Historia
PELAGIO (354 - c. 430)
- Lugar y vida
- Obras
- Pecado original
- Redención cristiana
- Paidobaptismo, pecado original y perfección
- Doctrina de la gracia
- Carta a Demetria y Celestio
Lugar y vida.
Junto con su amigo Celestio es mencionado por Agustín en una carta del año 418, como autor o promotor de una herejía que procuraba minar la antigua fe, atacando la doctrina de la gracia divina. Hasta 411, sin embargo, Pelagio fue estimado como alguien perfectamente ortodoxo, no ganándose su mala fama hasta que entró en el dominio de la influencia dogmática de Agustín. Fue de África de donde procedió la condenación del pelagianismo y en el este fue sólo después de que la controversia pelagiana se viera complicada con el nestorianismo que Pelagio fue estimado como hereje, lo que no ocurrió hasta después de 428. Pelagio había vivido por largo tiempo en Roma, cuando, hacia el año 411, hizo el fatídico viaje a África que le etiquetaría como hereje. No es improbable que fuera anciano ya en el año 410, desapareciendo su nombre tras el 418. De su vida se sabe definitivamente poco e incluso los datos sobre su nacimiento son inciertos. Agustín, Próspero, Mario Mercator y Orosio se refieren a él como bretón. Jerónimo, por otro lado, señala que era de Albión o Escocia (es decir, Irlanda). Sin embargo, parece probable que Pelagio era de nacimiento británico. Era monje, aunque si lo fue en su país natal o no, no se sabe. Lo más probable es que hubiera visitado el este antes de establecerse en Roma, especialmente porque estaba familiarizado con el griego (aunque esto no es un argumento concluyente). A duras penas puede ser identificado con el monje del mismo nombre mencionado por Crisóstomo en 405, pues en ese año él estaba viviendo en Roma o con un monje a quien Isidoro de Pelusio se refiere. Si Pelagio visitó el este antes del año 400, pudo haber sido allí hecho monje, pero en Roma no estaba relacionado con ningún monasterio, ni desempeñaba ninguna posición eclesiástica. No obstante, aun sin escuela o posición, como educado y recto asceta, tal como Pelagio era reconocido, rápidamente encontró público y se difundió su fama. En el año 405 se escribía con Paulino de Nola y tuvo una honorable reputación ante Agustín. Jerónimo y Orosio le describen como hombre de amplios hombros y fuerte cuello, corpulento en persona.
Obras.
Según Genadio, Pelagio había escrito dos obras de valor antes de ser conocido como hereje: De fide Trinitatis libri tres y Eclogarum ex divinis scripturis liber unus. La primera ha desaparecido completamente, la segunda es totalmente idéntica con Testimoniorum liber y Capitulorum liber a los que Agustín y Jerónimo se refieren, del que el sínodo de Dióspolis cita varias proposiciones. El fragmento de esta obra, sin embargo, que consistía principalmente de citas de las Escrituras con sólo los encabezados de los capítulos escritos por Pelagio, es de poco valor para un conocimiento de su sistema. La mayor importancia se asocia a In apostolum Paulum commentarii, mencionado por Mario Mercator. Esta obra fue conocida por Agustín hacia el año 412 y Mario Mercator tiene razón indudablemente al fecharla antes de 410.
Pecado original.
Ya en su comentario sobre Romanos, Pelagio negó el principio del pecado original heredado de Adán, no sólo citando las ideas similares de otros (posiblemente incluyendo a Celestio) sino negándolo él personalmente. Sólo la carne del hombre, no el alma inmortal, viene de Adán e incluso la "sustancia de la carne del hombre" viene de Dios y es, por tanto, buena; juzga maniquea la afirmación de que el pecado es innato en el cuerpo. El hombre, por tanto, todavía posee el poder de no pecar y es libre para hacer el bien o el mal. Eso implica que la muerte natural no se debe a Adán, ni estima la muerte natural (es decir, la muerte sin posteriores consecuencias en el Hades) como resultado de la caída o encuadrada bajo la categoría de muerte. Al mismo tiempo, Pelagio sostuvo que el pecado había entrado en el mundo por Adán, quien trajo la muerte sobre sí mismo y sus descendientes. Pero aunque la carne es buena, sus deseos, tan pronto como pasan más allá de los "límites de la naturaleza" son contrarios a la razón. La aplicación de esas ideas lleva un sello decididamente ascético: vender todas las posesiones, como él mismo había hecho; abstenerse incluso de lo que está permitido; contentarse, como los peregrinos, con lo estrictamente necesario y el celibato. Esos eran sus ideales. Sin embargo, Pelagio cuidadosamente se abstuvo de reconvenir a la naturaleza. No se opuso al matrimonio, aunque los deseos de la carne, que no están sin justificación cuando se mantienen dentro de los límites de la naturaleza, permanecen en oposición al alma y pueden intensificarse con las pasiones. Aunque la razón puede oponerse a esas "pasiones animales irracionales", Pelagio delata la influencia de los estoicos, estando lejos de no reconocer el poder del pecado en el mundo. Muchos fueron constituidos pecadores por el ejemplo de la desobediencia de Adán; el mismo "hábito del pecado" había obtenido tal poder sobre la raza, que Pelagio pudo hablar de una "necesidad" enraizada en este hábito; necesidad que cada hombre ha creado. Ya que todos han pecado, todos mueren. Adán es el tipo de los que mueren, como Cristo es el tipo de los que resucitan. Ya que el hombre ha olvidado la ley de la naturaleza, Dios ha dado la ley de la letra, que puede ser cumplida con recompensa de vida eterna, pero nadie la ha cumplido por la debilidad de la carne. Esta ley nada sabía del perdón del pecado, aunque Dios se había propuesto desde la eternidad salvar a aquellos que creyeran en su Hijo. Cuando Cristo vino el tiempo se había cumplido, ya que nadie pudo guardar la ley a causa de su hábito malo, siendo posible la salvación por la fe en él.
Redención cristiana.
Para responder a las cuestiones de lo que Cristo ha hecho y dado, Pelagio repetidamente replicó en dos formas, como cuando dijo (sobre porque por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de El; pues por medio de la ley viene el conocimiento del pecado.[…]Romanos 3:20): "Dio remisión de pecados a los que creen y enseñó cómo los vicios de la carne deben ser evitados y reducidos por el entendimiento." En esta remisión de pecados Pelagio distinguió entre redención y justificación; la primera la subrayaba sólo donde Pablo habla de redención, pero la segunda es continuamente enfatizada por Pelagio. Esta justificación, otorgada por el bautismo, se asegura solamente por la fe solo, siendo Pelagio el más conspicuo representante del sola fide antes de Lutero. Al mismo tiempo sostuvo que nadie puede pensar que la fe sola es suficiente para la salvación sin santidad de mente y cuerpo. Si el cristiano permanece en estado de justificación sin las obras de la fe, su fe está muerta. La fe que es de esta manera asociada por Pelagio con la justificación, aunque dada a cada individuo por Dios en tanto cada uno es llamado por la voluntad divina a creer, descansa en el libre albedrío de cada hombre. Pelagio por tanto no es predestinacionista y expresamente sostiene (sobre Y de la misma manera, también ha quedado en el tiempo presente un remanente conforme a la elección de la gracia de Dios.[…]Romanos 11:5) que la "fe es la elección de la gracia como las obras son la elección de la ley"; más aún, la fe es el descanso en las promesas de Dios, la "esperanza de la recompensa de buenas obras", sin la cual "nadie puede cumplir las virtudes" (sobre Porque en el evangelio la justicia de Dios se revela por fe y para fe; como está escrito: MAS EL JUSTO POR LA FE VIVIRA.[…]Romanos 1:17). Aunque el bautizado está santificado, debe retener su santificación. Los pecados previos al bautismo no deberían perturbar y todo el que es vencido por el pecado debería buscar refugio en la penitencia. De esta manera Pelagio lleva a la segunda bendición de Cristo, la gracia por la que el bautizado puede aprender de la doctrina y ejemplo de Cristo. Esta doctrina y ejemplo enseña cómo vencer las pasiones, pues fue característica distintiva del Nuevo Testamento que Cristo enseñó cómo acabar no sólo con el pecado, sino incluso con las ocasiones mismas. Esto, en una palabra, lo enseña inculcando el ascetismo: ya que "por nacer de una madre pobre se había burlado de las riquezas; pues aunque no aprendió letras refutó la sabiduría mundana y por lo tanto no se jacta del valor humano" (sobre sino que Dios ha escogido lo necio del mundo, para avergonzar a los sabios; y Dios ha escogido lo débil del mundo, para avergonzar a lo que es fuerte;[…]1 Corintios 1:27).
Paidobaptismo, pecado original y perfección.
Los comentarios de Pelagio contienen todas las doctrinas erróneas que posteriormente le fueron adjudicadas, con una sola excepción. Sin embargo, ésta no fue la que predominantemente llevó a su condenación: dudas sobre el bautismo de los niños para la remisión de los pecados. Él no tuvo ocasión de mencionar el paidobaptismo, pues su alta estima de la justificación por la sola fe evidentemente concernía sólo a aquellos bautizados como adultos, aunque obviamente, si se hubiera visto en la necesidad de aludir a ello, habría sido condenado. De aquí se desprende una doble conclusión: primero, que la doctrina de Pelagio puede no haber sido ofensiva en sí misma para amplios círculos de la Iglesia de su período; segundo, que el bautismo de niños era fatal para él en tanto era reconocido por la Iglesia como remisión de los pecados. Según Agustín, los tres principales errores de Pelagio fueron: su negación del pecado original, su idea de que la gracia justificante no es dada libremente sino según el mérito y que es posible la perfección impecable tras el bautismo. La primera y tercera acusación estaban bien fundadas. Aunque reconocía que el pecado era casi general sin excepción, Pelagio no reconoció una tendencia heredada y la posibilidad de la impecabilidad post-bautismal, aunque raramente realizada, se desprendía de su premisa de que los cristianos son llamados a la perfección. Sin embargo, en ninguna de esas posiciones estaba Pelagio sin predecesores. La doctrina del pecado original fue desconocida en la Iglesia oriental y Pelagio pudo incluso afirmar en algún grado el apoyo de Lactancio (Divina institutio, iv. 24-25). El pecado universal era por la teología origenista una presuposición de este periodo de tiempo. En el Antiguo Testamento, Abraham, Noé, Enoc y Abel fueron declarados "aceptables ante Dios" y Atanasio aceptó esto en el sentido de integridad activa y consideró a Jeremías sin pecado. La idea antigua estaba tan esparcida que era el deber del cristiano vivir impecablemente tras el bautismo, una idea expresada por Atanasio y Justino y estimada enteramente posible de realización.
Doctrina de la gracia.
No obstante, sería incorrecto decir que las ideas de Pelagio representaban solamente lo que ya estaba sucediendo en el este. Agustín estaba equivocado al acusar a Pelagio de sostener que la gracia justificante está condicionada por el mérito; pues uno de los principios cardinales de Pelagio es que el hombre se justifica en el bautismo por la fe solamente y no por ningún mérito de su vida pasada. Era sólo la gracia asistente de otra clase la que podría merecerse según el sistema de Pelagio. El error de Agustín se debe a que por justificación él tuvo en mente algo diferente de lo que entendía Pelagio. Sin embargo, en cualquier caso expresó con seguridad lo que encontró desastroso en Pelagio, esto es, el concepto de esa gracia (gratia inspirationis) sin la cual, en la idea de Agustín, nada bueno puede suceder, siendo la comunicación interior de la fuerza sobrenatural para el bien y el otorgamiento de la participación en el bienestar divino, sin la cual no se realiza la justificación. Es verdad que Pelagio habla de una "fuerza del Espíritu Santo" dada por Cristo a sus seguidores y de un "sello del Espíritu", recibido por el cristiano en el bautismo y que también él era consciente de que el Espíritu ayuda a la debilidad del hombre (Y de la misma manera, también el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; porque no sabemos orar como debiéramos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles;[…]Romanos 8:26), pero entendía esta ayuda del Espíritu bien en el sellado bautismal para la seguridad de la futura herencia o con el fortalecimiento de los poderes debilitados del hombre al recibir la esperanza de recompensa (y la esperanza no desilusiona, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por medio del Espíritu Santo que nos fue dado.[…]Romanos 5:5). Es cierto que no toda mención de la "ayuda del Espíritu" la explica Pelagio en esta manera, pero su tendencia general fue sembrar en las ideas bíblicas conceptos de acuerdo con su pensamiento general. Agustín fue influenciado por el misticismo de la escuela neoplatónica; Pelagio por la filosofía moral, racional y popular de los estoicos. Consecuentemente su opinión de la "muerte natural y común" tiene pocos paralelos en la Iglesia oriental. Hay que destacar que su idea del estado pecaminoso del hombre es más análogo al del pecado y culpa colectiva que algunos en la Iglesia moderna sostienen que al de Agustín y que su doctrina de la justificación cocuerda más estrechamente en muchos aspectos con la de Pablo que la de Agustín. Su concepto de la fe, en manera semejante, es más profundo, aunque se ve impedido para entender perfectamente lo religioso por su intelectualismo moralista, tal como Agustín está impedido por su tendencia mística. Pero, de nuevo igual que Agustín, Pelagio significa más que su enseñanza. Para él la esperanza de recompensa se funda en la remisión de los pecados y la remisión descansa en la cruz. Por esta razón subraya frecuentemente la gratitud y palabras tales como "prueba que tiene a Dios en mente quien, teniendo a Dios siempre delante, no se atreve a pecar" (sobre Pues aunque conocían a Dios, no le honraron como a Dios ni le dieron gracias, sino que se hicieron vanos en sus razonamientos y su necio corazón fue entenebrecido.[…]Romanos 1:21) demuestran concluyentemente que Pelagio sabía de una relación personal con Dios y Cristo, la cual sus fórmulas moralistas no podían describir, igual que no podían hacer justicia los conceptos de Agustín a las profundidades de su piedad personal.
Carta a Demetria y Celestio.
Sin embargo, está claro que los principales intereses de Pelagio no estaban centrados donde sus pensamientos se acercaban más a los de Pablo. Esto se aprecia por su carta a la virgen Demetria (cg. Agustín, De gestis Pelagii, ii. 1099-1120), escrita en 413 o 414 y preservada entre las obras de Jerónimo. Aunque mantiene que Dios perdona en el bautismo todos los pecados del cristiano, la carta subraya la amonestación de que el bautizado "debe ser tan consciente de su nacimiento celestial que, viviendo entre los malos, debe conquistar todo mal." El poder del bien y del mal es una presuposición fundamental y la gloria del alma racional; incluso muchos filósofos, aunque extraños a Dios, han sido capaces de agradarle en virtud de la "bondad de la naturaleza." La carta también alude a la "gracia de la remisión de los pecados", poniendo más énfasis, sin embargo, en la "gracia de la doctrina", con mención de las "gracias de ayuda" (por el Espíritu Santo), aunque estas últimas gracias las desarrolla sólo de forma vaga en esta epístola. Incluso la meditación en la Biblia la subraya Pelagio sólo en interés del estímulo y la instrucción moral. De este modo es evidente que el concepto religioso de Pelagio se retira de la escena cuando habla de moralidad o santidad de vida, viviendo, a pesar de su completa familiaridad con los escritos de Pablo, en una atmósfera de moralidad ascética más cercana a las ideas de Séneca que a las del gran apóstol. Más enérgicamente que Pelagio y en una fecha anterior, su alumno Celestio, abogado de noble nacimiento, subrayó el lado negativo de las ideas que él y su maestro tenían en común. Según el testimonio del Liber prædestinatus (i. 88; comp. Vicente de Lérins, Commomnitorium, xxiv, xxxiv) Pelagio derivó de Celestio la tesis expuesta contra el pecado original, pero esto no quiere decir que eran citas de un libro de Celestio titulado "Contra el pecado original". La cita de Jerónimo de una obra de Celestio, probablemente titulada "Silogismos", así como una serie de sentencias por las que Celestio fue desafiado en Cartago en 411, se pueden derivar del mismo libro del que Pelagio las extrajo. Por otra parte, no es imposible que el autor del Liber prædestinatus y Vicente puedan haber tenido en mente varias obras de Celestio, cuando ellos le denominaron el primer oponente de la doctrina del pecado original. En todos los aspectos, la actividad literaria de Celestio, hasta donde es conocida, no causó más controversia en Roma que los comentarios de Pelagio.