminarios y otras colegios (ambas en distinción a la organización italiana). Tan profundamente resistieron los oratorianos franceses el absolutismo de la Iglesia y el Estado en el siglo XVIII, que al estallido de la Revolución algunos de ellos se unieron con los más nobles defensores del levantamiento. Durante la primera mitad del siglo XIX la congregación estaba en decadencia, pero con el comienzo de la segunda mitad revivió bajo el liderazgo de Pététot († 1887) y comenzó a hacer progresos hacia su antiguo nivel de saber, evidenciándose su éxito por miembros tales como Auguste Joseph Alphonse Gatry y H. de Valroger. Los oratorianoss ingleses, ya mencionados, recibieron muchas adquisiciones del movimiento tractariano y en 1850 tenían casas en las ciudades de Liverpool, Londres y Birmingham. Aquí su organización favoreció su crecimiento, estando más en armonía con las tradiciones inglesas que la mayoría de las órdenes católicas. Ayudaron materialmente al progreso del catolicismo en Inglaterra, en parte por su publicación de los registros de los mártires católicos bajo los Tudor.