Historia

OATES, TITUS (1649-1705)

Titus Oates, inventor de la famosa Conspiración Papista, nació en Oakham, a 14 kilómetros al sudeste de Melton Mowbray, en 1649 y murió en Londres el 12 o 13 de julio de 1705.

Titus Oates
Titus Oates, por Robert White
National Portrait Gallery
Familia.
Era hijo de Samuel Oates (1610–1683), rector de Marsham en Norfolk, descendiente de una familia de tejedores de cintas de Norwich, que abandonó la Iglesia anglicana y ganó cierta fama como 'dipper' o bautista en East Anglia en 1646. En 1649 parece haber sido capellán del regimiento del coronel Pride, pero Monck lo expulsó de ese puesto en 1654 por provocar la sedición en el ejército. En 1666 recibió un beneficio en la iglesia, All Saints, Hastings, pero fue expulsado por prácticas indebidas en 1674. Wood declara que murió el 6 de febrero de 1683 (Life and Times, iii. 36; comp. Addit. MS. 5860, f. 288). Según el propio testimonio de Oates cuando solicitó el pago de los atrasos de su pensión en 1697, su anciana madre, cuyo nombre se desconoce, vivía en ese año. También parece haber tenido un hermano llamado Samuel (Trial of Thomas Knox and John Lane, 1679).

Primeras andanzas.
Titus ingresó en Merchant Taylors' School en junio de 1665, pero fue expulsado en el curso de su primer año, yendo a la escuela Sedlescombe, cerca de Hastings, de donde pasó, en 1667, como estudiante pobre, a Gonville y Caius College, Cambridge. A principios de 1669 se trasladó a St. John College, donde su padre, ahora celoso anglicano, que lo había bautizado, le buscó un tutor arminiano. Su elección recayó en el doctor Thomas Watson, quien dejó esta nota sobre su alumno (ahora preservada en Baker MSS. en St. John): 'Era un gran zopenco metido en deudas; y, al tenerse que ir por falta de dinero, nunca se graduó' (Mayor, St. John's College Register; comp. Wilson, Memorabilia Cantabrigiana, 1803, p. 69). Sin embargo, después de algunos fracasos, Oates se las arregló para 'entrar en órdenes' en la Iglesia anglicana, siendo instituido para la vicaría de Bobbing en Kent el 7 de marzo de 1673, por presentación de George Moore (Reg. Sheldon. Archiep. Cantuar. f. 534). En 1674 dejó Bobbing, con una licencia de no residencia, siendo coadjutor de su padre en All Saints, Hastings. Allí, a los pocos meses de su llegada, fue parte de una acusación muy vergonzosa, inventada por él y su padre, contra cierto William Parker, un maestro de escuela local. La acusación fue anulada, Oates fue arrestado en una acción por 1.000 libras de daños y encerrado en prisión, mientras su padre fue expulsado de su beneficio (Wood, Life and Times, Oxf. Hist. Soc. ii. 417). Titus fue trasladado a la prisión de Dover y probablemente fue en relación con este caso que, en 1675, se emitió un mandato judicial a la corporación de Dover para llevar al tribunal del rey una acusación de perjurio proferido por Francis Norwood contra Oates. Antes de que saliera el caso, Oates logró escapar de la cárcel de Dover y se escondió en Londres durante unas semanas, obteniendo al final de ese período un puesto como capellán a bordo de un barco del rey, pareciendo haber hecho el viaje a Tánger. Pero a los pocos meses, fue expulsado de la marina. Aunque era un delincuente, se las arregló para obtener el puesto de capellán de los protestantes en la casa del duque de Norfolk. En Arundel entró en contacto con varios católicos y es probable que allí concibiera por primera vez el plan de entrar en consejo secreto y traicionar para su beneficio personal al gobierno. Las circunstancias favorecieron tal plan. En el invierno de 1676, una vez más en Londres y en una situación de pobreza, Oates se encontró con Israel Tonge, rector de St. Mary Staining, y anteriormente vicario de Pluckley en Kent. Oates probablemente lo había conocido durante su breve residencia en la parroquia vecina de Bobbing. Tonge ahora estaba dedicando todas sus energías a la producción de diatribas contra los jesuitas, de quienes sospechaba que estaban tramando una versión inglesa de la Matanza de San Bartolomé. A cambio de comida y refugio, Oates se unió a él en sus labores literarias, y durante un breve período se alojó en la Barbican, donde Tonge vivía en la casa de Sir Richard Barker (State Trials, vii. 1321), 'lo más convenientemente para hablar con el doctor acerca de su común propósito.' En 1677, bajo las instrucciones de Tonge, Oates comenzó The Cabinet of Jesuits Secrets opened, un relato algo incoloro de los supuestos métodos adoptados por la orden para obtener legados, que según se dice fue traducido del italiano; fue publicado, 'completado por una persona de calidad', en 1679. Pero la adquisición de un aliado como Oates permitió a Tonge ampliar enormemente la esfera de sus actividades. Convencido de que se estaba tramando un complot de los jesuitas, el objetivo de Tonge era 'hacer que la gente se pusiera en contra del papado', lo cual una vez efectuado, convenció a Oates de que harían fortuna. Los libros produjeron poco efecto; se necesitaba un estímulo más potente para la opinión pública. Oates demostró ser un instrumento absolutamente desprovisto de escrúpulos. Se dedicó laboriosamente a aprender los secretos de los jesuitas, merodeaba por la cafetería Pheasant en Holborn y otros lugares favoritos de los católicos, con quienes no perdió la oportunidad de congraciarse. En abril de 1677 profesó formalmente la reconciliación con la Iglesia católica. Conoció a Whitbread, Pickering y otros sacerdotes de Somerset House, donde la reina consorte de Carlos II tenía su capilla privada y buscó ansiosamente la admisión entre los jesuitas. En consecuencia, acogió con mucha satisfacción una oferta de admisión a un colegio jesuita en el extranjero. Se embarcó en los Downs en la primavera de 1677 e ingresó al colegio jesuita de los ingleses en Valladolid el 7 de junio de ese año. Pero en aproximadamente cinco meses su escandaloso comportamiento provocó su expulsión sumaria e ignominiosa. En memoria de su estancia en España, Oates posteriormente se autodenominó doctor en teología por Salamanca; pero esta suposición no tenía fundamento y fue ridiculizada por Dryden, Tom Brown, Sir Roger L'Estrange y otros. Oates también declaró en una fecha posterior que había sido enviado a Madrid como emisario jesuita, para tratar con el general de la orden, Pablo de Oliva, sobre la conspiración contra Inglaterra; pero en 1679 se encontró al arriero que conducía a Oates hacia y desde Valladolid y su testimonio demostró de manera concluyente que Oates no pudo haber visitado Salamanca o Madrid (Hist. MSS. Comm. 11th Rep. App. ii. 98; comp. Bagford Ballads ii. 667). Regresó con Tonge con muy poca información; su mecenas consideraba indispensable que la aumentara; así que el 10 de diciembre de 1677 obtuvo la admisión como 'estudiante más joven' (aunque ahora tenía veintiocho años) en el seminario inglés en St. Omer. Se mantuvo allí hasta el 23 de junio de 1678, cuando una inevitable expulsión precipitó sus revelaciones (Florus Anglo-Bavaricus, Lieja, 1685). Regresó con Tonge, que se alojaba en la casa de un tal Lambert, fundidor de campanas en Vauxhall, y la pareja logró involucrar en sus planes a Christopher Kirkby, un caballero de Lancashire, cuyo interés en la química lo había introducido ante Carlos II.

Montaje de la conspiración.
Los ficticios detalles de la 'conspiración papista' fueron fabricados durante las seis semanas que siguieron al regreso de Oates. Con el fin de comenzar el plan, Kirkby recibió instrucciones de sus compañeros de informar al rey de una pretendida idea secreta para atentar contra su vida, mientras Carlos paseaba con sus perros de aguas en St. James Park el 12 de agosto de 1678. Kirkby iba respaldado con un documento que proporcionaba detalles, que fue preparado por Oates y que Tonge (Eachard) presentó a Danby. El propio Oates no figuró en el asunto hasta el 6 de septiembre de 1678, cuando, en compañía de Tonge, visitó a Sir Edmund Berry Godfrey, conocido juez de paz, y dio testimonio bajo juramento de una larga narrativa escrita, dando detalles de una conspiración integral contra la vida de Carlos II y la sustitución del ministerio existente por el católico, con el duque de York como rey. La narración original consistía de cuarenta y tres artículos o cláusulas; pero, mediante un arduo trabajo en el transcurso de las siguientes tres semanas, Oates logró elevar este número a ochenta y una. Sabía lo suficiente sobre los jesuitas en Londres para que los principales actores de su conspiración tuvieran nombres, pero la mayoría de los detalles fueron inventados de manera palpable y la narración estaba llena de absurdos. El rumbo de su supuesta revelación fue que los jesuitas habían sido nombrados por el papa Inocencio XI (un pontífice cuya política en realidad estaba más bien dirigida contra los jesuitas y todos los extremistas dentro de la Iglesia católica) para alcanzar el poder supremo en Inglaterra. El "Bastardo Negro", como llamaban al rey, era un hereje condenado y debía ser ejecutado. Père La Chaise había depositado 10.000 libras en Londres para cualquiera que cometiera el acto y esta suma se incrementó en otras 10.000, prometidas por los jesuitas en España y 6.000 por el prior de los benedictinos en Savoy. Se adujo que habían sido concebidos tres planes. Sir George Wakeman, médico de la reina, había recibido 8.000 libras por anticipado, de un total de 15.000, para envenenar al rey. El doctor Fogarty había contratado a cuatro rufianes irlandeses para apuñalar al rey en Windsor; y, en tercer lugar, dos jesuitas, llamados Grove y Pickering, debían recibir 1.500 libras por dispararle al rey con balas de plata. El asesinato del rey sería seguido por el de sus consejeros, por una invasión francesa de Irlanda y una masacre general de protestantes, después de lo cual se le ofrecería la corona al duque de York y se establecería un gobierno jesuita (Oates, True Narrative of the Horrid Plot). Todo esto se resolvió, según Oates, en una 'consulta general' celebrada por los jesuitas el 24 de abril de 1678, en la taberna White Horse en Fleet Street, declarando que había recibido una patente del general de la orden para ser de la 'consulta'. Era cierto que la congregación trienal habitual de la Compañía de Jesús se celebró en Londres ese día, pero no se celebró en la taberna White Horse; y era bastante imposible que Oates, al no ser miembro de la orden, pudiera haber sido admitido (Reresby, Memoirs, 1875, p. 325; Concerning the Congregation of Jesuits... which Mr. Oates calls a Consult, 1679; comp. Clarke, Life of James II, 1816).

Oates revela la conspiración al rey y al consejopor Francis Barlow - National Portrait Gallery
Oates revela la conspiración al rey y al consejo
por Francis Barlow - National Portrait Gallery
Ascenso meteórico.
Sin embargo, el resultado de sus incendiarias revelaciones justificó completamente los cálculos de Oates. El 28 de septiembre fue convocado ante el consejo privado y les repitió su historia, con muchos adornos y con extraordinaria verborrea y seguridad. Su historia se filtró por la ciudad y su extravagancia le acreditó ante la fanática credulidad de la turba. En la junta del consejo el único escéptico era el rey, que puso en evidencia al informante en varias declaraciones erróneas (ib. 1816, i. 520). Para la mayoría, cualquier inconsistencia en el relato de Oates parecía más que contrarrestada por la masa de detalles circunstanciales, y a menudo bastante irrelevantes, que había tejido con no poco ingenio en su narrativa. Sin duda, mientras vivió entre los católicos, recogió muchos pequeños hechos que ellos y sus amigos hubieran preferido ocultar. Así, Symon Patrick relata cómo, en los primeros días de la conspiración, un cierto padre Dupuis fue llevado ante Oates, quien lo miró con seriedad y dijo: 'Este es el padre du Puis, quien debía escribir la vida del rey después que lo mataran. Ahora bien, Dupuis tenía una buena pluma latina, y cuando lo buscaron encontraron en su bolsillo un almanaque, en el que anotaba todos los días de ese año las bromas que había jugado el rey: que tal noche estaba borracho, cómo tenía esta o aquella mujer, y qué discurso hizo contra la religión' (Account of Patrick's Life, 1839, p. 96). La posesión de algunos de estos hechos, combinada con su inventiva audacia, convirtió a Oates durante un breve período en casi omnipotente en la capital. La noche siguiente a su interrogatorio por el consejo la pasó en Londres haciendo arrestos, seguido de secuaces con antorchas. Varias de las personas a las que denunció, incluidas Wakeman, Grove, Pickering y Fogarthy, fueron encerradas de inmediato en la Newgate. Luego, a Oates se le asignaron alojamientos en Whitehall, con un guardia para su mayor seguridad y un salario mensual de 40 libras.

En octubre de 1678, Sir Edmund Berry Godfrey fue encontrado muerto en circunstancias misteriosas y los católicos fueron culpados popularmente por haberlo asesinado para vengarse de él, por tomar las declaraciones juradas de Oates. Es posible que el mismo Oates fuera responsable del asesinato de Godfrey. En cualquier caso, el incidente aseguró por completo el éxito de Oates. Siguió el pánico y la masa exigió atronadoramente la proscripción de los sacerdotes y otros católicos, contra los que había testificado Oates. 'Las pasiones de la gente', escribió Roger North, 'no les permitían atender a ninguna razón o deliberación sobre el asunto' (Examen, 1740, p. 177; Stephens, Cat. of Satiric Prints and Drawings, i. 632 sq.).

Apogeo de la conspiración.
Mientras tanto, el 21 de octubre, la Cámara de los Comunes se había reunido y había citado a Oates. El 31 de octubre los Comunes resolvieron, nemine contradicente, 'que ante la evidencia que ya ha aparecido, esta Cámara es de la opinión de que hay y ha habido una maldita e infernal conspiración ideada y llevada a cabo por recusantes papistas para asesinar y matar al rey, subvertir el gobierno y desarraigar y destruir la religión protestante.' Con esta declaración, estuvo de acuerdo la Cámara de los Comunes. Se apartó un día de ayuno general para el 13 de noviembre. Se ordenó que los recusantes papistas salieran de Londres y posteriormente se emitió una proclamación que ofrecía una recompensa de 20 libras a cualquiera que descubriera y detuviera a un sacerdote o jesuita (Hist. MSS. Comm. 11th Rep. App. i. 17). Naturalmente, entre las clases bajas (véase Calamy, Life, 1829, i. 83), todo lo que Oates afirmó, como comentó Evelyn, fue 'tomado por el evangelio'. Antes de que terminara octubre fueron selladas órdenes de detención para el arresto de veintiséis personas adicionales, incluidos los Lores católicos Powis, Stafford, Petre, Bellasis y Arundel. A principios de noviembre, un bellaco llamado William Bedloe se presentó para corroborar las declaraciones de Oates. El primer prisionero en ser juzgado fue Edward Coleman, quien había sido uno de los primeros en ser arrestado como motor principal de la conspiración, siendo acusado en el tribunal del rey el 27 de noviembre por tramar la muerte del rey. Oates fue el principal testigo. El jurado condenó a Coleman, siendo ejecutado el 3 de diciembre. Una proclamación emitida el día del juicio prometiendo perdón al delator y una recompensa de 200 libras por otras revelaciones, suscitaron una cosecha de tortuosos y mentirosos testimonios contra los católicos; pero no había rival que se pareciera a Oates y Bedloe. Que Oates estaba perjurando fue más transparente en el siguiente juicio, el de Ireland, Grove y Pickering, el 17 de diciembre de 1678. Juró que había visto a Ireland en White Horse el 24 de abril y en Fleet Street nuevamente en agosto, cuando lo escuchó discutir, con los otros prisioneros, del asesinato no solo del rey, sino también del duque de Buckingham y el conde de Shaftesbury. Se demostró, por abundante evidencia, que en la primera de estas fechas el propio Oates estaba en St. Omer y que en la segunda, Ireland estaba en Staffordshire. Finalmente, Scroggs lanzó al jurado una violenta arenga contra los papistas y los tres hombres fueron ejecutados el 3 de febrero de 1679.

Dibujo satírico de Oates, el diablo y el papa
Dibujo satírico de Oates, el diablo y el papa
En febrero de 1679, la posición de Oates estaba tan bien establecida que presentó con confianza a los Comunes una factura de 678 libras y 12 chelines por los gastos incurridos para sacar a luz la verdad, siendo el monto pagado aparte de su salario semanal. Entre estos gastos ficticios tuvo el descaro de incluir 50 libras por un manuscrito de la versión alejandrina de la Septuaginta, que dijo dio a los jesuitas en St. Omer (L'Estrange, Brief History, p. 130; comp. Lingard, Hist. of England, vol. ix. App.) Oates se elevó aún más en la estimación de la cámara por algunas declaraciones perjudiciales contra Danby, aprobándose otra resolución expresando su confianza en la conspiración y su descubridor. En abril de 1679 se publicó, por orden de la Cámara de los Comunes, su True Narrative of the Horrid Plot and Conspiracy of the Popish Party against the Life of his Sacred Majesty, the Government, and the Protestant Religion, with a list of such Noblemen, Gentlemen, and others, as were the Conspirators; and the Head Officers, both civil and military, that were to effect it, Londres. Ocupa sesenta y ocho páginas, pero Oates lo llama su breve narrativa o 'minutas' de la conspiración, en espera de su 'diario', en el que se pondría al descubierto todo el infernal misterio. Se queja de ediciones no autorizadas de la narrativa y, de hecho, desde que proporcionó el modelo de sus declaraciones ante Godfrey, hasta veinte narraciones diferentes de la conspiración se habían puesto en circulación. En junio repitió su antiguo testimonio contra Whitbread, Harcourt, Fenwick, Gawen y Turner, y el respetable abogado católico, Richard Langhorne, todos los cuales fueron ejecutados. El 18 de julio siguió el importante juicio de Sir George Wakeman; su condena habría implicado la de la reina, a quien Oates tuvo la audacia de acusar ante el consejo, por estar al tanto del plan para matar al rey. Pero aquí Oates se pasó de listo (ver Bagford Ballads, ii. 692). Aunque fue apoyado por Bedloe, Jennison y Dugdale, perdió su compostura mental en un interrogatorio de investigación al que el prisionero lo sometió, pidiendo permiso para retirarse por sentirse mal. Finalmente, Scroggs menospreció la evidencia y Wakeman fue declarado no culpable. La absolución fue un duro golpe para Oates y para la prosperidad de su conspiración. Inmediatamente después, Titus editó dos pequeños groseros libros, The Pope's Warehouse; or the Merchandise of the Whore of Rome, Londres, 1679, 'publicado para el bien común' y dedicado al conde de Shaftesbury; y The Witch of Endor; or the Witchcrafts of the Roman Jezebel, in which you have an account of the Exorcisms or Conjurations of the Papists, as they be set forth in their Agends, Benedictionals, Manuals, Missals, Journals, Portasses... Proposed and offered to the consideration of all sober Protestants, Londres, 167. En octubre de 1679 realizó una visita a Oxford, donde fue vitoreado por la gente de la ciudad y hospedado por Lord Lovelace, aunque el vicecanciller tuvo la fortaleza mental para negarle el doctorado en teología. Regresó a Londres antes de fin de mes, acusó a varios oficiales de la corte por nombre al rey y fue testigo con satisfacción (25 de noviembre) de la condena de dos de sus sirvientes, Knox y Lane, por intentar difamar su carácter. En enero de 1680, junto con Bedloe, trató de vengarse de Scroggs por la absolución de Wakeman, mostrando en su contra trece artículos al rey y al consejo respecto a su vida pública y privada (Hatton, Correspondence, Camd. Soc. i. 220). Scroggs se defendió en persona y cambió completamente las tornas sobre sus oponentes.

El decaído crédito de la conspiración fue revivido en cierta medida por la supuesta revelación de Dangerfield de la conspiración de la tinaja y la mortecina afirmación de Bedloe sobre la verdad de la conspiración y la complicidad del duque de York. Sin embargo, Lord Castlemaine, que fue llevado a juicio en junio de 1680, fue absuelto. Oates sin duda habría buscado en vano nuevas víctimas si el nuevo parlamento, que se reunió el 21 de octubre de 1680, no hubiera estado desde el principio 'lleno y acalorado de temores y aprensiones de conspiraciones y tramas papistas'. Se publicó una declaración para alentar el 'total descubrimiento de la horrible y execrable conspiración papista.' Los informantes se multiplicaron nuevamente y la popularidad de Oates se incrementó, por el crédito otorgado a varias fingidas conspiraciones contra su vida. Un judío portugués, Francisco de Feria, juró que el embajador portugués, Gaspar de Abreu de Frittas, le había hecho una propuesta para asesinar a Oates, Bedloe y Shaftesbury. Casi al mismo tiempo, Simpson, hijo de Israel Tonge, fue encerrado en Newgate por tratar de difamar a Oates, un delito al que dijo que había sido incitado por Sir Roger L'Estrange (Hist. MSS. Comm. 11th Rep. app. ii. págs. 246–9 ) El 30 de noviembre, Oates dio falso testimonio contra Lord Stafford en su juicio; y la muerte en el mes siguiente de Israel Tonge, que durante algún tiempo había sido cada vez más celoso y receloso de su antiguo alumno, quitó un posible peligro de su camino. En una cena ofrecida por el concejal Wilcox en la ciudad en el verano de 1680, Oates y Tonge armaron mucho escándalo porque disputaban abiertamente acerca de sus respectivas pretensiones sobre la autoría de la conspiración y sus amigos whig tuvieron algunas dificultades para explicar las revelaciones resultantes.

Oates había llegado al punto más alto de su fortuna. Hacía constantes y raramente infructuosas demandas sobre el bolsillo privado (ver Ackerman, Secret Service Money, Camden Soc., passim). 'Caminaba con sus guardias', dice Roger North (Examen), 'asignados por temor a que los papistas lo asesinaran... Se puso un atuendo episcopal (excepto las mangas de lino), vestido de seda y sotana, gran sombrero, cinta de satén y rosa, bufanda larga, siendo llamado blasfemamente el salvador de la nación. A quienquiera que él señalaba era detenido y encerrado; mucha gente se apartaba de su camino como de una explosión y se alegraban de poder probar sus conversaciones de los últimos dos años.' El parlamento responsabilizó al duque de Monmouth de la seguridad de su persona, al Lord chambelán de su alojamiento y al Lord tesorero de su dieta y necesidades. 'Tres sirvientes estaban a su entera disposición y cada mañana dos o tres caballeros lo esperaban para vestirlo y contendían por el honor de sostener el lebrillo para que se lavara' (Sitwell, The First Whig, p. 44). El arzobispo de Canterbury, de quien recibió 'varias bondades' en Lambeth, lo recomendó para ascender en la Iglesia y Shaftesbury lo alentó a esperar, si no exigir, un obispado. Sir John Reresby relata cómo, cenando con él y con el obispo de Ely en diciembre de 1680, Oates reflexionó sobre el duque de York y sobre la reina viuda de una manera tan escandalosa como para disgustar al fanático más extremo. Sin embargo, nadie se atrevió a contradecirlo por temor a ser hecho parte de la conspiración, y cuando Reresby se aventuró por fin a intervenir, Oates salió de la habitación con cierto acaloramiento, para consternación de varios presentes (Memoirs, p. 196).

Comienzo de la caída.
Pero desde comienzos de 1681 la suerte del perjuro cambió. En febrero de 1681, un sacerdote llamado Atwood, a quien había denunciado, fue indultado después de ser condenado por el rey. La condena y muerte de Fitzharris y del arzobispo Plunket en el verano de ese año resultó un último esfuerzo por parte de aquellos cuyo interés era mantener la vitalidad de la conspiración. La credulidad de la mayor parte de la nación se había agotado, pero no antes de que Oates hubiera contribuido directa o indirectamente al asesinato judicial de unos treinta y cinco hombres.

En agosto de 1681, acusó de difamación a un antiguo estudiante y bedel de Merchant Taylors, Isaac Backhouse, rector de la escuela de Wolverhampton, porque Backhouse dijo en el parque de St. James: 'Allá va Oates, ese deshonesto perjuro', pero la acusación no tuvo efecto (Clode, Titus Oates and Merchant Taylors'). En enero de 1682, algunos ridículos cargos que presentó contra Adam Elliott no solo fueron refutados, sino que Oates tuvo que pagar 20 libras por daños en una acción por difamación de carácter, con la que Elliott tomó represalias. En abril del mismo año, su pensión se redujo a 2 libras por semana y en agosto sus enemigos eran lo suficientemente fuertes como para prohibirle ir a la corte y retirarle su pensión por completo (Hatton Correspondence, ii. 7). Se refugió en la ciudad, en medio de las burlas de los panfletistas de la corte, en el carromato de Sir Roger L'Estrange. En su Hue and Cry after Dr. O, L'Estrange describió a Titus bebiéndose las lágrimas de viudas y huérfanos y en el mismo año Oates fue ridiculizado en la escena como 'Dr. Panchy, un ignorante difamador', en City Politiques de Crowne. Fue significativo del descrédito que sintió en que estaba cayendo, que en junio de 1682 no se atrevió a dar pruebas contra Kearney (uno de los 'cuatro rufianes irlandeses' que habrían golpeado al rey hasta la muerte). El 28 de febrero de 1684 tuvo la audacia de apelar al rey y a Sir Leoline Jenkins por 'los escandalosos panfletos de Sir Roger L'Estrange' y exigió una reparación pecuniaria. Diez semanas después, el 10 de mayo, Oates fue arrestado repentinamente en la cafetería Amsterdam, en una acción de scandalum magnatum, por llamar al duque de York traidor. Casi al mismo tiempo, dos de sus hombres, Dalby y Nicholson, fueron condenados en nisi prius por palabras sediciosas contra Carlos II y ambos fueron puestos en la picota. El propio Oates, después de un breve juicio ante Jeffreys, fue condenado por un monto de 100.000 libras, y en su defecto fue arrojado a la prisión de King's Bench, donde quedó cargado de cadenas.

Titus Oates en la picota, por William RichardsonNational Portrait Gallery
Titus Oates en la picota, por William Richardson
National Portrait Gallery
Condena y castigo.
Jacobo II sucedió a su hermano en febrero y el 8 de mayo de 1685 Oates fue juzgado por perjurio. Hubo dos acusaciones: primero, que Oates había jurado falsamente sobre una consulta de jesuitas celebrada en la taberna White Horse el 24 de abril de 1678, en la que se decidió la muerte del rey; segundo, que había jurado falsamente que William Ireland estaba en Londres entre el 8 y el 12 de agosto del mismo año. Oates se defendió con considerable habilidad, pero las cosas naturalmente iban en contra de él, ahora que la evidencia de los católicos se consideraba con atención. Jeffreys, ahora Lord presidente del Tribunal Supremo, atacó con gran peso de elocuencia a su testigo favorito de antaño. 'Merece mucho más castigo', concluyó, 'de lo que pueden infligir las leyes de esta tierra.' El prisionero fue declarado culpable de ambas acusaciones y nueve días más tarde Jeffreys encargó a Sir Francis Wythens que pronunciara la sentencia. Oates debía pagar una fuerte multa, ser despojado de sus hábitos canónicos, permanecer en la picota anualmente en ciertos lugares y horarios específicos, ser azotado el miércoles 20 de mayo desde Aldgate a Newgate y el viernes 22 de mayo desde Newgate a Tyburn, y ser encerrado por el resto de su vida (Cobbett, State Trials, x. 290; comp. Bramston, Autobiography, p. 194). El azotamiento fue infligido debidamente con 'un látigo de seis tiras' por Ketch y sus asistentes. Que a Oates se le hubiera permitido vivir, le parecía un milagro a sus numerosos simpatizantes (comp. Abraham de la Pryme, Diary, Surtees Soc. p. 9). Edmund Calamy fue testigo del segundo azotamiento, que el rey, a pesar de muchas súplicas, se había negado a remitir, cuando la espalda de la víctima, hinchada miserablemente con el primer azotamiento, parecía como si hubiera sido desollada (Life, i. 120; Ellis, Correspondence, i. 340). Después de sus azotamientos, sus problemas no llegaron a su fin. 'Porque', escribió con irónica amargura en su Account of the late King James (1696), 'por la gran misericordia de Dios Todopoderoso que me apoya, y el extraordinario cuidado y habilidad de un juicioso cirujano, sobreviví a tu crueldad... enviaste a parte de tu cuadrilla de cortadores de garganta mientras yo estaba débil en mi cama, para quitarme esos yesos aplicados para curar mi espalda, y en tu muy amable nombre me amenazaron con destruirme, con toda cortesía y humanidad.' El nombre, dirección y los cargos del 'juicioso cirujano' se dan al final del libro, haciéndose repetidas referencias a él en los posteriores escritos de Oates. Sin duda le pagó por la publicidad.

En 1688 se rumoreaba que Oates había muerto. Sin embargo, aparecen citas de vez en cuando en los periódicos, en el sentido de que permaneció en la picota en Royal Exchange y en otros lugares, de acuerdo con los términos de su sentencia. En agosto de 1688 tuvo un hijo bastardo con una camarera, en la prisión de King's Bench (Wood, Life and Times) y editó otro grosero panfleto sobre las 'payasadas papistas', titulado Sound Advice to Roman Catholics, especially the Residue of poor seduced and deluded Papists in England who obstinately shut both eyes and ears against the clearest Light of the Gospel of Christ.

Fugaz recuperación.
Las esperanzas de Oates revivieron cuando la corriente protestante se fortaleció bajo los auspicios del príncipe de Orange. Sarotti, el embajador veneciano, escribió al signori que cuando Oates estaba en la picota, la gente no permitía que nadie le hiciera el menor daño. Poco después del desembarco de Guillermo de Orange, salió de la prisión y fue recibido por el nuevo rey a principios de 1689. El 31 de marzo, solicitó a la Cámara de los Comunes una reparación y una revocación de su sentencia y, después de algunas deliberaciones, los jueces declararon que su sentencia era errónea, cruel e ilegal (Hist. MSS. Comm. 12th Rep. App. vi. 75-84). Pero mientras esta decisión estaba pendiente, Oates había enviado sin previo aviso una petición de revocación de la sentencia a los Comunes, acto que provocó que la cámara alta lo encerrara en la Marshalsea, por incumplimiento de privilegios. Los Comunes lo consideraron un escándalo y las dos cámaras estaban al borde de una seria disputa cuando la prórroga legal del 20 de agosto de 1689 puso a Oates en libertad. Poco después, el rey, a petición de la cámara baja, otorgó al perjuro una pensión de 5 libras semanales.

Al seguir siendo su testimonio inválido ante un tribunal de justicia, Oates tuvo que conformarse a partir de entonces con una carrera privada; pero por el entusiasta patrocinio que extendió en 1691 a William Fuller el impostor, que se alojó durante un tiempo con Oates y su amigo, John Tutchin, en Axe Yard, Westminster, es evidente que todavía estaba interesado en la fabricación de conspiraciones. Oates prestó dinero a Fuller por la certeza de un complot jacobita, que este último estaba dispuesto a divulgar; pero esta prometedora perspectiva se vio arruinada, en la estimación de Oates, por los cobardes escrúpulos de Fuller (The whole Life of William Fuller, 1703, p. 623). Su siguiente objetivo fue un ventajoso matrimonio y el 18 de agosto de 1693 Oates se casó con una viuda llamada Margaret Wells, una muggletoniana, con una propiedad de 2.000 libras (Luttrell, iii. 165). El suceso provocó algunos animados pasquines, uno de los cuales era de Thomas Brown y fue causa del encierro del satírico en prisión por orden del consejo (ib. iii. 173; Brown, The Salamanca Wedding). El dinero de su esposa resultó inadecuado para las necesidades de Oates, que había contraído extravagantes gustos y habitualmente vivía más allá de sus posibilidades. Además, en 1693, su anualidad le había sido suspendida a instancias de la reina María, que estaba muy indignada por los atroces libelos sobre el carácter de su padre, a los que Oates había dado circulación. Sin embargo, tras la muerte de María, los poderes de la tosca invectiva de Oates se mostraron plenamente en su elaborado Εἰκὼν Βασιλική; or the Picture of the late King James drawn to the Life. In which it is made manifest that the whole Course of his Life hath to this day been a continued Conspiracy against the Protestant Religion, Laws, and Liberties of the Three Kingdoms. In a Letter to Himself. And humbly dedicated to the King's Most Excellent Majesty, William the Third, our Deliverer and Restorer; parte i. (tres ediciones), 1696; parte ii., 1697; parte iii., 1697; parte iv., 1697. La recompensa pecuniaria por su obra fue probablemente pequeña. A principios de 1697 escribió una lastimosa apelación al rey para el pago de sus deudas y la restitución de su pensión, mencionando que no tenía ropa digna para comparecer ante su majestad en persona. 'El doctor', como todavía lo llamaban los whigs avanzados, retenía cierta influencia, y el 15 de julio de 1698 el tesoro le otorgó 500 libras para pagar sus deudas y 300 anuales, desde el día de la Virgen de 1698, durante su vida y la de su esposa, aparte de los ingresos de la oficina de correos (Cal. of Treasury Papers, 1697-1702, p. 116). La liberación de las dificultades pecuniarias le permitió a Oates obtener lo que tanto había codiciado, la admisión entre los bautistas; su ansia de publicidad sin duda obtuvo satisfacción en el púlpito de la capilla de Wapping, donde oficiaba con frecuencia. Sin embargo, se vio impedido por una intriga desacreditable al hacerse con un legado de un miembro adinerado y en 1701 fue expulsado como 'persona desordenada e hipócrita' (Crosby, Hist. of the Baptists, 1738, iii. 166, 182). Regresó a su antiguo alojamiento en Axe Yard y reanudó su ocupación favorita de asistir a las sesiones de los tribunales en Westminster Hall. En julio de 1702 asistió involuntariamente a las sesiones, escapando por poco del encarcelamiento por agredir a la excéntrica Eleanor James, quien había cuestionado su derecho a comparecer, como era su práctica, con atuendo canónico (An Account of the Proceedings against Dr. Titus Oates at the Quarter Sessions held in Westminster Hall on 2 July 1702).

Evaluación.
Roger North dice de Oates, con sustancial justicia: 'Era un hombre de mala hechura, cuello muy corto y su rostro y rasgos eran muy particulares. Su boca era el centro de su rostro, y una brújula barría su nariz, frente y barbilla dentro del perímetro... En una palabra, fue el tramposo más consumado, blasfemo, vicioso, perjuro, insolente y descarado, miserable y, si no fuera por la verdad de la historia y las grandes conmociones en el público, causa apta para no ser recordado.' La idiosincrasia de Oates podría deducirse justamente del carácter de sus asociados, hombres como Aaron Smith (su asesor legal), Goodenough, Rumsey, Colledge, Rumbold, Nelthrop, West, Bedloe, Tutchin y Fuller. Alojaba a estos hombres en sus aposentos en Whitehall y procuraba brillar más abusando de la familia real en su residencia común, Green Ribbon Club, celebrando, a partir de 1679, sus reuniones en King's Head en Chancery-lane End (Smith, Intrigues of the Popish Plot; comp. Sitwell, The First Whig, p. 49). Entre todos estos bribones, Oates se distinguió por el desenfreno de su comportamiento, no menos que por la superior villanía de su vida privada. Era un experto en todas las artes de la arrogancia y las bravuconadas, pero, aunque hablaba con fluidez, lo hacía con un acento extraño y amplio y una entonación nasal. Su afición por el lenguaje grosero era tal que, en presencia de superiores, se dice que no perdía la oportunidad de citar las blasfemias de otros (North, Examen; Calamy, Life, i. 120).

El Lord custodio North escuchó una vez a Oates predicar en St. Dunstan y admiró mucho su teatral comportamiento en el púlpito. Un cierto talento dramático, combinado con la seguridad inigualable de sus modales, probablemente tuvo más que ver con el éxito de su fabricación, que cualquier agudeza real de su parte. Ciertamente exhibió cierta agudeza en las primeras etapas de la conspiración; pero, a medida que sus inventivas se volvieron más complicadas, su memoria no fue lo suficientemente buena como para salvarlo de la contradicción. Tal carrera solo fue posible en un momento en que el sentimiento de facción se enardeció en la política y la religión, con la virulencia de una enfermedad. La indiscreción del duque de York, el fanatismo de la turba, la violencia de Shaftesbury y sus partidarios, y la pusilanimidad de Carlos, cooperaron con la incauta exhibición de actividad realizada por los católicos en Inglaterra para sostener la impostura de la que Oates fue el portavoz.