Historia

RABAUT, PAUL (1718-1794)

Paul Rabaut nació en Bédarieux el 29 de enero de 1718 y murió en Nimes el 25 de septiembre de 1794.

Paul Rabaut
Paul Rabaut
Fue el dirigente, junto con Antoine Court, de la restauración de la Iglesia reformada de Francia. Procedía de una notoria familia protestante y con dieciséis años se unió al predicador itinerante Jean Bétrine, compartiendo con él todos los peligros y vicisitudes a los que los seguidores de su fe estuvieron expuestos por el gobierno francés durante el siglo XVIII. Durante los años 1734 a 1738 recibió completa enseñanza, no sólo sobre los principios fundamentales de teología y actividad pastoral, sino que también fue un valiente testigo del evangelio, siendo el 30 de abril de 1738 designado predicador por el sínodo de Languedoc, convirtiéndose Nimes y sus inmediaciones en su campo de trabajo. En 1739 se casó con Madeleine Gaidan, de esa ciudad, quien durante cuarenta y ocho años compartió con él las pruebas y tribulaciones de su carrera como 'predicador en el desierto', dando a luz ocho hijos, de los que sólo tres sobrevivieron. En 1749 Rabaut ingresó en el seminario teológico de Lausana, fundado por Court, para terminar sus estudios en teología, quedándose su esposa en Nimes. Tras una estancia de seis meses regresó y comenzó su carrera, enfrentándose a la más cruel persecución, como refleja el caso de Jean Calas. Este hombre fue un respetable comerciante protestante de Toulouse, cuyo hijo, Marc-Antonie, en un arrebato de melancolía, se ahorcó en la casa de su padre. Los católicos difundieron el rumor de que el hijo iba a abrazar el catolicismo cuando su padre lo asesinó. Éste fue apresado, juzgado y condenado a muerte, siendo quemado el 9 de marzo de 1762. La propiedad de la familia fue confiscada y la familia tuvo que huir a Ginebra. El caso fue defendido por Voltaire y otros, produciéndose una revocación, devolviéndose la propiedad a la familia y otorgándosele una pensión a la viuda. Este caso es excepcional, porque finalmente se hizo justicia.

Rabaut era pequeño de estatura, lo cual estaba en contraste con la nobleza y firmeza de su alma y mente; pero lo que le faltaba en apariencia estaba compensado por la fidelidad a su causa, valor ante el peligro y paciencia en la privación y aflicción. La poderosa influencia que ejerció sobre prácticamente medio siglo en la historia de la Iglesia reformada en Francia se refleja en la incansable devoción a su iglesia y seguidores, su entrega a otros, su solidez de mente y doctrina, su frialdad en el peligro y su amor por toda la humanidad. Aunque nunca fue reconocido oficialmente como cabeza de la Iglesia Reformada en Francia, se ganó la distinción de ser el dirigente reconocido en todos los asuntos de importancia. Fue vice-presidente del sínodo general del 18 al 21 de agosto de 1744 y presidente del sínodo nacional en 1756. Aunque fue perseguido y acorralado una y otra vez, siempre se las arregló para escapar de sus captores, pudiendo ver el triunfo de la causa por la que tanto había sufrido. El 10 de junio de 1763 dirigió como moderador las deliberaciones del sínodo nacional. Desde ese tiempo hasta el 6 de octubre de 1785 se propuso la tarea de reconstruir su amada iglesia, en cuyo propósito fue ayudado por su hijo. El consistorio de Nimes lo restituyó plenamente, junto con la plena libertad de adoración y el salario económico de un pastor. Pero ni siquiera sus últimos años fueron tranquilos, pues en 1794, seis meses antes de su muerte, fue arrestado y encerrado en la ciudadela de Nimes, obteniendo su libertad tras la caída de Robespierre el 27 de julio. Pero la pérdida de su esposa y su hijo mayor, junto con su debilidad física, apresuraron su final. Murió en la casa en la que había vivido, siendo enterrado en el sótano de la misma, ya que no había cementerios para los protestantes. No dejó mucho escrito, lo cual no es sorprendente dadas sus adversas circunstancias. Además de varios panfletos escribió Précis du catéchisme d'Ostervald, reimpreso varias veces; también dos sermones: La Livrée de l'église Chrétienne, sobre Tu cuello, como la torre de David edificada con hileras de piedras; miles de escudos cuelgan de ella, todos escudos de los valientes.[…]Cantares 4:4 y La Soif spirituelle, sobre Sé que sois descendientes de Abraham; y sin embargo, procuráis matarme porque mi palabra no tiene cabida en vosotros.[…]Juan 8:37.