Historia

RADBERTO, PASCASIO (c. 786-865)

Pascasio Radberto nació en, o cerca de, Soissons hacia el año 786 y murió en Corbie el 26 de abril de 865.

Vida y obras.
Radberto fue uno de los escritores más distinguidos del periodo carolingio. Lo poco que se sabe de su vida procede de noticias esparcidas en sus propios escritos y de un panegírico del obispo Engelmodo de Soissons (MPL, cxx. 25 y sig.; MGH, Poet. Lat. ævi Car., iii. 1886, páginas 62 y sig.). Criado por las monjas benedictinas de Soissons, ingresó en el monasterio de Corbie, en Picardía, bajo el abad Adalhardo, obteniendo enseguida distinción por su saber teológico, piedad y entusiasmo moral; su abanico de familiaridad con los autores clásicos era destacable para ese periodo, e igualmente con los Padres y las autoridades principales de las iglesias orientales y occidentales, aunque probablemente no sabía ni griego ni hebreo. Por su gran saber fue maestro de los jóvenes monjes en Corbie, teniendo un gran número de importantes alumnos. A pesar de su eminencia nunca fue sacerdote. Fue abad entre los años 844 y 851, pero se retiró por las dificultades crecientes ante los intentos de reformar la disciplina. De sus escritos existen sus exposiciones (1) de Mateo, en doce libros, estando escritos los primeros cuatro antes de su retiro; (2) del 1 Para el director del coro. Masquil de los hijos de Coré. Oh Dios, con nuestros oídos hemos oído, nuestros padres nos han contado la obra que hiciste en sus días, en los tiempos antiguos. 2 Tú con tu mano echaste fuera las naciones, y a ellos los pl[…]Salmo 44; (3) de Lamentaciones, escrito entre los años 845 y 857; (4) De corpore et sanguine Domini, 831–833; (5) Epistola ad Frudegardum; (6) De partu virginis, dedicado a las monjas de Soissons, por quienes fue criado; (7) De fide, spe, et caritate libri tres; (8) De passione Sandi Rufini et Valerii; (9) De vita Sancti Adalhardi y (10) Epitaphium Arsenii libri duo, una biografía del abad Wala. La primera de las biografías mencionadas es un panegírico y la otra una apología. En exégesis Radberto no fue original, ni siquiera en propósito. Su obra sobre la fe, esperanza y amor muestra que era seguidor de Agustín, consistiendo básicamente de repeticiones de las sentencias del obispo de Hipona. Su carácter tradicionalista se aprecia aún más en De corpore, el primer tratado completo sobre la Cena escrito en la Iglesia y causa de la primera controversia sobre la eucaristía, que le valió su reputación ortodoxa en la estimación posterior.

Ideas sobre la eucaristía.
Radberto combinó la idea simbólica de Agustín con la doctrina de transformación de otros, pero estaba convencido de que Agustín creyó que el verdadero cuerpo histórico de Cristo estaba presente en los elementos de la eucaristía. Estos pensamientos de Radbero muestran el punto de vista de Agustín: Cristo y su carne no constituyen un alimento material sino espiritual y sirven solo como objetos de una participación puramente espiritual (v. 1–2). Comer la carne y beber la sangre del Señor no significa nada más que el creyente mora en Cristo y Cristo en él (vi–vii). Sólo la fe capacita para trascender lo visible y captar desde dentro lo que la boca carnal no puede tocar y lo que el ojo carnal no puede ver (viii. 2). Cristo es alimento sólo para el elegido y sólo son dignos de participar quienes son de su cuerpo (xxi. 5, vii. 1). La participación de la carne de Cristo por el indigno le parece imposible, de ahí que acepte la distinción de Agustín entre el sacramento o misterio y la virtud del mismo. Bajo el término virtud no incluye, como en sus obras posteriores, solo el poder vitalizador de la carne de Cristo, sino, en modo agustiniano de hablar, lo que es ofrecido en los símbolos a la fe, o el contenido del sacramento, esto es, la carne de Cristo misma con la plenitud de sus virtudes salvadoras. Por consiguiente, el indigno no recibe sino pan y vino. El sacerdote ciertamente distribuye a todos lo mismo, pero el Sumo Sacerdote distingue entre el digno y el indigno, recibiendo el último el sacramento o misterio solo para juicio y el primero para virtud. El alimento espiritual en Cristo efectúa el perdón de pecados (iv. 3, xi. 1, xv. 3), la unión con Cristo (iii. 4) y la nutrición espiritual de todo el hombre para vida eterna (xi. 2–3, xix. 1–2, xx. 2). En paralelo a estos puntos agustinianos, coloca una enseñanza de la transubstanciación representada en los escritos del pseudo-Ambrosio, llevándola hasta sus últimas consecuencias. Lo que es percibido por la fe en el sacramento es el cuerpo nacido de María que sufrió en la cruz y se levantó de la tumba (1. 2). Es el cuerpo y la sangre, no la virtud del cuerpo y la sangre (Epist. ad Frudegardum, p. 1357); el cuerpo sacramental debe ser contemplado como el cuerpo natural de Cristo (comp. De corpore, xiv. 4), que no lo excluye de ser considerado el cuerpo glorificado (vii. 2). En la consagración las propiedades sensibles permanecen incambiables, pero la sustancia del pan y del vino son eficazmente cambiadas en el cuerpo y sangre real de Cristo (viii. 2). Esto se efectúa por un milagro (1. 2), un acto creativo realizado por la palabra del Creador; más particularmente, por las palabras de Cristo de la institución, ya que él mismo es la eterna y sustancial Palabra. El cuerpo de Cristo no es perceptible por los sentidos, porque eso sería superfluo y no aumentaría la realidad; comer la carne en su apariencia sensible coincidiría con la costumbre humana (xi. 1). Tal recepción sería repulsiva y ridícula a los paganos e inconversos (xiii. 1 y sig.); pero principalmente porque la operación ya no sería un misterio sino un puro milagro, mientras que el misterio, al esconder el contenido, excita la fe, de forma que el misterio es preservado y su meritorio servicio sale fortalecido (xiii. 1 y sig., i. 5).

Influencia.
La explicación de la posición de Radberto al sostener tales ideas opuestas se halla en su compromiso con la autoridad literal de la Escritura. Las palabras de Cristo 'Esto es mi cuerpo', hay que tomarlas en su sentido literal. Cristo tiene solo un cuerpo y si otro cuerpo se ofrece en el sacramento aparte del crucificado y otra sangre diferente a la que fue derramada, su participación no puede efectuar el perdón de los pecados. El cuerpo histórico es la base indispensable del cuerpo sacramental, como espiritual es el misterio sacramental. Más aún, Cristo mora en el creyente por la unidad de su carne y sangre, que debe ser sostenida por la presencia real en el sacramento. Esas dos dispares ideas de la tradición patrística las aproximó, pero nunca las fundió, lo cual sería el esfuerzo de los siguientes siglos, como se pone en evidencia en los elementos del dogma resultante: (1) El cuerpo de Cristo no es creado sino que se hace presente en la consagración, aunque sin extensión en el espacio; (2) la relación de la presencia con las propiedades sensibles se basa en las categorías de sustancia y accidentes y (3) los elementos son símbolos de la presencia y el cuerpo sacramental es símbolo del cuerpo místico, siendo la fruición de ambos lo que constituye la bendición. Dos de sus contemporáneos se opusieron a las ideas de Radberto, esto es, Rabán Mauro y Ratramno, ambos agustinianos. El primero atacó la transformación de los elementos en el cuerpo histórico de Cristo, negando que el misterio identificara el cuerpo sacramental con el histórico. Muchos siguieron las líneas marcadas por Radberto, entre los del siglo IX estuvo Floro Magister, subdiácono de Reims, Hincmaro de Reims, Remigio y el pseudo-Alcuino.