Historia

NICOLÁS II († 1061)

Nicolás II (Gérard de Bourgogne), papa entre los años 1058 y 1061, nació en Borgoña y murió el 27 de agosto de 1061 en Florencia.

Mapa del imperio germánico bajo los emperadores francos (sálicos) 1024-1125
Mapa del imperio germánico bajo los emperadores francos (sálicos) 1024-1125
Inmediatamente tras la muerte de Esteban X (29 de marzo de 1058) la facción aristocrática en Roma procedió para que el elegido fuera un candidato de su línea, siendo entronizando el 5 de abril el obispo Giovanni de Velletri como Benecito X. Dándose cuenta de que esta promoción podía reproducir la condiciones que anteriormente hicieron necesaria la intervención de Enrique III, Hildebrando entró en contacto con el duque Godofredo, para que el obispo Gérard de Florencia suplantara a Benedicto, haciendo que una facción de los romanos de Benedicto se apartara de él y se adhiriera a Gérard, obteniendo la propuesta elección del obispo de Florencia el consentimiento de la emperatriz de Alemania. Por lo tanto, los cardenales que habían huido de Roma, fueron convocados en Siena y Gérard fue elegido papa en diciembre de 1058. En enero de 1059, Benedicto X fue expulsado de Roma y el 24 de enero Gérard fue entronizado como Nicolás II.

Los sucesos mostraron que los normandos no serían expulsados del sur de Italia por la fuerza, entrando Nicolás II en términos pacíficos con ellos en agosto de 1059. Le otorgó al duque Roberto Guiscard las regiones de Apulia, Calabria y Sicilia; al príncipe Ricardo la de Capua, recibiendo a su vez juramentos de fidelidad. Roberto prometió observar lealtad al papa, apoyar a la Iglesia de Roma en el mantenimiento de sus prerrogativas y posesiones, ayudar al papa Nicolás en la salvaguarda honorable del papado romano y finalmente, a la muerte de Nicolás II o sus sucesores, prestar atención a la amonestación de los cardenales y darles ayuda en la elección de un nuevo papa, guardando el honor de San Pedro. En los términos de un segundo juramento, y para enfatizar la relación de vasallo y señor, Roberto prometió entregar un tributo anual de doce denarii al papa por cada yugo de bueyes. De esta manera los normandos obtuvieron el reconocimiento de los frutos de su política de conquista y el derecho a esperar más extensiones territoriales, a la vez que el papa ganaba tal apoyo militar que le hacía independiente del imperio occidental y del oriental. Gracias a la ayuda de los normandos el papa Benedicto X se vio obligado a capitular en Galera en el otoño, quedando anulada la facción de la nobleza papal. Esta alianza con los normandos tuvo su complemento en un entendimiento con los patarinos, en el norte de Italia, cuyo resultado inmediato fue la sujeción de Milán a la sede papal.

Escudo de armas de Nicolás II
Escudo de armas de Nicolás II
Los efectos de esas alianzas con los normandos y los patarinos se pusieron de manifiesto en el sínodo de Letrán en abril de 1059. El sínodo no podía pretender que representaba a toda la Iglesia, pues apenas sino eclesiásticos italianos estaban presentes. Su resolución más importante fue la adopción de la celebrada ley con referencia a la elección papal que instituía nuevos cánones de procedimientos sobre la misma. Esta ley contiene las siguientes providencias: (1) Que tras la muerte del papa y primeros en orden los cardenales obispos se reunirán para deliberar quién será el sucesor. Cuando hayan alcanzado un acuerdo, se reunirán con los cardenales clérigos y juntamente con ellos completarán la elección, a la que el resto del clero y el pueblo de Roma darán su confirmación en forma de conclusión. (2) Los cardenales obispos y cardenales clérigos tomarán la iniciativa, en el curso de la elección, seguidos por los otros participantes. (3) El candidato a la dignidad papal será buscado, en primer lugar, entre el clero romano; pero si no hubiera elección apropiada, se podrá elegir uno de cualquier sitio. (5) Roma ostenta el primer puesto como lugar de elección. En la contingencia de que debido a la depravación de hombres malos, una elección pura y sin adulterar fuera realizada en otro lugar, los cardenales obispos tendrán el derecho, junto con los cardenales clérigos y laicos devotos, aunque sean pocos en número, a elegir al papa en el lugar más apropiado. (6) En la contingencia de que, después de la elección, algunos emprendieran la guerra o cualquier acción malévola que impida al pontífice ser entronizado en la sede apostólica de acuerdo al uso tradicional, ello no supondrá obstáculo para que, una vez elegido, posea la autoridad eclesiástica plena como papa. Esta cláusula va corroborada por el párrafo sobre la realeza (4) 'Por tanto, obligado honor y respeto será observado a nuestro amado hijo Enrique III, quien es el actual rey, y en quien la esperanza está puesta de que con la ayuda de Dios sea un día emperador; ya que Nos le hemos otorgado aprobación, como a sus sucesores, que han obtenido este derecho (la dignidad imperial) de esta sede apostólica'. Esta ley procuraba por encima de todo legalizar, por procedimiento canónico, el curso seguido en la elevación de Nicolás II. Se trataba de someter la elección papal a una nueva serie de factores, por lo que marca un punto de inflexión en la historia de las elecciones pontificias.

En el sínodo de 1059 se tomaron medidas referentes al celibato, aprobándose una ley que prohibía las investiduras laicas. Al mismo tiempo Berengario de Tours se retractó de su doctrina sobre la eucaristía. En un nuevo sínodo en la primavera de 1060 se emitió un decreto contra los simoníacos, siendo Benedicto X solemnemente despojado de su dignidad y ratificada la nueva ley de elección. Poco después de este sínodo el cardenal-sacerdote Esteban fue como legado papal a la corte alemana para aquietar la inquietud prevaleciente, pero tras esperar cinco días en vano por una audiencia, se vio obligado a regresar a Roma sin haber entregado el mensaje del papa. Este abrupto rechazo fue seguido, tal vez no antes de la primera parte de 1061, por la adversa declaración episcopal alemana sobre la curia. El tiempo exacto y el lugar de esta transacción se desconoce. Aquellos prelados alemanes resolvieron entonces no sólo anular las disposiciones papales, sino incluso desposeerlo, aunque no hubo consecuencias políticas ni eclesiásticas. Nicolás II no fue un papa eminente, pero su breve pontificado se distingue por importantes y fructíferos sucesos.