Historia

NESTORIO († c. 451)

Nestorio, el famoso patriarca de Constantinopla y fundador de la rama que todavía lleva su nombre, nació en Germanicia, no lejos del límite entre Cilicia y Capadocia y murió en el exilio después del año 451.

Vida y escritos.
Educado en Antioquía, vivió como un monje en un monasterio frente a los muros de la ciudad. Aquí ganó fama como predicador. En abril del año 428 fue consagrado patriarca de Constantinopla, sucediendo a Sisinio († 24 de diciembre de 427), debiéndose su elección a la corte, que no escogería como patriarca a un residente en Constantinopla. La impresión que causó sobre los obispos presentes en su consagración fue extremadamente favorable y rápidamente manifestó gran celo contra las herejías, destruyendo un lugar arriano de adoración en Constantinopla al quinto día de ser consagrado. Pretendió ser el auténtico inspirador del edicto contra los herejes del 30 de mayo del año 428; procedió contra los novacianos, los macedonianos en el Helesponto y los cuartodecímanos en Asia Menor. Sin embargo, en diciembre de 430, Nestorio mismo, el firme oponente de todos los herejes, fue anatematizado como hereje por Cirilo de Alejandría. Antes de proceder a dar un relato del origen de la controversia nestoriana, se deben dar algunas descripciones de los fragmentos de sus numerosos escritos. Genadio (De vir. ill., liv) señala que Nestorio escribió "muchos grandes tratados sobre diversos temas" cuando todavía era presbítero de Antioquía y que tras su consagración escribió una obra sobre la encarnación. Ebed Jesu (J. S. Assemani, Bibliotheca orientalia, III, i. 35-36, Roma, 1719) menciona, además de "varios libros" destruidos por los anti-nestorianos, los siguientes: Liber tragoœdiœ, una historia de su controversia; Liber Heraclidis; Epistola ad Cosmam; una liturgia; Liber epistolarum y Liber homiliarum et orationum. Los fragmentos existentes comprenden sólo sus anatemas contra Cirilo traducidos por Mario Mercator; otros 12 anatemas en traducción siríaca; fragmentos de la "Tragedia"; catorce cartas o fragmentos de cartas; algunos sermones traducidos por Mario Mercator y varias citas en los escritos de Cirilo de Alejandría, Mario Mercator, Casiano, Arnobio el Joven, Leoncio, el Synodicon, las actas del concilio de Éfeso y otras fuentes. Los fragmentos están recogidos por F. Loofs en Nestoriana (Halle, 1905).

Enseñanza.
El origen de la controversia nestoriana sin duda descansa en la antítesis entre la preparación antioquena de Nestorio y las tradiciones alejandrinas, o el matiz apolinarista, que prevaleció en su nuevo entorno. Sin embargo, había representantes de las dos escuelas en Constantinopla antes de que Nestorio llegara y ya era una enconada cuestión si María debía ser llamada madre de Dios o madre del hombre. Nestorio entró en la batalla con el primero de sus "Sermones contra la madre de Dios", pronunciado no después de Navidad de 428. A éste le siguieron rápidamente otros sermones sobre el mismo tema. Declarándose firmemente opuesto al epíteto "madre de Dios" declaró: "María no dio a luz a la divinidad, sino al hombre, el instrumento de la divinidad." Su motivo era el deseo de resaltar la divinidad de Cristo, sosteniendo, como dijo en su primer sermón, que "la criatura no había dado a luz a lo que no es creado." Se sintió ofendido también por el culto a María, fácilmente surgido de la creencia de que era madre de Dios, aunque nunca dejó de reconocer que el epíteto podría emplearse si las ideas y tendencias a las que se ponía se separaban de ello. Sin embargo, ya que tal uso del término, como lo defendía, le parecía ser muy raro al principio de su patriarcado en Constantinopla, recomendó que María fuera llamada "madre de Cristo" en lugar de "madre de Dios." Esto, sostenía, igual que los términos "Hijo "y "Señor" referidos a ambas naturalezas de Cristo. Siguiendo la cristología antioquena, procuró evitar la acusación de que enseñaba dos hijos, diciendo, por ejemplo "no tenemos dos Cristos ni dos Hijos; porque no está con nosotros un primero y un segundo, o uno y otro, o un Hijo en un momento y otro en otro, sino que el mismo es doble, no en honor, sino en naturaleza." Aunque sostenía que la mayoría de las declaraciones de la Biblia sobre el Hijo de Dios se refieren al Verbo encarnado, Nestorio enseñaba que después de la encarnación el Hijo de Dios no era más el Logos per se. La base inmediata es puramente antioquena, declarando enfáticamente que el Hijo era doble en naturaleza y que la madre de Cristo engendró al Hijo de Dios como hombre, quien era el Hijo mediante el Hijo conjuntado, distinguiendo de esta manera las naturalezas pero unificando su adoración. Por otro lado, Nestorio modificó el duofisismo antioqueno, al sostener que cada naturaleza funcionaba compartiendo las propiedades particulares de la otra. Su cristología estaba basada en la doble primitiva idea del Cristo histórico que fue la base de la cristología más antigua, diciendo: "Confesamos a Dios en el hombre, reverenciamos al hombre adorado junto con Dios Todopoderoso por la unión divina." La sinceridad de su empresa, a pesar de su duofisismo, para contemplar un solo Dios-hombre se muestra en su denuncia como monotelita por el sínodo de 680 porque había escrito "Dios el Logos no era uno y el hombre nacido otro, pues hubo una persona de ambos, no distinguida en reverencia y honor ni en manera ni tiempo por diferencia de decreto o voluntad."

Comienzo de la oposición.
La condenación de Nestorio por esas enseñanzas la realizó Cirilo de Alejandría, aunque Nestorio ya había encontrado considerable oposición en Constantinopla. Nestorio no dejó de devolver los ataques, procurando la condenación de Felipe, uno de sus antiguos rivales para el patriarcado. Pero a pesar de todas sus dificultades, pudo escribir al papa Celestino (Mansi, Concilia, iv. 1022 D, 1024 C), que la iglesia de Constantinopla estaba floreciendo. Al final del año 430 él y su clero determinaron en qué sentido el término "madre de Dios" podría y debía usarse, retrayéndose de esta manera de su oposición a la frase, por lo que Juan de Antioquía pensó que los problemas en Constantinopla llegaban a su fin. Las quejas de Cirilo y los monjes opuestos a Nestorio, alegando un grave cisma en Constantinopla, no merecen crédito. Mientras estaba en Antioquía, Nestorio parece haber preparado sermones para publicarlos y tras su consagración unificó esos antiguos sermones y los más recientes, incluyendo varios sobre la madre de Dios, en un libro de considerable tamaño (como muy tarde para comienzos de 429), circulando después otros sermones posteriormente pronunciados. Los sermones individuales, o posiblemente el libro entero, fueron enviados por Nestorio a Roma y una colección de sus sermones también halló camino a Egipto, indudablemente sin el deseo de su autor. Poco después de Pascua de 429, Cirilo tuvo ocasión de escribir a todos los monjes en Egipto justificando el uso del término "madre de Dios" y oponiéndose a los argumentos de Nestorio sin mencionar su nombre. Copias de esta carta se llevaron a Constantinopla, donde fortalecieron la oposición, entonces débil, contra Nestorio. Focio, un presbítero de Nestorio, escribió contra la carta de Cirilo y Nestorio predicó un sermón para demostrar que el Logos no pudo estar sujeto ni al nacimiento ni al sufrimiento. Tanto la carta como el sermón se mandaron a Alejandría, pero antes de que llegaran allí Cirilo escuchó la desaprobación de su oponente hacia su actitud y escribió su primera carta a Nestorio. Durante un tiempo la correspondencia se mantuvo con cortesía externa, pero pronto la hostilidad entre los patriarcas se hizo irreconciliable. Esto se debió menos a razones dogmáticas que a calumnias atribuidas a Nestorio contra Cirilo. Éste escribió su segunda carta a principios de 430 en la que, tras una breve mención de las acusaciones alejandrinas, procedió a instruir a Nestorio en la verdadera fe. Aunque parecería de esas cartas que la controversia era esencialmente teológica, la carta de Cirilo al clero de Constantinopla, escrita casi al mismo tiempo, deja claro que su verdadero motivo era su temor a ser citado a comparecer en Constantinopla para responder sobre las acusaciones vertidas contra él.

Ataque formal.
Su guerra de exterminio contra Nestorio acababa de comenzar. Para este fin escribió tres largas cartas atacando a su rival ante el emperador, su hermana y la emperatriz y al mismo tiempo procurando ganarse a Celestino, de cuya posición no estaba seguro. Para este último propósito escribió, a principios de 430, sus cinco libros "Contra las blasfemias de Nestorio", atacando en detalle 43 citas de los escritos de su antagonista. En la primavera de ese año envió esta obra, junto con numerosos sermones de Nestorio, y sus dos cartas a él, a Celestino, con una inteligente carta al papa, no libre de malas interpretaciones. El resultado fue plenamente el éxito de Cirilo, aunque la razón es en alguna forma problemática. Parece que Cirilo convenció a Celestino de que "en un tiempo Nestorio hizo de Cristo un mero hombre y en otro le atribuyó la participación de la divinidad." Esta es la actitud, al menos, asumida por Casiano en De incarnatione Domini contra Nestorium. Al mismo tiempo Celestino estaba evidentemente ofendido con Nestorio por su bondadosa, pero inocente, recepción a Celestio, Juliano y otros tres obispos, que habían sido convictos de pelagianismo en el oeste. Posiblemente Nestorio no pudo haber simpatizado con sus ideas, ni intentó oponerse al papa. Supo de la naturaleza de las acusaciones contra ellos por el Commonitorium de Mario Mercator, que resultó en la expulsión de los pelagianos de Constantinopla. Nestorio había escrito a Celestino al menos dos veces para saber las razones de su condenación en Roma, pero el papa estaba tan ofendido por la protección del patriarca a los refugiados que dejó sus cartas sin contestar.

El siguiente es un extracto de su segunda carta a Celestino:

'[...] de tal manera que algunos presbíteros de entre nosotros, unos por impericia, otros por fraude herético oculto de antiguo en ellos, como en otros muchos casos en tiempos de los Apóstoles, enferman como herejes y blasfeman abiertamente que el Verbo Dios, de la misma esencia (homoousios) que el Padre, tomó principio de la Virgen madre de Cristo (christotocos), fue edificándose juntamente con su templo y fue sepultado con la carne; y que la carne no siguió siendo carne tras la resurrección, sino que adquirió naturaleza divina. Para decirlo en pocas palabras: ponen en relación la divinidad del Unigénito con el origen de la carne con la que se une, y la hacen sufrir con la carne; en cambio la carne unida a la deidad blasfeman que pasa a ser divinidad, usando la palabra «deificación», lo cual no es más que corromper lo uno y lo otro. A la Virgen madre de Cristo (christotocos) se han atrevido a divinizarla en cierto modo, porque no sienten horror de llamarla madre de Dios (theotocos), siendo así que los santos e inefables padres en Nicea no dijeron de la santa Virgen sino que nuestro señor Jesucristo se encarnó por obra del Espíritu Santo en María Virgen. Y no me detengo en citar las Escrituras, en las que en todas partes ángeles y apóstoles predican a la Virgen madre de Cristo, no de Dios Verbo.
Supongo que ya habrá llegado a tu Beatitud cuántas contiendas hemos mantenido por todo esto; pero conviene que sepa también que no hemos luchado en vano, porque, por la gracia del Señor, se han enmendado muchos de los que se habían pervertido, apartándose de nosotros [...] Si alguien propone esta expresión «madre de Dios» (theotocos) no por la que da a luz, sino por haber nacido la humanidad unida al Verbo Dios, afirmamos que este vocablo no es conveniente en la que da a luz (porque lo conveniente es que una verdadera madre sea de la misma esencia que el que nace de ella), aunque se puede consentir el vocablo si solamente se le aplica a la Virgen porque de ella proviene el templo inseparable del Verbo Dios, no porque ella sea madre del Verbo Dios, pues nadie da a luz a quien le es anterior...'
En agosto de 430, Celestino celebró un sínodo en Roma y excomulgó a Nestorio, a menos que públicamente se retractara en el plazo de diez días tras conocer el decreto. Escribió al mismo efecto a Nestorio, al clero de Constantinopla, a Juan de Antioquía, a Juvenal de Jerusalén, a los obispos macedonios y a Cirilo. Éste último fue formalmente autorizado a pronunciar el anatema contra Nestorio a menos que se retractara en el plazo señalado. Cirilo convocó su sínodo en Alejandría a principios de noviembre y escribió una carta sinodal a Nestorio, que le fue dada, junto con una carta de Celestino el 6 de diciembre de 430. Cirilo ahora podía considerar que estaba cercana su meta de aplastar a Nestorio, si podía tener el mismo éxito en la corte deteniendo los cargos contra él mismo acusando a su oponente. Pero en esto fracasó y aunque el curso de los acontecimientos es oscuro, es cierto que su carta tuvo una recepción poco favorable en la corte y que las acusaciones contra él eran todavía creídas. Nestorio mismo, quien disfrutaba del favor de la corte, concibió el propósito de celebrar un sínodo general en el verano de 430 para discutir primariamente otros asuntos eclesiásticos y no su controversia con Cirilo, aunque esto último también se consideraría sin duda. El emperador Teodosio convocó el sínodo a celebrarse en Éfeso en Pascua de 431, manifestando al mismo tiempo de nuevo su desaprobación hacia Cirilo. Bajo esas circunstancias Nestorio estaba poco perturbado por las cartas de Celestino y Cirilo. Tenía el apoyo de su clero y rápidamente opuso 12 contra-anatemas a los doce anatemas de Cirilo añadidos a su carta sinodal, que fueron igualmente ofensivos para Juan de Antioquía, Teodoreto y Andrés de Samosata.

Concilio de Éfeso
Concilio de Éfeso

El concilio de Éfeso.
Tras un retraso, el concilio de Éfeso se inauguró el 22 de junio de 431, con 198 obispos, 50 de los cuales eran partidarios de Cirilo, quien también estaba apoyado por 40 obispos de Asia y 12 de Panfilia, mientras que Juan de Antioquía con sus obispos y los delegados de Roma iban todavía de camino. El comisario imperial Candidiano y 68 obispos disidentes pidieron en vano que el concilio no se inaugurara hasta que todos estuvieran. Ya el primer día del concilio Nestorio fue condenado y declarado desposeído de todo oficio clerical. Sin embargo, el emperador, el 29 de junio, mandó que el asunto tuviera una consideración añadida. Mientras tanto, habían llegado los obispos antioquenos a Éfeso, inaugurando un concilio paralelo el 27 de junio en el que excomulgaron a los partidarios de Cirilo y declararon a Cirilo y su principal seguidor, Memnon de Éfeso, depuestos. Esta condenación fue firmada por 43 obispos y ambas partes procuraron mediante sus simpatizantes defenderse en la corte. Los enviados romanos llegaron en julio, se unieron a Cirilo y celebraron una segunda sesión el día 10 de julio, uniéndose al siguiente día a la condenación de Nestorio. Otras sesiones del concilio de Cirilo se celebraron el 16, 17 y 22 de julio y 31 de agosto; pero la decisión real estaba en la corte, ya que las facciones de Cirilo y Nestorio rehusaban cambiar sus posiciones. Aunque todavía mantenía sus ideas, Nestorio se declaró dispuesto a retirarse a su monasterio en Antioquía. En la primera mitad de agosto la corte envió al comes sacrorum Juan y confirmó la deposición de ambos concilios. Cirilo y Memnon quedaron internados y Nestorio quedó bajo la custodia de su amigo Candidiano. Juan fue incapaz de reconciliar a las facciones, siendo citados ocho delegados de ambas partes a la corte imperial. Es notorio que la facción antioquena, que incluía a Juan de Antioquía y Teodoreto, no hizo petición especial en favor de Nestorio, mientras que sus oponentes trabajaron intensamente en favor de Cirilo y Memnon. A Nestorio se le exigió que se retirara a su monasterio en Antioquía, obedeciendo rápidamente. A partir de ahí él estuvo muerto para la corte, donde la influencia alejandrina, por alguna razón desconocida, no llegó a ser suprema y el 25 de octubre de 431 Maximiano fue consagrado patriarca de Constantinopla, mostrando enseguida su simpatía hacia Cirilo ,al destituir a cuatro de los principales ayudantes de su predecesor.

Sucesos hasta la muerte de Nestorio.
A pesar de la victoria de Cirilo, su éxito fue todavía parcial pues la unión eclesiástica entre él y los antioquenos estaba rota. Sin embargo, el emperador forzó la paz en la Iglesia y tras una larga serie de negociaciones en las que Pablo de Emesa actuó como mediador y se intercambiaron cartas no sólo entre Cirilo y Juan de Antioquía, sino también entre este último y el papa Sixto y Maximiano de Constantinopla, Cirilo, en la primavera de 483, aceptó un credo que le presentó Juan (que muestra una sorprendente similitud con el credo antioqueno de 431, que se atribuye con autoridad crediticia a Teodoreto y que Nestorio mismo podía haber suscrito), mientras que Juan asintió a la condenación de Nestorio y reconoció a Maximiano como patriarca. Esta paz provocó el cisma de los nestorianos persas y fue también desagradable para muchos antioquenos, incluyendo a Teodoreto y Acacio de Berea. Algunos de los obispos incluso estuvieron dispuestos a ser desposeídos, aunque en el curso de los años fue posible para amigos tan decididos de Nestorio, como Ireneo, que fueran consagrados obispos. El problema dogmático estaba todavía irresuelto, siendo trillado de nuevo en el eutiquianismo. Nestorio vivió en alta estimación en Antioquía tras el otoño de 431, aunque Celestino pidió que fuera desterrado de toda relación humana. El 30 de julio de 435 Teodosio promulgó un edicto en el que catalogó a los nestorianos con el nombre de simonianos y ordenó que los escritos de Nestorio fueran quemados. Hacia el mismo tiempo, Nestorio fue desterrado al oasis en Egipto. La razón para esta dura medida se desconoce, pero no es imposible que o bien su Tragædia haya provocado el disgusto imperial o que Juan de Antioquía fuera perturbado por la presencia en la misma ciudad del amigo a quien él negó. Nestorio todavía vivía en el oasis cuando Sócrates terminó su historia de la Iglesia en 439. De hecho, el Liber Heraclidis demuestra que sobrevivió a la inauguración del concilio de Calcedonia (450). Evagrio ha preservado dos cartas escritas durante su destierro, según las cuales fue liberado por un ataque de los nómadas al oasis, entregándose al gobernador de Tebaida "para no ser sospechoso de huir o de otro crimen." Entonces fue llevado en un plazo de tiempo corto de un lugar de destierro a un segundo, luego a un tercero y después a un cuarto. El tenor de esas cartas y otros detalles de la vida de Nestorio durante su exilio se aprecian en el Liber Heraclidis, accesible todavía, aunque sólo en siríaco.