Historia
NEWMAN, JOHN HENRY (1801-1890)

Según Dean Church "el Movimiento de Oxford fue el resultado directo de las investigaciones sinceras y de la relación desde 1826 hasta 1833 de Keble, Froude y Newman. Keble dio la inspiración, Froude el ímpetu y Newman hizo la obra." El mismo autor califica al libro de Newman Arians of the Fourth Century (1833) "un libro que por originalidad y sutileza de pensamiento fue algo muy inusual para los escritos teológicos corrientes de la época." Con esta publicación la fama de Newman como autor quedó asegurada. Hacia el final del año 1835 el doctor Pusey se unió al Movimiento de Oxford, convirtiéndose (a los ojos del mundo) en su cabeza oficial. En 1836 Renn Dickson Hampden era profesor regius de teología en Oxford, surgiendo considerable oposición contra él a causa del liberalismo de sus conferencias Bampton. Newman tomó una parte dirigente en la controversia por sus Elucidations of Dr. Hampden's Theological Statements (Oxford, 1836), abriendo los ojos de muchos al significado del movimiento y haciendo amigos cada día. Luego siguieron una serie de obras en defensa del anglo-catolicismo, siendo la primera Lectures on the prophetical Office of the Church, Viewed relatively to Romanism and Popular Protestantism (1837), que le ocupó tres años. En 1838 publicó Lectures on Justification y su tratado sobre el Anticristo. Esas publicaciones fueron grandemente responsables de la formación de una escuela de opinión, que en su momento entró en colisión con la nación y la Iglesia de la nación. Hacia ese tiempo Newman era editor de British Critic, que fue usado como órgano principal del tractarianismo y ya entonces su influencia era amplia. Mientras la idea de la Iglesia de Inglaterra expuesta en su Prophetical Office of the Church (1837) es la idea anglicana reconocida, en 1839 él mismo comienza a cuestionar su exactitud, fortaleciéndose sus dudas por el artículo del cardenal Wiseman sobre la "pretensión anglicana" en Dublin Review (1839).
Durante los años en los que el movimiento tractariano se mantuvo Newman escribió 34 tratados. El Tract 90 lo escribió en 1841, siendo el resultado que el movimiento quedó fuera de la ley y la posición de Newman insostenible. En julio del mismo año renunció a su cargo de editor de British Critic en favor de su cuñado Thomas Mosley. Al año siguiente se retiró de Oxford y se fue a Littlemore, pasando tres años aislado; en febrero de 1843 publicó en Conservative Journal una retractación de su rigor sobre la Iglesia de Roma y en septiembre del mismo año renunció al beneficio de Santa María. Durante el escrito de su Essay on the Development of Christian Doctrine (1845) se evaporaron gradualmente sus dudas sobre la Iglesia católica, siendo recibido en esa Iglesia el 9 de octubre de 1845. Este suceso fue de gran importancia para la Iglesia anglicana, provocando el final del Movimiento de Oxford. Newman dejó Oxford el 23 de febrero de 1846 para ir a Oscott y en octubre del mismo año fue a Roma, donde fue ordenado sacerdote y recibió el doctorado. A finales del año siguiente regresó a Inglaterra comisionado por Pío IX para introducir el oratorio en su patria, fundándolo en Alcester Street, Birmingham, y posteriormente en Edgebaston. Su Discourse to Mixed Congregations (1849) es un volumen que le muestra en este tiempo en la cima de sus logros como predicador. Ese mismo año ayudó a los sacerdotes católicos de Bilston durante una epidemia de cólera, arriesgándose él mismo en los puestos más peligrosos. En 1851 fundó el oratorio de Londres, mientras que en 1850 publicó Lectures on Certain Difficulties felt by Anglicans in Submitting to the Catholic Church. En octubre de 1850 se restauró la jerarquía romana de Inglaterra (también llamada la Agresión Papal), produciendo una violenta agitación anticatólica. La siguiente obra de Newman fue Lectures on the Present Position of Catholics in England (1851). En una de ellas atacó en un lenguaje tan claro la depravada naturaleza de un monje apóstata llamado Achilli, usado en la agitación anti-romana, que se profirieron cargos por libelo contra él. Sus acusaciones las demostraron testigos traídos para el propósito de Italia, pero el jurado, bajo la influencia de la acusación por el magistrado, emitió un veredicto contra Newman, siendo multado con 100 libras por el juez Coleridge el 23 de enero de 1853. En 1854 fue a Dublín como rector de la universidad católica. El único resultado literario de esta experiencia fue Idea of a University (1873). En 1858 regresó a Birmingham donde propuso, aunque fracasó en llevarlo a cabo, el establecimiento de una casa hija del oratorio en Oxford. En 1859 estableció en Edgebaston la escuela para los hijos de católicos acomodados. En réplica a una crítica adversa (de hecho una declaración pervertida) realizada por Charles Kingsley en 1864 Newman publicó Apologia pro Vita Sua, una obra que ha sido estimada de vindicación triunfante de su integridad y honestidad de propósito a lo largo de su vida. En 1874 respondió a un artículo escrito por Gladstone para Contemporary Review y también Vatican Decrees de Gladstone, mediante su Letter to the Duke of Norfolk, en la que criticó severamente las declaraciones extremas de algunos católicos en relación a la materia en discusión. En 1877 Newman fue elegido miembro honorario de Trinity College, Oxford, y en febrero de 1878 visitó Oxford por vez primera en 32 años. Poco después de que León XIII fuera elegido papa, varios laicos destacados ingleses católicos le presentaron la gran obra que Newman había realizado en Inglaterra, siendo el resultado que fue llamado al colegio cardenalicio. Este honor fue apreciado especialmente porque no era esperado y porque estaba exento de residencia en la corte pontificia. El 12 de mayo de 1879 fue formalmente creado cardenal con el título de St. George in Velabro. Hizo una visita más a Trinity College, Oxford, y predicó en la iglesia de St. Aloysius. A partir de entonces fijó su residencia en Edgebaston.
De la parte final de su sermón "La voluntad de Dios es el fin de la vida" es el siguiente pasaje:
"El mundo pasa a través de las edades, pero los santos ángeles y los benditos santos siempre están clamando, ¡Ay, ay, ay! y ¡Ay de vosotros, ay de vosotros!, por las vocaciones perdidas y el desengaño de las esperanzas, y el desprecio por el amor de Dios, y la ruina de las almas. Una generación sucede a otra, y ellos, al mirar a la tierra desde sus tronos de oro, no ven otra cosa que una multitud de espíritus guardianes, abatidos y tristes, en la que cada cual sigue al que está confiado a su cuidado, con ansiedad, terror o desesperación, tratando vanamente de escudarlo contra el enemigo, y fracasando porque no quiere ser escudado. Los tiempos llegan y desaparecen, y el hombre no quiere creer que lo que ha de ser, todavía no es, y que lo que ahora es, solamente continúa por un tiempo, pero no es la eternidad. El fin es el juicio; el mundo se pasa; es solamente un espectáculo y una escena; los altos palacios se derrumban, la bulliciosa ciudad enmudece y los barcos de Tarsis van desapareciendo velozmente. La muerte llega para el corazón y la carne; el velo se rasga. Alma que estás por partir, ¿cómo has empleado tus talentos, tus oportunidades, la luz que tuviste en ti misma, las amonestaciones recibidas y la gracia que te inspiró? Oh, mi Señor y Salvador, sostenme en esa hora en los fuertes brazos de tus sacramentos, y por la renovada fragancia de tus consolaciones. Permite que se digan sobre mí las palabras absolutorias, y que el óleo santo me señale y me selle; que tu sangre me rocíe y que mi dulce Madre María sople sobre mí, y mi ángel susurre paz, y mis gloriosos santos y mi propio padre, Felipe, sonría sobre mí; que en todos ellos, y por medio de todos ellos pueda recibir el don de la perseverancia y muera, como deseo vivir, en tu fe, en tu Iglesia, en tu servicio y en tu amor."