Historia
PICO DELLA MIRANDOLA, GIOVANNI (1463-1494)

El siguiente pasaje procede de su obra Discurso sobre la dignidad del hombre:

'Con todo derecho, el hombre es llamado y reconocido como un gran milagro y un animal realmente maravilloso... YaDios, el gran Arquitecto y Padre, había fabricado esta morada del mundo y de la divinidad que vemos, este templo augustísimo, según las leyes de su arcana sabiduría. Embelleció la región supraceleste con las inteligencias, animó los orbes etéreos con las almas inmortales, pobló las zonas del mundo inferior, llenas de excrementos y deshechos, con una ingente multitud de animales de todas las especies.
Pero, concluido el trabajo, el Artífice deseaba que hubiesealguien capaz de entender la razón de tan grande obra, de apreciar su belleza, de admirar su grandeza. Por ello, después de haber creado todas las otras cosas (como atestiguan Moisés y Timeo), pensó al fin en crear al hombre. Pero entre los arquetipos ya no quedaba de qué formar la nueva progenie humana; ni en las arcas más tesoros como herencia que legar al nuevo hijo; ni en los escaños del orbe entero un sitial donde pudiese asentarse el contemplador del Universo. Ya todo estaba lleno: todo había sido distribuido en los órdenes sumos, medios e ínfimos.
Decretó al fin el supremo Artesano que, no pudiendo entregarle nada propio, le fuese común todo lo que había otorgado a cada ser particular. Tomó entonces al hombre, obra de figura aún no diferenciada, y, colocándolo en el centro del mundo, le habló de este modo: «¡Oh Adán!, no te hemos dado ni un lugar determinado, ni un aspecto propio ni un don particular, para que tú puedas tener y poseer el lugar, el aspecto y los dones que inconscientemente has pedido siguiendo tus deseos y tus sentimientos. La naturaleza de los otros seres vivos ya está definida y constreñida por leyes por nosotros prescritas: tú, no limitado por ninguna constricción, podrás definir tu propia naturaleza según tu arbitrio, cuyo poder te he entregado...
Ni celeste ni terrestre te hicimos, ni mortal ni inmortal, para que tú mismo, casi arbitrario y honorario plasmador y fundador de ti mismo, puedas forjarte en la forma que para ti prefieras. Podrás degenerar hacia los horribles grados inferiores; podrás regenerarte en los divinos grados superiores, según sea la decisión de tu ánimo».
Al hombre, en su nacimiento, le infundió el Padre toda suerte de semillas, gérmenes de todo género de vida. Lo que cada cual cultive, florecerá y producirá su fruto en él. Si las semillas fuesen vegetales, él se hará planta; si sensuales, se embrutecerá; si racionales, ascenderá al rango de animal celeste; si intelectuales se convertirá en ángel y en hijo de Dios. Y si no quedase satisfecho con el destino de ninguna manera de estas criaturas, se recogerá en el centro de su unidad haciéndose un solo espíritu con Dios en la misteriosa soledad del Padre y aventajando a todos los seres. ¿Quién no admirará a este nuestro camaleón?'