Historia

PABLO V (1552-1621)

Pablo V (Camillo Borghese) fue papa entre los años 1605 y 1621. Nació en Roma el 17 de septiembre de 1552 y murió en esa ciudad el 28 de enero de 1621.

Pablo V
Pablo V
Pablo V fue educado en Perugia y Padua en derecho canónico; entró al servicio de la curia, primero como abreviador y luego como refrendario de firmas, siendo en 1588 vice-delegado en Bolonia. Tuvo tanto éxito con una legación a España, bajo Clemente VIII, que en 1596 fue debidamente recompensado con la púrpura. Fue elegido papa el 16 de mayo de 1605.

Ya desde el principio tuvo que tomar decisiones en ciertos casos de graves conflictos dentro de la Iglesia católica. La lucha entre jesuitas y dominicos sobre la doctrina de la gracia todavía bullía y el nuevo papa se puso del lado de los jesuitas, yendo tan lejos en una definición como para negar que la enseñanza de Luis de Molina fuera catalogada como pelagiana. Más aún, con fecha de 1 de diciembre de 1611 prohibió toda expresión publicada sobre el asunto sin aprobación papal.

Un conflicto más profundo emergió en el mismo tiempo con la república de Venecia. La intrusión de los tribunales eclesiásticos había producido tales dificultades en esa esfera que finalmente el decenvirato comenzó a contraatacar. Con referencia a la legislación entonces en vigor, un edicto del 26 de marzo de 1605 había dictaminado que la construcción de iglesias, así como la introducción de órdenes religiosas dentro del Estado, debían estar sujetas a aprobación expresa por parte de la república. Más aún, dos cargos eclesiásticos que habían incurrido en acusaciones criminales fueron citados ante los tribunales civiles. El papa anuló la disposición de este caso y bajo amenaza de entredicho, exigió la inmediata entrega de los acusados al tribunal eclesiástico (diciembre de 1605). El gobierno permaneció firme y el entredicho fue declarado (17 de abril de 1606). En el lado veneciano la campaña fue dirigida por el servita Paolo Sarpi, triunfando la firmeza del gobierno, ya que el entredicho demostró ser totalmente nulo. Los jesuitas, teatinos y capuchinos, que apoyaban la causa del papa, fueron expulsados de los dominios estatales, mientras que los miembros de otras órdenes y el clero secular se quedaron. Francia se ofreció como mediadora, con lo que el principal punto en disputa fue transferido de los dos eclesiásticos acusados al embajador francés, con la estipulación expresa del derecho de la república a juzgar a todos los habitantes. La república rechazó pedir o recibir la absolución. No obstante fue otorgada, en el nombre del papa, sobre el dogo y el gobierno de la ciudad, por el cardenal Joyeuse, el 21 de abril de 1607, con su declaración de que el papa retiraba las medidas que habían sido instruidas contra Venecia.

Escudo de armas de Pablo V
Escudo de armas de Pablo V
Simultáneamente con la batalla de Venecia, Pablo entró en otra con Inglaterra. En ese país tras la Conspiración de la Pólvora, de la que había sido acusada la facción católica, el parlamento había impuesto a todos los ingleses el juramento de que nunca aceptarían la doctrina por la que el papa podía deponer a reyes o anular juramentos de fidelidad de súbditos. Pablo prohibió este juramento (1606 y 1607), involucrándose en la controversia por un lado y el rey Jacobo y Bellarmino por otro. Esta disputa, en lo que a la autoridad papal se refiere, se transplantó a Francia también, cuando Enrique IV cayó asesinado por Ravaillac (1610). Lo que estaba en la mente de Pablo en este caso se aprecia en su declaración al enviado de Flandes: 'Esto fue obra del Señor, que estaba dando a un réprobo entendimiento'. Ya que el jesuita de Mariana en su tratado De rege et regis institutione (Maguncia, 1605) defendió el asesinato de reyes heréticos, el parlamento ordenó que la obra fuera quemada por el verdugo y también prohibió el ataque de Bellarmino contra Jacobo I. Pero esto no fue el final de la lucha. En 1611, cuando Edmund Richer, en su tratado De ecclesiastica et politica potestate, dio expresión a las ideas galicanas, el jesuita Suárez amenazó con un nuevo ataque contra Jacobo I, ganándose el aplauso del papa; mientras que al contrario, fue solo por negociaciones especiales que Maria de Médicis, como regente de Luis XIII, pudo ser inducida a retener la aceptación del decreto del parlamento francés, que prácticamente aprobaba la circulación del documento de Richer al prohibir su anulación.

Entre tantas batallas, Pablo tuvo dos veces la oportunidad de trabajar por la causa de la paz: en España, desde 1606 en adelante y en Alemania, antes de la Guerra de los Treinta Años. La situación en España provocó la expulsión de los moriscos. En 1608, el dominico Bleda trató de justificar, con su Defensio fidei, la medida que el cardenal Richelieu describió como 'el más bárbaro procedimiento en los anales de la humanidad' (Mémoires du Cardinal de Richelieu, i. 86, París, 1836), apoyando los comisionados romanos el proyecto, aunque Pablo había aconsejado anteriormente un acuerdo pacifico. Fue, por tanto, en el espíritu de ese 'odioso libro' (H. C. Lea, Hist. of the Inquisition of Spain, iii. 388, Nueva York, 1907), que Felipe III se puso manos a la obra, confiscando vastas propiedades de los musulmanes y arrojando a miles a la miseria. En Alemania, Pablo exhortó a los poderes católicos a la guerra con Federico del Palatinado, prometiéndoles ayuda y sobreviviendo a la victoria en Weissberg (noviembre de 1620), pero fue atacado de parálisis mientras tomaba parte en una procesión para solemnizar el asunto el 28 de enero de 1621. Además de dotar opulentamente a la familia de su hermano y hacer que los Borghese acumularan la propiedad de terrenos más grande dentro de los Estados papales, Pablo legó un valioso equipamiento a la ciudad de Roma, con la restauración del gran acueducto que lleva su nombre (Aqua Paola).