Historia
OLDCASTLE, SIR JOHN (c. 1378-1417)

Los biógrafos de Oldcastle le han representado usualmente como un hombre mayor de casi sesenta años cuando murió, situando la fecha de su nacimiento en 1360. Pero la evidencia disponible señala una considerable conjetura. Bale le confundió con John, tercer lord Cobham, abuelo de su futura esposa, haciéndole erróneamente dirigente de los lolardos en los parlamentos de 1391 y 1395. Esos errores y la forma en la que los escritores de los siglos XV y XVI usaron las sílabas de su apellido llevaron a una exagerada duración de su vida. Mucho más cercana a la verdad estaría la declaración de un contemporáneo de que nació en 1378. La conjetura de que Oldcastle se encontró con Wycliffe escondido en algún castillo de Juan de Gante en el oeste, debe considerarse de la misma categoría que la suposición de Bale de que fue prominente en la aprobación del acta de præmunire. Weever afirma, en su biografía poética de Oldcastle (1601), que en su juventud había sido paje de Thomas Mowbray, duque de Norfolk, quien fue desterrado en 1398 y murió en 1399.

La amistad personal entre Oldcastle y el príncipe de Gales ocurrió en los años en que Enrique fue lugarteniente de su padre en Gales. En ese tiempo era viudo por segunda vez, obteniendo en octubre de 1409 la mano de una heredera de Kent, Joan, lady Cobham, nieta de John, tercer lord Cobham de Kent, una figura prominente bajo Ricardo II. Cobham Manor y Cowlin o Cooling Castle, a unos seis kilómetros al norte de Rochester, en el límite de las marcas, pasaron a Joan. En ese momento ella tenía treinta años y acababa de perder (9 de octubre de 1407) a su tercer marido, Sir Nicholas Hawberk, que había servido en Gales. Poco después y probablemente a consecuencia de su matrimonio con Lady Cobham, Oldcastle fue citado en el parlamento como barón, en un escrito dirigido a 'Johannes Oldcastell, caballero' el 26 de octubre de 1409, recibiendo similar tratamiento el 22 de marzo de 1413.
El favor del príncipe le aseguró al recién nombrado barón una oportunidad añadida de distinción militar. En septiembre de 1411 el príncipe, que estaba prácticamente ejerciendo como vice-rey por la enfermedad de su padre, le tomó para enviar una fuerza inglesa bajo el conde de Arundel para ayudar al duque de Borgoña, estando asociado Oldcastle con Arundel y Robert y Gilbert Umphraville en el mando. Aunque la fuerza era pequeña, rompió el equilibrio entre las enfrentadas facciones francesas en favor de Borgoña. A mediados de diciembre los auxiliares ingleses fueron despedidos con una remuneración, que el duque tuvo que pagar empeñando sus joyas. En esos años Oldcastle indudablemente estaba en el pináculo del favor del príncipe, a cuya casa estaba oficialmente adscrito. Sin embargo, no hay indicios en las autoridades contemporáneas, que le eran hostiles, que apoyen la idea adoptada por los escritores posteriores del tiempo de Isabel, de que Oldcastle fuera uno de los camaradas de Enrique. De hecho, Bale le hace confesar en su juicio de 'glotonería, codicia y lascivia en su juventud', pero no hay certeza en cuanto a la autoridad de esa declaración y en cualquier caso no puede referirse al tiempo de la desordenada vida de Enrique en Londres, pues Oldcastle ya era entonces un convencido y destacado lolardo y cualquier inconsistencia en su vida habría sido notada enseguida. Es imposible decir cómo se hizo lolardo. Pero hay que hacer notar que Herefordshire y especialmente el distrito de Almeley era un bastión lolardo en la última década del siglo XIV. William Swinderby, de quien Foxe proporciona extensamente los procedimientos contra él en 1391, fue acusado de negar la validez de la absolución del sacerdote por pecado mortal, en Whiteney, a seis kilómetros al suroeste de Almeley; Walter Brute, un laico de Herefsordsire, se hizo odioso al clero por su predicación herética, siendo ayudado activamente, por lo que el rey ordenó en septiembre de 1393 a los oficiales y notables de Herefordshire, entre ellos Thomas Oldcastle, que cuidaran de que el obispo no interfiriera y que no se celebraran conventículos ilegales.

En la primera convocación que se reunió en San Pablo el 6 de marzo de 1413, dos semanas antes de la muerte de Enrique IV, John Lay, un capellán allí presente, fue denunciado como hereje, confesando que había 'celebrado' esa misma mañana en presencia de Oldcastle. La convocación se reunió en el verano y acumuló renovada evidencia contra Oldcastle. Un gran número de los tratados de Wycliffe fueron confiscados, condenados y quemados. En el curso de las pesquisas se descubrió un libro conteniendo varios pequeños tratados mucho más peligrosos, en la tienda de un iluminador en Paternoster Row, quien confesó que el dueño era Oldcastle, que fue citado a Kennington y en el gabinete del rey se leyeron los tratados el 6 de junio en presencia de Enrique y 'casi todos los prelados y nobles de Inglaterra.' El rey expresó su horror por las ideas expresadas en ellos, al ser las peores contra la fe y la Iglesia que nunca había oído. Oldcastle, al ser interpelado por él, se dice que confesó que eran justamente condenables, alegando que no había leído más de dos hojas del libro, lo cual animó al clero a atacarle por su abierto mantenimiento de la herejía y los predicadores heréticos, especialmente en las diócesis de Londres, Rochester y Hereford. Sin embargo, se estimó prudente, en vista de la relación estrecha que el culpado tenía con el rey, consultar a Enrique antes de dar pasos añadidos. Los obispos fueron a Kennington y presentaron el asunto al rey, quien se lo agradeció, pero les pidió, por respeto a su relación con Oldcastle y su condición de caballero, posponer cualquier acción hasta que hubiera comprobado si la persuasión podía desarraigar los errores de Sir John. Si no lo conseguía prometió que la ley se ejecutaría con todo su rigor. El clero se resintió por la demora, pero sus dirigentes se plegaron a los deseos del rey. Enrique albergaba esperanzas del éxito de su intervención, pues el 20 de julio emitió una orden para el pago, en la fiesta de San Miguel de 1414, de cuatrocientos marcos, de una valiosa hebilla que le vendió Oldcastle y otras cuatro personas. Pero Oldcastle, tras una tormentosa entrevista en Windsor a principios de agosto, cuando el rey le censuró duramente por su obstinación, salió y se encerró en Cowling Castle. Enrique autorizó a Arundel (hacia el 15 de agosto) a proceder contra él y emitió (21 de agosto) una dura proclamación contra la ilegal predicación lolarda. El arzobispo le envió un emisario con una citación a Cowling, pero Oldcastle se negó a aceptar el servicio personal, fijándose otra en las puertas de la catedral de Rochester el 5 de septiembre, por la que se exigía se presentara ante el arzobispo en Leeds Castle, cerca de Maidstone, el día 11. Esas citaciones, según un relato, las rompieron los amigos de Oldcastle, y, al no comparecer en Leeds en la fecha fijada, fue declarado contumaz y excomulgado. Se publicó otra citación para el sábado 23 de septiembre, en la que debería demostrar por qué no debía ser condenado como hereje y entregado al brazo secular. Bale inserta una confesión de fe, que comienza con el Credo de los Apóstoles e incluye una definición de las funciones de los tres estados de la Iglesia militante: clero, nobleza y plebeyos, que Oldcastle llevó al rey. Enrique se negó a recibirlo e hizo oídos sordos a sus sugerencias posteriores de que un centenar de caballeros le declararían libre de herejía, permitiendo una notificación en su propia presencia. Oldcastle elaboró una apelación escrita de la jurisdicción del arzobipso al papa, a quien, según Bale, había denunciado como anticristo en sus anteriores encuentros con el rey. La narración de Bale se basa generalmente en el relato oficial del arzobispo, del que la forma más completa está en Fasciculi Zizaniorum, aunque añade una buena porción de fuentes que no pueden trazarse aun cuando mencione su autoridad.
Oldcastle fue arrestado por orden real y cuando el arzobispo constituyó su tribunal en el capítulo de San Pablo el 23 de septiembre, la presentación la hizo el teniente de la Torre. Arundel, con quien se sentaba Richard Clifford, obispo de Londres, y Henry Beaufort, obispo de Winchester, no estaban dispuestos a ir a los extremos, dando otra oportunidad a Oldcastle de lograr la absolución mediante la sumisión. Pero él presentó una confesión escrita de fe en inglés, en la que definía su posición basándose en cuatro o cinco puntos sobre los que su ortodoxia fue principalmente impugnada. Declaraba su creencia en todos los sacramentos ordenados por Dios, creyendo que el sacramento del altar era 'el cuerpo de Cristo en forma de pan' y con respecto al de la penitencia sostuvo que los hombres deben abandonar los pecados y hacer la debida penitencia con verdadera confesión o no podrán salvarse. Las imágenes era meramente calendarios de los iletrados, representando en la mente la pasión de Jesucristo y el martirio y vida edificantes de otros santos. En cuanto a las peregrinaciones sostenía que un hombre puede ir en peregrinación a todo el mundo y no obstante condenarse; pero que si conocía y guardaba los mandamientos de Dios, se salvaría 'aunque nunca hubiera ido a Canterbury o Roma o cualquier otro lugar.' Arundel, tras consultar con sus asesores, informó a Oldcastle que su 'agenda' contenía mucho de bueno y suficientemente católico, pero insistió en una declaración más plena de su creencia en los dos puntos, si en la eucaristía el pan consagrado seguía siendo pan material o no y si la confesión a un sacerdote debidamente cualificado era o no necesaria para la eficacia del sacramento de la penitencia. Pero Oldcastle se negó a añadir nada a lo que ya había dicho sobre los sacramentos, aunque fue avisado por el arzobispo de que si se negaba corría el riesgo de ser declarado hereje. Informado por el tribunal de lo que la 'santa Iglesia romana' había declarado sobre esos puntos de acuerdo con la enseñanza de los Padres, profesó disposición perfecta para creer y observar lo que la 'santa Iglesia' había decretado y Dios deseaba que creyera y observara, pero negó que el papa, los cardenales y prelados tuvieran algún poder para determinar tales cosas. La investigación se pospuso hasta el lunes (25 de septiembre), cuando el tribunal se reunió en el convento de los dominicos 'en Ludgate.' Estaba ahora reforzado por la presencia de Benedict Nicolls, obispo de Bangor; además de los obispos se sentaron doce doctores en derecho o teología como asesores, incluyendo a Philip Morgan, John Kemp y los cabezas de las órdenes mendicantes, entre los que estaba Thomas Netter. Exhortado a procurar la absolución, Oldcastle declaró que no la buscaría de nadie sino de Dios. La escena descrita por Bale en la que Oldcastle se arrodilla e implora la absolución divina por los pecados de su juventud, es tal vez sólo una expansión de esta declaración. El arzobispo le demandó que diera respuesta el domingo al resumen de la fe de la Iglesia y la determinación sobre la eucaristía, confesión, el poder de las llaves y las peregrinaciones que le había sido entregada 'en inglés para su mejor entendimiento'. En respuesta, definió bastante inequívocamente su posición sobre los dos puntos críticos surgidos al término de su primer interrogatorio. Si la Iglesia había determinado que el pan consagrado ya no era pan, debe ser porque el veneno de la propiedad la había infectado. En cuanto a la confesión a un sacerdote, a veces era saludable, pero no esencial para la salvación. Tras citar la Biblia en apoyo de sus ideas, Oldcastle denunció al papa como cabeza del anticristo, a los prelados como sus miembros y a los frailes como su cola. Luego se volvió a los circunstantes y les avisó de sus jueces, cuya enseñanza les llevaría a la perdición si la escuchaban. Arundel entonces pronunció la sentencia. Declaró a Oldcastle hereje y le entregó al brazo secular. Pero el rey, si no también el arzobispo, deseoso de salvarle la vida, concedió un receso de cuarenta días en espera de que se retractase. Los lolardos ya podían saber lo que les aguardaba si el propio amigo del rey era tratado así, por lo que cien mil hombres se declararon dispuestos a levantarse en armas por Lord Cobham.
El capellán de Enrique, que escribió antes de 1418, dice que Oldcastle fue liberado de sus grillos al prometer retractarse y someterse al juicio de la convocación que se reuniría en noviembre, aprovechando la oportunidad para escapar de la Torre. Su huida, que algunos de sus enemigos atribuyeron al diablo, fue ciertamente misteriosa. Un tal William Fisher, un hacedor de pergaminos en Smithfield, en cuya casa se ocultó, fue ahorcado en 1416 por ayudarle a escapar. Que había una amplia conspiración lolarda en marcha y que el fugitivo Oldcastle estaba en ella no se puede dudar, aunque la evidencia es imperfecta y su traición es descrita más negra de lo que fue. La acusación oficial les hacía responsables de maquinar la muerte del rey y sus hermanos, con los prelados y otros magnates del reino, la transferencia de los religiosos a empleos seculares, el expolio de los monasterios y la elevación de Oldcastle a la posición de regente del reino. Hubo un plan para apoderarse del rey en su tranquila residencia en Eltham el día de Epifanía, 6 de enero. Pero fue detectado o traicionado de antemano y Enrique se trasladó a Westminster. Allí le llegaron noticias de que veinte mil lolardos armados de todas partes del reino se encontrarían en los campos cerca del hospital de St. Giles, en el oeste de Londres, a apoco más de un kilómetro del palacio, el día 10. La noche antes el rey ordenó que se cerraran las puertas, aislando a los lolardos de Londres de los que venían a St. Giles Fields y llevando a sus fuerzas a los campos mismos. La oscuridad, que hizo que varios contingentes de lolardos tomaran a las fuerzas reales como si fueran aliadas, y la ausencia del contingente de Londres, que sin duda habría sido el más grande de todos, hizo que el propósito de dispersar una fuerza que no pudo consolidarse fuera fácil e incruento. Tal vez, la mayor parte supo lo que estaba sucediendo y retrocedieron. Sin embargo, muchos fueron hechos prisioneros y llevados a juicio, pero Oldcastle no estaba entre ellos.


Hasta que no pasara el fragor de la batalla no se podía esperar que hubiera un juicio calmado sobre Oldcastle. Sus ortodoxos contemporáneos, que habían visto la tierra moverse bajo sus pies, no fueron indulgentes con su virulento lenguaje y traición. Los mejores de ellos, los eclesiástios, Walsingham y el autor de Gesta Henrici hicieron plena justicia a sus proezas caballerescas y a la rectitud que le recomendó ante el joven príncipe, pero no le perdonaron su herejía. La fiereza que suscitó el odio hacia Oldcastle se refleja en los versos del prior de Lenton. Se creía popularmente que era Elías y que resucitaría al tercer día. Capgrave le acusó de denunciar la propiedad civil y el matrimonio. Con el surgimiento del protestantismo en el siglo siguiente se cambiaron las tornas y Bale, seguido por Foxe, sobrepasó a Elmham mismo en sus invectivas contra los enemigos del 'bendito mártir de Cristo, el buen Lord Cobham.' Pero en la etapa de Isabel la antigua contención contra el caballero hereje todavía coleaba y, por su amistad con Enrique en su desordenada juventud, fue descrito en palabras de Fuller como 'un amigo del alma, un jovial cortesano y para rematar un cobarde.' Aparece en el anónimo Famous Victories of Henry V, escrito antes de 1588, como un cínico camarada del príncipe en sus andanzas y Shakespeare le retrató en el gordo caballero de Enrique IV, reteniendo el nombre en su primer borrador y sustituyéndolo por el de Falstaff en deferencia a las protestas del Lord Cobham de su tiempo y tal vez por el crecimiento de la facción puritana. Aparece en la obra The First Part of the True and Honorauble Historie of Sir John Oldcastle, the good Lord Cobham atribuida a Munday, Drayton y otras dos manos, y también en el poema de John Weever, The Mirror of Martyrs; or the Life and Death of Sir John Oldcastle, que apareció en 1601. En el siglo XVIII volvió a surgir en la controversia entre los defensores y oponentes del derecho divino de los reyes, al apelarse a la carrera del mártir y rebelde lolardo.