Johann Friedrich Oberlin, filántropo luterano, nació en Estrasburgo el 31 de agosto de 1740 y murió en Waldersbach, a 46 kilómetros al sudoeste de Estrasburgo, el 2 de junio de 1826.
Johann Friedrich OberlinFue criado en un hogar piadoso y a los 15 años comenzó a estudiar teología, en la que obtuvo su grado de bachiller en la universidad de Estrasburgo en 1758. Hasta 1767 vivió de la enseñanza, siendo entonces designado pastor en Waldersbach, la principal parroquia en el montañoso distrito de Steinthal (francés, Ban-de-la-Roche), en la frontera entre Alsacia y Lorena. Oberlin acometió su tarea con energía y renuncia, ante grandes dificultades, surgidas de la pobreza e ignorancia de la población y de las críticas de su predecesor. Su primer interés fue proporcionar educación, construyendo escuelas en Waldersbach y otras localidades, constituyendo uno de los primeros intentos en la preparación y enseñanza de los más pequeños. La construcción de carreteras y puentes, el estímulo de un mejor sistema de agricultura, la enseñanza del comercio y el establecimiento de almacenes, asociaciones de préstamo, bancos y sociedades agrícolas, caracterizaron sus esfuerzos para promover el bienestar de la comunidad. Incluso la reforma económica más pequeña asumía para él el carácter de una obra cristiana. El establecimiento de fábricas por su influencia no sólo proporcionó un medio de vida para el pueblo, sino que también duplicó la población. Pero esas actividades no le hicieron olvidar la obra espiritual. Era un predicador de la mayor seriedad y simplicidad, infatigable en visitar a los miembros dispersos de su rebaño. En 1781 fundó, por un impulso recibido de la vida de Zinzendorf, una Société chrétienne, cuyos miembros se comprometieron a luchar por la santificación personal y ejercer la supervisión y la disciplina mutua, pero a los dos años disolvió la asociación. No es sorprendente, en vista de su destacado coraje y empresas, que a veces se metiera en aventuras de no buen término, aunque nunca fue acusado de estrechez o prejuicio sectario. Invitó a católicos y calvinistas a su comunión, agradándole ser llamado pastor católico-evangélico. Saludó el estallido de la Revolución Francesa con entusiasmo. La declaración de los derechos del hombre le pareció el comienzo del reino de Dios en la tierra y en las virtudes y fraternidad republicana vio la realización terrenal más auténtica del espíritu del cristianismo. El 14 de julio de 1790 congregó a toda su grey alrededor de un "altar de la patria" en una colina para celebrar una festividad patriótica. El 5 de agosto de 1792 celebró un servicio especial en honor de los 10 voluntarios de la guerra con Austria, entre los cuales estuvo su hijo mayor. Por orden del comité de seguridad, el 23 de noviembre de 1793, hizo su profesión de fe, declarando que aprobaba totalmente la abolición de ceremonias huecas y dogmas inútiles y que no reconocía otro objetivo que el de hacer de sus iluminados conciudadanos, hombres dignos y buenos patriotas. Incluso el reino del terror no pudo sacudir su creencia en la República. Cuando la Asamblea Nacional prohibió la adoración pública y los ritos eclesiásticos, cambió sus servicios en reuniones abiertas para el canto, seguido por la catequización de los miembros más jóvenes sobre los derechos del hombre y los deberes de los ciudadanos, una alocución y una oración. Las mujeres y niños dejaban entonces la iglesia, varios miembros del club se levantaban por turno para pronunciar discursos y se discutían los sucesos políticos más recientes. Se celebraba la comunión de vez en cuando en su propia casa con su familia y huéspedes, tras la comida ordinaria en la forma de agape. A pesar de su sumisión a las leyes revolucionarias, despertó las sospechas de las autoridades y el 28 de julio de 1794 fue citado a Schlettstadt y encarcelado, tras ser rudamente tratado por la turba. Unos pocos días más tarde Robespierre cayó y el juicio fue sobreseído.
Entonces sus servicios fueron ampliamente reconocidos. La Asamblea Nacional le agradeció formalmente por sus servicios a la educación y las autoridades imperiales le mostraron muchos favores. Cuando los ejércitos aliados entraron en Francia, el zar Alejandro publicó una carta especial de protección para él y su grey. En 1818 recibió la medalla de oro de la Real Sociedad Agrícola y un año después la Cruz de la Legión de Honor. Su reputación como fiel testigo del evangelio le proporcionó amplia influencia y todos los que estaban insatisfechos con el racionalismo imperante que había llegado a la Iglesia por la Revolución, pusieron sus ojos en su liderazgo. El crepúsculo de su vida, empañado por el hambre de 1816-17 y la muerte de un prometedor hijo, fue tranquilo y pacífico, dejando memoria de un hombre que combinó, en forma destacada, las más variadas empresas para promover el bienestar general de la humanidad con una profunda devoción mística, dando testimonio del poder del amor de Cristo en un tiempo cuando la tibieza y frialdad predominaban en muchos corazones. Su obra en favor de la educación de los más pequeños fue imitada primero en Escocia y luego en otras partes. Su nombre está preservado en América por la localidad y colegio de Oberlin, Ohio, fundado por los antiguos misioneros en 1832 bajo la inspiración de su biografía.