Historia

RAHTMANN, HERMANN (1585-1628)

Hermann Rahtmann nació en Lübeck en 1585 y murió en Danzig el 30 de julio de 1628. Tras un curso de teología en Rostock, fue a Colonia para estudiar el saber y la dialéctica de los jesuitas, luego fue a Francfort y Leipzig para continuar sus estudios de filosofía y teología y para enseñar. En 1612 recibió un llamamiento como diácono para la iglesia de San Juan en Danzig; en 1617 era diácono en la iglesia de Santa María y en 1626 pastor en la iglesia de Santa Catalina.

Su idealismo, en forma bíblica dogmática, está comprendido en Jesu Christi: dess Königs aller Könige und Herrn aller Herren Gnadenreich (Danzig, 1621), compuesto de sentencias combinadas de la Biblia, con encabezamientos de los diversos capítulos y unas pocas notas marginales. La posición teológica e histórica de Rahtmann encuentra su peculiar significado en la respuesta a las preguntas: "¿Qué es la Sagrada Escritura, de dónde viene y cuál es su eficacia?" Deriva las Escrituras de la revelación divina, no de la luz interior o de la razón. Los recipientes directos de las Escrituras fueron los apóstoles y profetas, en los cuales el Espíritu también permaneció internamente. La Escritura, entonces, "es una palabra externa divina o testimonio de la voluntad y hechos santos de Dios, revelada por el Espíritu Santo a través de una iluminación sobrenatural dentro de los corazones de los santos profetas y apóstoles" (Gnadenreich, a, iii. 2r). Según Rahtmann, cuya filiación en pensamiento está con Schwenckfeld, se ha de extraer una clara distinción entre la palabra interna y la externa, en la manera de "causa y efecto" o "signo y cosa significada." La Escritura es la señal o "mano que guía por el camino, cuya operación es simplemente eso y nada más, para que uno sepa a dónde va" (Gnadenreich, 6r). La Escritura es un índice y un testigo de la gracia. Se dirige exclusivamente el entendimiento y crea en el mismo la noción de objetos religiosos. Si la Escritura ha de ser el medio actual de gracia, otro poder, el Espíritu Santo, debe sobrevenir; de hecho, tanto la Escritura como el hombre son igualmente objetos de la operación iluminadora del Espíritu. En la teología de Rahtmann el testimonio del Espíritu Santo se convierte en un acto independiente, inmediato del Espíritu. Esta gracia "preventiva" o antecedente es "un don voluntario que Dios concede a aquellos a quienes él, como Padre amante, ha destinado desde la eternidad para la conversión" (Gnadenreich, a, iii, v). Este es un acercamiento contingente a la doctrina de la predestinación. En escritos apologéticos más amplios de Rahtmann no hay avances, sino sólo atenuaciones y encubrimientos de sus pensamientos fundamentales. Entre ellos su valoración de la Escritura como fuente de conocimiento es ortodoxa, mientras que su doctrina de la inspiración refleja influencias de Schwenckfeld y Arndt. Su noción de la gracia precedente parece arraigada en Agustín. En tanto asigna la operación de la gracia al Espíritu Santo, Rahtmann coincide con Schwenckfeld. Al desechar la inmanencia permanente del Espíritu en la Palabra, Rahtmann estaba de acuerdo con Lutero y casi con toda la teología luterana hasta ese tiempo, pero al no captar que la Escritura es un vehículo eficaz de la gracia divina, se apartó del luteranismo de tipo religioso.

A causa de sus ideas Rahtmann se convirtió en objeto de vehementes ataques. Su importancia en la historia de la teología yace en el hecho de que él, por vez primera, hizo a la Palabra divina, en su aspecto de medio de gracia, el principal tema de discusión teológica y por tanto abrió el camino para crear una doctrina específica formalmente elaborada de este asunto dentro del abanico de la ortodoxia luterana.