John Ogilvie u Ogilby, jesuita escocés, nació hacia 1560 y murió en 1615.
John Ogilvie
Era el hijo mayor de Walter Ogilvie de Drum, cerca de Keith. A la edad de doce años viajó al continente, siendo convertido al catolicismo. Hacia 1596 ingresó en el colegio de los escoceses en Lovaina y posteriormente visitó a los benedictinos en Ratisbona y al colegio jesuita en Olmütz, donde fue admitido a la Compañía de Jesús. Pasó dos años de noviciado en Brunn y entre 1602 y 1613 vivió en Gratz, Viena, Olmütz, París y Rouen. En París fue ordenadosacerdote en 1613. Hacia finales de ese año él y otros dos sacerdotes, Moffat y Campbell, fueron enviados por el superior de la misión escocesa de la Compañía de Jesús a Escocia. Ogilvie desembarcó disfrazado de soldado, bajo el falso apellido de Watson, y, tras separarse de sus compañeros, marchó hacia el norte, probablemente a su distrito natal. Tras seis semanas regresó a Edimburgo, donde se quedó el invierno de 1613-4 como huésped del abogado William Sinclair. Poco antes de Pascua (30 de marzo) de 1614 partió para Londres por algún asunto desconocido. Se ha especulado que tuvo una entrevista privada con el rey Jacobo, pero el relato es probablemente uno de los muchos rumores sobre intrigas católicas que perturbaron a la opinión pública tras la excitación de 1592 y que echaron la culpa de la 'condenable traición de la pólvora' de 1605 a los jesuitas ingleses Garnet y Oldcorne. Ogilvie hizo una apresurada visita a París en ese tiempo, pero su superior, Gordon, pensó que su acción estaba mal aconsejada y le ordenó regresar inmediatamente. En junio de 1614 estaba de vuelta en Edimburgo, donde continuó su propaganda bajo la protección de su amigo Sinclair, diciendo misa en privado y relacionándose con muchos, incluyendo el notable Sir James Macdonald de Islay, prisionero entonces en el castillo de Edimburgo. En agosto fue a Glasgow, donde fue descubierto y arrestado por orden del arzobispoSpotiswood (4 de octubre de 1614). En su posesión se hallaron algunos libros e indumentaria católica, un cáliz y un altar, algunas reliquias, incluyendo un mechón de pelo de Ignacio de Loyola, y algunas cartas incriminatorias, 'no apropiadas para ser divulgadas en ese tiempo'. Fue interrogado por un comité, consistente del arzobispo, el obispo de Argyll, los lores Fleming, Boyd y Kilsyth, el preboste de Glasgow, Sir Watler Stewart, y Sir George Elphinston. La narrativa de los procedimientos apareció en True Relation atribuida al arzobispo Spotiswood. Ogilvie se negó a dar información ('su negocio' dijo 'era salvar almas'), siendo enviado a una cámara en el castillo, donde estuvo hasta el 8 de diciembre, no faltándole nada 'propio de un hombre de su cualidad' y teniendo la constante atención de varios ministros de la Iglesia de Escocia, quienes no pudieron convencerlo para que hiciera una confesión. Mientras tanto, Spotiswood había informado al consejo de la captura y el interrogatorio de los cómplices de Ogilvie en Glasgow, ordenándole el 11 de noviembre el encargo a él y al tesorero diputado, oficial del registro, y a Sir William Livingston de Kilsyth, o a cualquiera de los tres, siendo uno el arzobispo, de ir a Glasgow para juzgar a los sospechosos y esclarecer la conspiración. Sin embargo, Ogilvie fue llevado a Edimburgo ante cinco del consejo. Se negó a explicar el contenido de las cartas que se le habían encontrado en Glasgow, hasta que, bajo tortura de la negación de sueño y descanso, dio los nombres de algunos de sus cómplices. Los procedimientos se suspendieron por el receso de Navidad, obteniendo el arzobispo permiso para 'custodiarlo en su compañía' hasta su regreso a Edimburgo. Mientras tanto, el rey encargó a Spotiswood y otros que hicieran un interrogatorio especial sobre los principios de Ogilvie bajo prerrogativa real y papal. Las preguntas del rey se le presentaron a Ogilvie el 18 de enero, pero con poco resultado, pues, a pesar de los intentos del arzobispo y de los argumentos de Robert Boyd, rector del colegio, y de Robert Scot, ministro de Glasgow, no sólo mantuvo su actitud sino que agravó su posición al declarar 'que condenaba los juramentos de supremacía y lealtad ordenados en Inglaterra.'
Los escritores católicos mantienen que Ogilvie fue sometido a tortura durante su interrogatorio. Spotiswood mismo admite que sugirió el castigo como único medio de romper la obstinación del prisionero, pero que el rey 'no usaba esas maneras con hombres de su persuasión.' Si meramente comprobaban que era jesuita lo desterrarían; si comprobaban que había estado agitando una rebelión, seguiría el curso ordinario de la justicia. Este interrogatorio pudo confundirse con una comisión posterior el 11 de junio contra el jesuita Moffat y sus amigos, en la que se otorgó el poder de torturar a los jueces. Las respuestas de Ogilvie fueron enviadas al rey, quien ordenó que comenzara el juicio. Se compuso una comisión el 21 de febrero y el juicio se fijó para el 31 de marzo. El juicio tuvo lugar en Glasgow ante el preboste, tres magistrados, que tenían mandato del consejo privado, y siete asesores, incluyendo al arzobispo. En la acusación y proceso contra Ogilvie se le dijo que no era por decir misa sino por negar la autoridad del rey, que estaba siendo juzgado, lo cual iba en consonancia con la lista de preguntas del rey, lo que al presbiterianoCalderwood 'le pareció más un obstáculo a la ejecución de la justicia sobre los culpables, pues significaba la represión de los papistas.' El relato del arzobispo sobre su posterior conducta durante el juicio, en el juramento del jurado y en su discurso una vez que el procedimiento quedó cerrado, muestra que Ogilvie mantuvo su actitud hasta el final.
Fue hallado culpable y sentenciado a ser ahorcado y descuartizado. Tres horas más tarde fue llevado al patíbulo, donde recibió la asistencia de William Struthers y Robert Scot, reiterando éste que no era por su religión sino por su delito político por lo que era condenado. No se llevó a cabo el descuartizamiento. El jesuita Forbes-Leith repite el relato de que a Ogilvie le dijo 'el' ministro que le asistía que estaba facultado para prometerle la mano de la hija del arzobispo y la más rica prebenda de su diócesis si se retractaba. Esta ridícula historia está tomada de un documento del jesuita James Brown de Douai de 23 de febrero de 1672. La fecha ya levanta sospechas y como T. G. Law arguye, el arzobispo no tenía ninguna hija soltera. Es posible que el relato surgiera de la declaración del arzobispo tras la sentencia del tribunal: 'Te daré mano y corazón, pues deseo que mueras como un buen cristiano.'