Historia

PEDRO LOMBARDO (c. 1105-1160)

Pedro Lombardo, así denominado por su lugar de nacimiento y conocido como el "Maestro de las Sentencias" por su principal obra, fue uno de los teólogos escolásticos más importantes del siglo XII. Nació probablemente en Novara, entonces en Lombardía, hacia 1105 y murió en París el 21 o 22 de agosto de 1160.

Vida.
El que habría de ser conocido como 'Maestro de las Sentencias' procedía de una familia pobre, pero enseguida encontró poderosos patrocinadores que le permitieron recibir una buena educación, primero en Bolonia, luego en Francia, en Reims, adonde llegó con una carta de recomendación de Bernardo, y en París, cuando era el cuartel general del saber. Aquí se quedó, en estrecha relación con la escuela de San Víctor, cuyo director Gilduin St. Bernard le recomendó en una carta que todavía existe. Enseñó teología en la escuela catedralicia de Nôtre-Dame, encontrando tiempo para elaborar las obras que le darían fama. Sus fechas pueden ser fijadas solo aproximadamente. Su obra más famosa, Libri quatuor sententiarum, la compuso probablemente entre 1147 y 1150, aunque pudo ser en 1155. Nada se sabe de su vida posterior, salvo que fue obispo de París en 1159. Según Walter de San Víctor, un testigo hostil, obtuvo el cargo por simonía, pero el relato más usual es que Felipe, hermano menor de Luis VII y archidiácono de París, fue elegido, pero declinó en favor de Pedro, su maestro. La fecha de su muerte no puede ser determinada con certeza. El antiguo epitafio en la iglesia de San Marcelo en París la sitúa en 1164, pero la cifra parece ser una adición posterior, siendo un hecho demostrado que Mauricio de Sully fue obispo antes de finales de 1160, lo cual parece concluyente, aunque es posible que en ese año dimitiera de su sede y viviera tres o cuatro años más. Su carácter personal, en tanto puede ser determinado de las escasas indicaciones, parece que mereció el respeto, e incluso el oponente mencionado, un antiguo alumno suyo, habla de él con personal afecto.

Mapa del escolasticismo y misticismo medieval
Posición teológica.
La importancia histórica de Pedro Lombardo descansa en sus Sentencias y en la posición que tuvieron en la teología medieval. Los anteriores teólogos dogmáticos, como Isidoro de Sevilla, Alcuino y Pascasio Radberto habían intentado establecer la doctrina de la Iglesia desde los textos de la Biblia y citas de los Padres. En el siglo XI este método dio paso a la elaboración dialéctica y especulativa de los dogmas tradicionales. Pedro Lombardo entró en escena cuando los nuevos métodos y sus artificios dialécticos estaban todavía expuestos a amplia objeción, pero cuando la sed de conocimiento era notoriamente aguda. Se publicaba un texto tras otro, procediendo la mayoría de la escuela de Abelardo o en algún grado inspirados por él. De esas obras, la mayor influencia la obtuvo la obra de Pedro, que durante un tiempo fue un admirable compendio de conocimiento teológico. Está escrita bajo la preeminente influencia de Abelardo, Hugo de San Víctor y el Decretum de Graciano. Si Pedro había estudiado él mismo a los escritores antiguos que cita es incierto; él era un hombre de amplias lecturas, pero las obras de los Padres se habían usado una y otra vez en largas catenæ de 'sentencias' que hacían innecesario ir a los tratados originales. Al igual que sus contemporáneos, a quienes conoce totalmente, muestra la influencia de Abelardo en su método y en incontables detalles, mientras que reserva una actitud crítica hacia sus peculiaridades más pronunciadas. Por otro lado, sigue estrechamente a Hugo y a veces textualmente, aunque también con una tendencia a evitar los aspectos puramente especulativos. Para su doctrina sacramental le es útil Graciano, especialmente por las citas aducidas de él y su actitud legal hacia esas cuestiones.

Método.
La característica más destacada del método de Pedro es la cauta y discreta reserva en su tratamiento de los problemas dogmáticos. Muestra una fuerte inclinación a no entrar en especulaciones, intentando presentar simplemente la enseñanza recibida de la Iglesia. No entra en disputas sobre la Escritura y la razón, la autoridad y la filosofía. No era capaz de dilucidar los términos técnicos de las escuelas filosóficas; las autoridades, antiguas y posteriores, a las que siguió habían trabajado con esos términos. Pero sus explicaciones son más bien no definidas y eclécticas, lo que hace a su obra de amplia utilidad. Asumiendo que las bases de sus decisiones están en las Escrituras, los Padres y los antiguos concilios con sus credos, procede antes de nada a proponer una pregunta, ofreciendo a continuación una solución, a través de uno o más pasajes patrísticos. Las autoridades que parecen contradecir esta solución son aducidas a continuación y la oposición se resuelve mediante uno de los dos métodos, ambos de Abelardo, ya sea por la hipótesis de que las palabras pueden tomarse en dos diferentes sentidos en las dos autoridades o por la evaluación de las autoridades, en cuyo caso la Biblia se asume como infalible y Agustín como el más grande de los Padres. Otra manera de situar la pregunta es citar alguna declaración contemporánea y confirmarla o refutarla. La razón tiene un lugar secundario. La razón natural es, de hecho, un reflejo de la presencia de Dios, pero necesita ser ayudada y completada por la revelación. Admite que la creación por Dios fue conocida por los paganos 'meditante el razonamiento filosófico' así como por la ley de la naturaleza 'por la que un hombre entiende y es consciente de lo que está bien y mal', anticipando aquí la posterior actitud escolástica. La teología está limitada a la doctrina positiva de la Iglesia, pero en sus fundamentos concuerda con los resultados naturales y racionales obtenidos por la mente humana. Pero Lombardo no alcanza la claridad científica de sus sucesores en relación a esas cuestiones, mientras que por otro lado resiste la tendencia a las sutilezas, tan característica de muchos de ellos.

Análisis de las Sentencias.
El primer libro de las Sentencias trata, principalmente desde un punto de vista cosmológico, con las evidencias de la existencia de Dios. Para la doctrina de la Trinidad apela a las analogías usadas desde Agustín, negando que un conocimiento real de la doctrina se pueda obtener de ella sin revelación positiva y fe, subrayando el hecho de que el lenguaje humano no puede satisfactoriamente describir a Dios. Joaquín de Fiore afirmó que Pedro Lombardo cambió la Trinidad en una cuaternidad, investigándose la acusación en el IV concilio de Letrán en 1215. La base de esta acusación fue la manera en la que distingue la existencia divina de las tres personas, afirmando, como realista, la realidad fundamental de esa sustancia común. Joaquín le acusó de añadir esa sustancia a las tres personas, pero Inocencio III y el concilio decidieron que era perfectamente ortodoxo. La relación entre la presencia de Dios y los acontecimientos es concebida en tal manera que ni lo que sucede es la base actual de la presciencia ni ésta lo es de aquélla, sino que cada una es a la otra una causa sine qua non. La predestinación es por tanto una elección divina, la preparación de la gracia, la presciencia y preparación de las bendiciones de Dios por las que el hombre es justificado. No hay tal cosa como mérito antecedente a la gracia, ni siquiera en el sentido de que el hombre puede merecer no ser desechado. La omnipotencia de Dios consiste en esto, que él hace lo que quiere y nada le falta. Se hace una distinción entre la voluntad absoluta y no causada de Dios, que siempre se cumple, y lo que se puede denominar su voluntad en un sentido amplio. Los signa beneplaciti, como mandatos, prohibiciones, consejos, operaciones, permisos, no siempre se cumplen, 'pues aunque Dios mandó a Abraham que sacrificara a su hijo, sin embargo no quería que eso fuera hecho.' El segundo libro trata con la creación y la doctrina de los ángeles, siguiendo usualmente a Hugo. Pedro considera la 'imagen' y 'semejanza' de Dios distintas, pero no se decide por ninguna de las tres explicaciones que cita de esa distinción. Rechaza el traducianismo del alma humana. Llama a la voluntad libre, en tanto 'tiene el poder de querer y escoger, sin coerción o necesidad, lo que se ha decretado sobre bases razonables', pero niega la teoría de Abelardo de que el carácter moral de un acto depende de la voluntad del hacedor. Es importante el fuerte énfasis puesto sobre el carácter pecaminoso de la naturaleza derivada de Adán, en conjunción con la condenación de la proposición de Abelardo de que 'heredamos de Adán, no la culpa sino el castigo'. Sobre la gracia muestra algo de pensamiento independiente, que tuvo su influencia posteriormente. La gracia (gratia operans) es un poder (virtus) que libera y sana la voluntad, permitiendo hacer lo bueno y obras meritorias; de los dos colaboradores que producen las mismas, gracia y voluntad, la primera es la más importante. El tercer libro trata con la cristología, reproduciendo las concepciones ortodoxas tradicionales, pero mostrando alguna influencia de Abelardo. Una porción de esta discusión le puso bajo sospecha de nihilianissmo, del que fue acusado por Juan de Cornualles y Walter de San Víctor, tomando más de un concilio la cuestión, aunque sin decidirse. La acusación de nestorianismo, que Gerhoh de Reichersberg hizo contra la cristología de su tiempo, se hizo también contra la de Pedro Lombardo. Respecto a la expiación acomete a la vez la tarea de salirse del sistema de su día y de hacer uso de las sugerencias de Abelardo. Cristo mereció la glorificación por su vida y mediante su muerte el hombre entra en el Paraíso, siendo liberado del pecado y su castigo y del poder del diablo. Cristo, como hombre, es un sacrifico suficiente y perfecto para lograr la reconciliación por la revelación del amor de Dios en su muerte; 'la muerte de Cristo nos justifica, cuando mediante ella es avivado el amor en nuestros corazones.' Más aún, Cristo libera al hombre del castigo eterno relaxando debitum, pero para liberar al hombre del castigo temporal, que es remitido en el bautismo y mitigado por la penitencia, 'las penitencias impuestas por la Iglesia sobre quienes se arrepienten no serían suficientes, a menos que el castigo llevado por Cristo sea añadido para liberarnos'. Hay una falta de claridad sobre esta cuestión; las ideas de Abelardo (Anselmo no es citado) se muestran en todo el desarrollo para preservar la noción objetiva de la obra de redención. El cuarto libro trata con los sacramentos. Aquí Pedro sigue a Hugo y al Decretum de Graciano, siendo su enseñanza de gran importancia para el desarrollo posterior. Probablemente fue el primero en hacer una clasificación distintiva de los siete sacramentos; sitúa las cuestiones dogmáticas para discusión en cada encabezamiento, presentando el asunto a partir del derecho canónico para su discusión del dogma sacramental. Con respecto a la eucaristía, habla de 'conversión' de una sustancia en otra, sin definirlo más y niega tanto el concepto simbólico como la consubstanciación, enseñada por algunos seguidores de Berengario. En su doctrina de la penitencia sigue a Abelardo, en la búsqueda de una justificación teórica para el cambio que había tenido lugar en aquel tiempo sobre esta práctica.

Hoja de pergamino de Collectanea Epistula Pauli ad Romanosde Pedro Lombardo. Viena, ÖNB, Cod. 1209
Hoja de pergamino de Collectanea Epistula Pauli ad Romanos
de Pedro Lombardo. Viena, ÖNB, Cod. 1209
Ataques a las Sentencias. Otras obras.
A pesar de la cauta objetividad de todo el tratamiento, algunas de las proposiciones establecidas en las Sentencias fueron consideradas erróneas años después. Ya se han mencionado los ataques a la doctrina trinitaria y cristológica de Pedro. Walter de San Víctor afirma que en el III concilio de Letrán en 1179 se propuso condenar las Sentencias, pero otros asuntos impidieron la discusión de lo propuesto. Desde mediados del siglo XIII la universidad de París rechazó su adhesión a ocho proposiciones, de un alto contenido técnico, y Buenaventura declinó insistir en ellas. Hubo otras añadidas, pero esas objeciones no interfieren en la popularidad general que tuvo la obra, la cual había aumentado tanto para el tiempo de Roger Bacon que él se quejaba (c. 1267) de que las clases sobre las Sentencias habían relegado a los temas escriturales a un segundo plano. Además de las Sentencias otras obras existentes de Pedro Lombardo son Commentarius in psalmos Davidicos (publicada primero en Nuremberg, 1478; en MPL, cxci. 31-1296) y Collectanea in omnes D. Pauli epistolas (publicada primero en París, 1535; en MPL, cxci, cxcii), siendo ambas colecciones a la manera de las catenæ medievales, de citas patrísticas y teólogos medievales, con ocasionales comentarios independientes. Hay algunos manuscritos no publicados en diversos lugares, aunque de dudosa autenticidad. De esos los más importantes, para un conocimiento completo del autor, son dos manuscritos, uno de principios del siglo XIII y otro del XIV, que están en la Biblioteca Nacional de París, conteniendo veinticinco sermones para festividades, que representan una clase de teología mística medieval moderada, dominada por la exégesis alegórica, pero señalando excelentes puntos prácticos.