Pío IX (Giovanni Mastai Ferretti) fue papa entre los años 1846-78. Nació en Sinigaglia el 13 de mayo de 1792 y murió en Roma el 7 de febrero de 1878.
Pío IX, Museo del Risorgimento, Milán
Estudió en el Colegio Romano, siendo consagradosacerdote y trabajando durante algún tiempo en Chile. En 1827 fue nombrado obispo de Sadoleto, luego de Imola, obteniendo el cardenalato en 1840. Elegido por 34 (¿37?) votos en el cónclave que siguió a la muerte de Gregorio XVI, Pío IX se halló frente a formidables retos. La administración de los Estados papales levantaba por todas partes extremo desagrado y las ciudades de la mitad oriental, Ancona, Bolonia y Rávena, pedían reformas. El carácter y la presencia del papa parecían garantizar tal progreso, esperándose que incluso pudiera ayudar en la unificación de la nación toda, que era pedida por doquier.
La buena voluntad para la mejora de las condiciones existentes le acompañó desde el principio. Recortó los gastos de la corte papal, aunque sobre la administración civil no se persuadió a romper con el sistema por el que los oficiales gubernamentales pertenecían casi sin excepción al cuerpo clerical. Rechazó las demandas patrióticas para eliminar a los austriacos de la península italiana, resolviendo no declarar la guerra a Austria, aunque sus tropas ya estaban agrupadas con las tropas del Piamonte; pero en su alocución del 29 de abril de 1848 se protegió tras el pronunciamiento de que 'conforme a nuestro rango apostólico abrazamos a todas las naciones con amor parejo'.
Aunque no era factible la secularización de la administración pública en los Estados Papales, en Roma adquiría fuerza el elemento laico en el consejo, logrando algunos laicos puestos en el consejo de Estado (consulta). Esto no satisfizo la impetuosa demanda de una constitución y una institución de ministerios seculares. Sin embargo, el 4 de mayo de 1848 tras recomponer la membresía de los consejeros en la proporción de seis laicos por tres clérigos, se aceptó un presidente patriota del consejo en la persona de Terenzo Mamiani, aunque en vista del conflicto que estalló inmediatamente con la curia, Mamiani se vio obligado a retirarse. Su sucesor, el conde Rossi, fue asesinado y para escapar del tumulto Pío IX huyó de Roma a Gaeta. Desde allí rechazó la sugerencia de los piamonteses de permitirles restaurar los Estados Papales como monarquía constitucional. Esto lo realizaron los franceses en 1849, pero no bajo esas condiciones. Apenas había regresado (abril de 1850) cuando inauguró una era de reacción sin compromisos, marcada, por ejemplo, por la circunstancia de que en Bolonia solo, hasta 1856, el 'tribunal sumario de justicia' fusiló a 276 acusados. La administración de los Estados Papales era ahora dirigida por Antonelli sobre bases totalmente clericales. En el departamento de finanzas, algunos, incluyendo Antonelli, se enriquecían; nada se hizo con el asunto de la enseñanza pública para reducir el escandaloso analfabetismo del país, mientras que en el departamento de justicia estaba extendida la arbitrariedad. En resumen, los Estados Papales eran la peor fábrica administrativa política de Europa, a la vez que el comercio y la industria estaban paralizados.
Pío IX en su lecho de muerte
En la esfera puramente eclesiástica Pío IX, en 1854, llevó adelante el dogma de la inmaculada concepción de María, sin tomar consejo de la Iglesia, comprobando hasta dónde los obispos se conformarían a su mandato. Al mismo tiempo, en relación a los gobiernos civiles, sacó adelante sus demandas mediante los concordatos, con España (1851), Austria (1855) y también con los Estados germanos. En Italia, sin embargo, el proyecto de unificación, apoyado por el Piamonte, iba ahora viento en popa con fuerza propia en contra del papa, cumpliéndose sus varias etapas fructíferamente (victoria sobre Austria, 1859; Víctor Emauel rey de Italia, 1860; tratado de septiembre, 1864), hasta llegar a la conquista de Roma en 1870. Es de recordar que la última etapa en ese proceso se alcanzó poco después de que el concilio Vaticano I declarara la infalibilidad del papa, el 18 de julio de 1870. Hay que señalar que la ocupación de Roma por el ejército italiano en ningún modo pretendía expulsar al papa de esa ciudad. De hecho, aceptaron el concepto de 'soberanía' del Vaticano e incluso se le ofreció al papa, según la ley de 1871, un ingreso anual de 3.250.000 francos. Pero Pío IX rechazó la oferta, asumiendo que era cautivo, actitud que pronto fue objeto de burla, ya que era evidente, como con la disputa con Prusia, que la curia había incrementado sus ventajas en la salvaguarda de sus intereses eclesiásticos. Los últimos años del pontificado de Pío IX están saturados de ese conflicto, amenazando a Prusia en su alocución de 1871 con la 'piedra' de su destino devastador. Pero incluso esta lucha (tan grave en sus resultados y no apaciguada finalmente hasta León XIII) no impidió la brillante celebración de dos jubileos por parte de Pío IX. En 1871 celebró el veinticinco aniversario de su pontificado, por el que alcanzó los 'años de Pedro' y en 1877 su jubileo propiamente dicho, de cincuenta años en el sacerdocio. En esta ocasión vio a todo el orbe católico a sus pies. De hecho, sobrepasó los 'años de Pedro' en siete años. Él y su secretario de Estado, Antonelli, no consiguieron la restauración de la soberanía temporal, pero legaron tal proyecto al siguiente pontífice, quien entendió cuán provechosa era para el beneficio de la Iglesia católica.