Historia
PÍO XI (1857-1939)

El papel de Pío en las negociaciones fue considerable, debiéndose su éxito a su sensibilidad por su propio interés y también por la apreciación de las realidades políticas temporales. Con la ayuda de sus secretarios de Estado, los cardenales Gasparri (1922-30) y Pacelli (1903-39), concluyó los concordatos que fortalecieron y unieron el catolicismo en los países que sufrieron los devastadores efectos de la Primera Guerra Mundial, incluyendo Letonia (1922), Polonia (1925), Rumanía y Lituania (1927), Prusia (1929) y Austria y Alemania (1933). Desafortunadamente la Segunda Guerra Mundial arruinaría mucho de lo conseguido. Logró un acuerdo para que en México se reanudaran los servicios católicos, tras la interrupción por la encíclica de 1926, y también alcanzó otro acuerdo (1933), aunque de corta vida, con el recién formado gobierno de Hitler en Alemania, con la esperanza de aliviar las dificultades que enfrentaban los católicos alemanes. Desde 1933 a 1936 escribió en varias ocasiones protestando contra el III Reich, cambiando de actitud radicalmente hacia la Italia fascista tras las políticas raciales nazis introducidas en Italia en 1938.
Pío XI, que era un estudiante de hebreo, fue responsable de las tres grandes encíclicas contra los sistemas totalitarios que desafiaban los principios cristianos: Non abbiamo bisogno (1931), contra los abusos de la Italia fascista; Mit brennender sorge (1937) contra la Alemania nazi y Divini redemptoris (1937), contra los fines del comunismo ateo. Bajo su liderazgo el Vaticano desafió el nacionalismo extremo de Action Français en Francia y el anti-semitismo del reverendo Coughlin en los Estados Unidos. En 1938, ocho meses antes de su muerte y quince antes del estallido de la Segunda Guerra Mundial, comisionó secretamente una cuarta encíclica que denunciaría el racismo y la persecución de los judíos, condenando explícitamente el anti-semitismo. Pero antes de terminarla murió, dando carpetazo su sucesor, Pío XII, al proyecto al decidir iniciar una línea de menos confrontación con los regímenes totalitarios.
Al ser un erudito humanista, Pío fundó establecimientos e instituciones de educación superior, incluyendo el Instituto Pontificio de Arqueología Cristiana (1925) y la Academia Pontifica de Ciencias (1936). Hizo grandes esfuerzos para organizar el laicado, primero en Italia y luego por todo el mundo, destacando la Acción Católica, una asociación juvenil de clases trabajadoras que definió como 'la participación de los laicos en el apostolado de la jerarquía eclesiástica'. Sobrepasó a sus predecesores en su apoyo a las misiones, exigiendo que cada orden religiosa se involucrara activamente en esa tarea, con el resultado de que los misioneros católicos doblaron su número durante su pontificado. En ese sentido cabe destacar su consagración de los primeros obispos chinos en 1926. Igualmente estimuló a los historiadores y liturgistas para que estudiaran el cristianismo oriental, inaugurando la codificación del derecho canónico oriental. En 1930 fue testigo de la reunión de los cristianos sirio-malankares (del sur de la India) con Roma.