Historia

NILO DE SINAÍ († c. 430)

Nilo de Sinaí, alumno y amigo de Crisóstomo, murió hacia el año 430. El griego Menologium afirma que procedía de noble familia, alcanzando altos puestos civiles, incluso el de exarca, y un matrimonio de gran ventaja, pero lo dejó todo para vivir la vida de un ermitaño en el monte Sinaí con su hijo Teodulo, mientras que su esposa y otro hijo ingresaron en un convento egipcio. Fue un prolífico autor. Sus obras existentes (Migne, Patrologiae cursus completus, lxix. 81-1280) incluyen numerosas cartas y composiciones cortas y doce o catorce tratados largos, que tratan sobre la vida cristiana en general o sobre el ascetismo. A la primera clase pertenece Peristeia ad Agathium, un tratado sobre el logro de la virtud y el repudio del vicio, y Tractatus de oratione, el más importante de esta clase; el Tractatus de octo spiritibus malititiæ, probablemente es una adaptación libre de una obra similar de Evagrio Póntico; Tractatus ad Eulogium de vitiis quæ opposita sunt virtutibus, probablemente espurio; De octo victiosis cogitationibus, valorado como una compilación por un imitador posterior de Nilo; Capita xxvii de diversis malignis cogitationibus y una homilía sobre Mas velad en todo tiempo, orando para que tengáis fuerza para escapar de todas estas cosas que están por suceder, y podáis estar en pie delante del Hijo del Hombre.[…]Lucas 21:36; las obras pertenecientes a la vida monástica son siete narrativas sobre el asesinato de algunos monjes de Sinaí por los bárbaros y la salida de su hijo; una eulogía del ermitaño de Nitria, Albiano; otra de la vida ascética como la verdadera continuación del cristianismo primitivo; una carta de enseñanza y aviso a Magna, diaconisa de Ancira y De monachorum præstantia, una comparación del ermitaño con el cenobita, para ventaja del primero.

La colección de sus cartas, editadas por P. Poussin (París, 1657) contiene trescientas cincuenta y cinco; las publicadas por León Allatius (Roma, 1668) contiene mil sesenta y una, incluyendo breves notas, pero probablemente ninguna de ellas es auténtica en su forma actual. Dos series de sentencias éticas y ascéticas (Migne, Patrologiae cursus completus, lxxix. 1239-62) no son tampoco de su mano. Los escritos de Nilo dan en general un cuadro edificante del monasticismo de su día. Pero con toda su admiración por la vida monástica, reconoce sus peligros, avisando a sus discípulos contra el orgullo y la pereza y contra las consecuencias perjudiciales del exagerado ascetismo. Pone su sabiduría frecuentemente en forma de proverbios, cuya forma de ritmo y epigrama recuerdan a los del Antiguo Testamento. Su contenido es una notoria combinación de ecos de la literatura y filosofía clásicas con ideas cristianas y principios ascéticos. A estos últimos no duda en referirlos directamente a Cristo. El 'filósofo' cristiano debe ser libre de los lazos afectivos, cuidados terrenales y obstáculos del cuerpo. La renuncia de los bienes mundanos y deseos sensuales libera al alma para la comunión directa con Dios y la incorporación mística con Cristo. La altura de esos ideales contrasta cuando desciende a las condiciones actuales, admitiendo el poder de la naturaleza, rechazando a los que no son llamados a la vida ascética, reprendiendo a los vagabundos ociosos que van de lugar en lugar, aliviando los rigores extremos mediante consejos saludables y llamando en su ayuda a la fuerza del hábito, que en última instancia suplirá una nueva naturaleza en lugar de la antigua. Las cartas, asumiendo que la mayor parte son genuinas, muestran por la variedad de personas desconocidas a quién van dirigidas (hombres y mujeres, clérigos y laicos, abades y monjes) y cuántos lazos unían todavía a un venerado ermitaño con el mundo que había dejado.