Historia

PLOTINO (204-270)

Plotino nació en el año 204 en Licópolis, Egipto y murió en 270 en Campania.

Mapa de los filósofos griegos y romanos
Tras estudiar con Ammonio Saccas durante diez años, acompañó al emperador Gordiano en su campaña contra los persas, para aprender algo de su filosofía. En 244 fue a Roma y ganó numerosos seguidores por su enseñanza, entre ellos al emperador Galieno y a su esposa Salonina. Enseñó allí hasta el año 268 aproximadamente, retirándose entonces a la posesión de un discípulo en Campania. No puso su doctrina por escrito hasta el final de su vida, pero ni entonces la publicó, lo cual se encargó de hacer su discípulo Porfirio, quien preparó cincuenta y cuatro tratados de su maestro en seis Enneades, colocándolos en orden lógico, desde el más simple al más abstruso, aunque también da su secuencia cronológica. Fueron primero impresos en una traducción latina de Marsilio Ficino en Florencia en 1492, luego en griego y latín en Basilea, 1580.

Doctrina del Uno.
Lo que principalmente distingue a Plotino de Platón y sus inmediatos predecesores es la suposición de un principio más elevado que el nous. Esta suposición procede de la exigencia de la unidad como atributo del más alto principio; el nous, a la vez sujeto y objeto de percepción, nooun y nooumenon, es doble. Por lo tanto hay que buscar algo más elevado, que es la unidad absoluta, el Uno, idéntico con la Deidad y totalmente trascendente, la causa primera, la fuente de todo pensamiento y ser, de todo lo bueno y hermoso y de toda actividad. La total trascendencia de Dios enseñada por Plotino en una forma más extrema que la de cualquiera de sus predecesores, admite la insolubilidad por la razón humana de los más difíciles problemas metafísicos, cómo surge del ser inmutable y la pluralidad de la unidad. La teoría de la emanación, que él acepta, no responde a la pregunta; pero, siguiendo a Platón, sugiere que la explicación puede encontrase en la bondad y benevolencia de Dios. Todos los otros seres producen otros; ¿cómo el más perfecto de todos los seres, la bondad primordial y el poder más elevado, va a permanecer absorto en sí mismo, hasta ser impotente de producir? Esto, por supuesto, es más una explicación antropomórfica-ética que metafísica. Un intento de suplir esta última se halla en la idea de que el ser más elevado rebosa y, como el más alto, aunque no contiene lo más bajo en sí mismo, permite que fluya desde su superabundante perfección. Esta doctrina puede mostrar posiblemente influencia oriental; pero la idea de la emanación ocurre en la enseñanza estoica y aún más en Filón, aunque no tan desarrollada como en Plotino. Su doctrina del Uno la desarrolla en el siguiente texto:

'Sucede que antes de la multiplicidad existía el Uno, del que deriva lo múltiple, ya que en toda serie numérica la unidad ocupa el primer lugar. En realidad, todos enseñan así el caso de la serie numérica, ya que los números sucesivos también están compuestos por la unidad. Pero en el caso de la serie de los seres reales, ¿qué necesidad hay de que también aquí exista una especie de unidad de la que surja la multiplicidad? Es decir, sin la existencia del Uno la multiplicidad nacería de cada unidad existente, componiéndose cada una de ellas de cualquier manera, sin orden y al azar.
¿Alguno creerá que el Uno mismo constituya, a un mismo tiempo, la totalidad de los seres vivos? Ahora bien: o ese Uno es individualmente cada una de las unidades que conforman la totalidad, o bien será esa misma totalidad.
Si ese Uno está constituido por la reunión de todos los seres, el Uno será posterior a todos los seres. Pero si el Uno es anterior a todos los seres, significa que todos los seres serán diferentes a Él, como Él será también distinto a todos los seres. Y si contemporáneamente existen tanto Él como los seres, no habrá un principio. Sucede, en cambio, que Él es el principio que existe con antelación a todos los seres, con la finalidad de que, después de Él, pueda también existir la totalidad de los seres.
Si, por el contrario, Él fuese cada uno de los seres que conforman la totalidad, uno cualesquiera de esos seres será entonces idéntico a cualquier otro ser. Y así, en esa totalidad de conjunto no habría diferenciación de género alguna. Así pues, el Uno no es uno más entre todos los seres, sino que los precede a todos.
¿Qué es el Uno? Es la potencia de todos los seres. Si esta potencia no existiera, no existiría ni la totalidad de los seres ni el intelecto (vida primera y absoluta). Pero lo que está por encima de la vida es la causa de la vida, ya que no es la actividad de la vida (es decir, la totalidad de los seres vivos) lo que se da en primer lugar, sino que en realidad es como si esa totalidad brotase de una fuente.'
El alma-mundo.
Lo primero que emite el Uno es el nous, quien es consciente de ser un producto e imagen del Uno y recibe de su relación con el Uno su poder de producir otras existencias. No es mero pensamiento, sino ser actual, conteniendo todas las cosas como la clase contiene las especies. Contiene las ideas, contrariamente a las enseñanzas de Platón, quien las concibió contenidas en una de ellas, la de lo bueno. Otra diferencia es que mientras Platón afirmó la existencia de las ideas solo para los objetos que tienen un concepto común o nombre, Plotino las atribuye a todas las existencias simples. Del nous procede el alma, el tercer principio. Como principio más elevado no tiene pensamiento ni conciencia, por lo que el nous, que es puramente contemplativo, no tiene pensamiento reflexivo ni lógico. Esta es la obra del alma-mundo, que es el nexo entre lo inteligible y el mundo fenoménico, llevando el proceso de emanación hasta sus términos más inferiores. Este proceso de emanación se aprecia en el siguiente pasaje:
'El Uno es todas las cosas y, al mismo tiempo, ninguna de ellas. Quiero decir que es el principio de todo, pero no es todas las cosas de cualquier modo, sino que es todo de manera trascendente. En el cielo, de hecho, todas las cosas deben encontrarse como después de una carrera. O, mejor aún, las cosas no se hallan todavía en el Uno, sino que se hallarán en Él.
¿Cómo es posible entonces que todas las cosas deriven de la simplicidad del Uno, mientras que en una identidad pura no puede haber nunca ninguna variedad, ningún pliegue?
Ahora bien: precisamente porque nunca existió nada en Él, precisamente por eso afirmo que todo debe brotar de Él. Antes bien: a fin de que el ser sea, por eso afirmo que Él no es el ser, sino tan sólo el padre del ser. Y ésta que yo denomino paternidad es primordial.
Me explicaré: ya que en su perfección no busca nada, nada posee ni nada precisa. Él se derrama, por así decirlo, y su exuberancia da origen a una realidad nueva. Pero el ser generado de este modo vuelve inmediatamente a Él, que queda lleno. Y, al nacer, se observa a sí mismo y se hace Espíritu.
Seamos más precisos: el Ser se crea de su estrecha orientación hacia el Uno; la contemplación de sí mismo crea el Espíritu del ser. Ahora bien, dado que, para contemplarse, el Espíritu debe estar orientado también hacia sí mismo, Él se convierte en Espíritu y Ser a un mismo tiempo.
Así pues, el Ser es un segundo Él, y por eso sus creaciones, emanadas al exterior de su fuerza exuberante, son tan parecidas a Él. Además, esta imagen del Ser equivale a la de Aquelque emanó antes del Ser. Y esta fuerza activa que brota del Ser es el Alma, que se convertirá en lo que es, mientras que el Espíritu permanece inmóvil. Esto es así porque el Espíritu brota mientras lo que existía antes que él continúa inmóvil.
El Alma, sin embargo, no permanece inmóvil en su creación. Al contrario, cuando el Alma genera su imagen ya posee movimiento. Y mientras atiende al cielo en el que nació, se llena de Espíritu; pero si avanza en una dirección opuesta (imagen de sí misma), genera la sensibilidad; y en las plantas, la potencia vegetativa.'
La materia es concebida por Plotino no exactamente como una emanación del alma-mundo, sino (como Platón) en la guisa de un principio pasivo o receptivo, en contraste con el formativo o activo. Lo que el alma-mundo ve en el nous con el que está impregnado, es lo que lucha por reproducir. El contenido del alma desciende a etapas inferiores, estando compuesto de las ideas y por eso en la imagen del nous y del alma se contienen también las imágenes de las ideas. Esas son los logoi, conceptos, cuya totalidad, el Logos por excelencia, como el alma-mundo en sí misma, es una mención del nous. Esos logoi son el efecto esencial en la formación de la materia, que está formada en una manera orgánica, no mecánica. Este proceso formativo presupone propósito, pero no conocimiento o deliberación, tal como en Heráclito, teniendo todo lugar sobre principios racionales, aunque sin ningún consciente preconocimiento. Si todo es formado y penetrado por poderes racionales, el alma-mundo con su contenido lo penetra todo, por lo que todo debe ser racional o razón. Aunque los logoi son inferiores a sus prototipos y sus relaciones con la materia informe van todavía más abajo, sin embargo, Plotino encuentra en el mundo de los fenómenos huellas de lo más elevado; el Bien absoluto y la Belleza son visibles incluso en el mundo de los sentidos. El espíritu de Platón, expresado en el final del Timeo, la idea de que el mundo sensible es algo grande, hermoso y perfecto, también domina a Plotino, porque aunque la materia produce el mal, está lejos de contemplar este mundo como malo u odioso, representando en este punto en general el optimismo de la filosofía griega, más que la tendencia de los escritores cristianos primitivos al despreciar el mundo. En conjunto, en su explicación de la existencia del mal en el universo y en su justificación de los poderes elevados, sigue a los estoicos.

Religión y ética.
Del alma-mundo proceden las almas individuales, pero no son partes de ella. Descendiendo a los cuerpos, han olvidado lo más elevado, lo divino, de donde proceden y se han creído independientes; de esa manera han continuado descendiendo más y más y están en necesidad de un retorno a lo mejor; pero Plotino no deja claro si esto puede ser ejecutado con libertad por los hombres. La meta ética es a veces representada, según Platón, como una aproximación a la Deidad, algunas veces en forma aristotélica, como una operación en conformidad con la naturaleza del operador y de nuevo con Heráclito y los estoicos, como obediencia a la razón. Entre las virtudes Plotino distingue primero las 'políticas' o sociales, que son las cuatro comúnmente aceptadas por los griegos: prudencia, justicia, fortaleza y templanza; pero las tales no pueden hacer al alma como Dios. Por encima de ellas están las virtudes purificadoras, que lo logran. Consisten en liberarse tanto como es posible del cuerpo y del pecado, evitando lo que es sensual, aunque sin ascetismo exagerado. Pero el hombre no queda satisfecho con la mera libertad del pecado, sino que debe luchar para llegar a ser Dios. Para este fin sirven las virtudes deificantes, que son la reproducción, en un plano superior, de las virtudes políticas o sociales. Mediante ellas, la verdadera naturaleza del hombre llega a su cumplimiento, consistiendo esta bienaventuranza en el mantenimiento de su propia actitud hacia sí mismo, sin ser distraído por lo externo. El supremo objetivo, para Plotino y Filón, no yace en la esfera del pensamiento, sino en la elevación estática al bien más elevado, a la Deidad. El conocimiento lógico es solo un paso preeliminar a ello, que consiste en el conocimiento inmediato de Dios y la unión con él. Esta experiencia la tuvo Plotino, según Porfirio, cuatro veces en los años que el discípulo estuvo con él. La razón por la que el hombre en la tierra no puede permanecer en ese estado es que no ha logrado volverse totalmente de lo terrenal, siendo el tiempo de unión permanente cuando ya no esté atormentado por ninguna perturbación del cuerpo. Plotino escribió sobre la inmortalidad del alma en un tratado aparte, en el que sigue a Platón en lo principal, subrayando especialmente el hecho de que el alma, incorpórea y simple, es incapaz de disolución. Una reunión del alma y el cuerpo en la vida superior es inconcebible para él, ya que el paso a la vida más elevada está condicionado por el abandono del cuerpo, cuya naturaleza es esencialmente opuesta a la del alma.