Historia
PHILLIPS, PHILIP (1834-1895)

Hacia 1860 Phillips publicó su primera colección de canto, Early Blossoms. Fue seguida unos dos años más tarde por Musical Leaves, de la que se vendieron varios cientos de miles de copias. Durante la guerra civil Phillips celebró cultos de canto en las principales ciudades del norte, en relación con la Comisión Cristiana, cuyo apogeo fue una reunión en Washington, D. C, en la que presidió Seward. En 1866 publicó The Singing Pilgrim, or Pilgrim's Progress Illustrated in Song. El siguiente año se mudó a la ciudad de Nueva York, donde se convirtió en editor musical de Methodist Book Concern. Publicó su New Hymn and Tune Book (1867) y en 1868, como culminación de una serie de cultos de musicales en Inglaterra, su American Sacred Songster, del que se vendieron más de un millón de copias. Muchos otros trabajos siguieron, incluyendo The Gospel Singer (1874); Song Ministry (1874); Gem Solos (1887); Six Song Services with Connective Readings (1892); y, en colaboración con su hijo, Philip Phillips, Jr., Our New Hymnal (1894). A pesar de que sus libros representan una gran producción, fueron en su mayor parte compilaciones de himnos existentes. La popularidad de sus libros de cantos se vio ayudada por sus cultos musicales, de los cuales realizó más de 4.000 durante su vida, invirtiendo sus ganancias en filantropía. Su gira más ambiciosa fue la que en 1875 lo llevó a las Islas Sandwich, Australia, Nueva Zelanda, Tierra Santa, Egipto, India y Europa continental. Otras colecciones publicadas son Day School Singer (Cincinnati, 1869) y Song Sermons (Nueva York, 1877). Escribió también Song Pilgrimage around and throughout the World, con una introducción por J. H. Vincent y un bosquejo biográfico por A. Clark (Chicago, 1880).
El siguiente es un himno de Phillips, traducido al español y titulado A Cristo doy mi canto.
A Cristo doy mi canto:
Él salva el alma mía,
Me libra del quebranto
Y con amor me guía.Ensalce nuestro canto
Tu sacrosanta historia;
Es nuestro anhelo santo
Mirar, Jesús, tu gloria.Jamás dolor ni agravios
Enlutarán la mente
Si a Cristo nuestros labios
Bendicen dulcemente.Tu nombre bendecido
Alegra el alma mía
Tu nombre es en mi oído
Dulcísima armonía.Viviendo he de ensalzarte.
Y si abandono el suelo,
Veránme ir a adorarte
Los ángeles del cielo.