Historia

PELAGIO I († 561)

Pelagio I fue papa entre los años 555 y 561. Nació y murió en Roma, el 4 de marzo de 561. Era hijo de un oficial romano, apareciendo por primera vez acompañando a Agapito I a Constantinopla en febrero de 536. Permaneció en Constantinopla tras la muerte de Agapito, siendo el representante permanente o apocrisiario de Silverio. En tal cargo ganó gran influencia, disfrutando de la confianza de Justiniano, pudiendo intervenir varias veces decisivamente en las disputas eclesiásticas de Oriente. En enero de 543 contribuyó no poco a la condenación del origenismo. Regresó a Roma en 545 y actuó en lugar de Vigilio durante la ausencia de éste. El 17 de diciembre de 546, Roma tuvo que rendirse ante los godos de Totila y Pelagio hubo de reconocer al bárbaro como dueño, ejerciendo como embajador suyo en negociaciones de paz con Justiniano en 547. Regresó a Roma sin haber arreglado los asuntos a satisfacción del rey godo, por lo que éste ordenó a todo el clero que dejaran Roma, quedándose Pelagio en Sicilia hasta el 551.

Se opuso fuertemente a los Tres Capítulos y usó su influencia con Vigilio para inducir a éste a retirar el Judicatum de 548. En la primavera de 553 lo logró y el 14 de mayo de ese año el papa firmó el denominado Constitutum, elaborado por Pelagio, protestando contra el edicto. Como consecuencia, Pelagio que había estado en Constantinopla desde 551, fue encarcelado por Justiniano. Utilizó su forzado descanso para escribir Sex libri in defensionem capitulorum y cuando en diciembre de 553 Vigilio se conformó de nuevo a la voluntad del emperador, Pelagio lanzó desde su celda un violento ataque contra el inestable papa. Sin embargo, a principios de 555, siguió el ejemplo de Vigilio, mientras que Justiniano le designó como sucesor de Vigilio. En Roma, sin embargo, no querían a Pelagio como papa y cuando Vigilio murió (7 de junio de 555), escogieron al presbítero Mareas en su lugar. Éste murió en agosto, pero todos dudaron en aceptar la elección del emperador, no siendo hasta el 18 de abril de 556 que Pelagio pudo ascender al trono papal. Su posición era difícil, pero él luchó, no sin éxito, para conciliar a la oposición. Reparar los saqueos de la guerra era otro deber que recaía sobre el nuevo papa y ahí aparece en una luz más agradable. Rehabilitó las finanzas de Roma, reconstruyó las iglesias desvalijadas y consagró a cuarenta y nueve obispos, veintiséis presbíteros y nueve diáconos, sin olvidarse de los pobres. Cuando murió, lo peor de las malas consecuencias de la guerra goda en Roma y sus inmediaciones se había eliminado.