Historia

RATERIO (c. 887-974)

Raterio nació en Lieja poco después del año 887 y murió en Namur en 974. A la edad de cinco años ingresó en el monasterio de Laubach en Hennegau, pero no mostró el genio de un erudito ni de un monje. En 926 acompañó a su abad, Hilduino, a Italia, donde el primo de éste, el rey Hugo, admirado por el saber y carácter moral del joven monje le prometió la diócesis de Verona. Pero su falta de servilismo retrasó la concesión de la promesa, que no se realizó hasta 931, cuando Raterio estaba fatalmente enfermo. Raterio se recuperó, pero sus relaciones con el rey y con la sede fueron tensas, de manera que cuando Arnulfo de Baviera en 935 atacó Verona con la complicidad de Raterio y fue repelido, el obispo fue encarcelado en Pavía. Allí compuso su Præloquia, sermones moralizantes y admoniciones para la confesión y el arrepentimiento. En 936 fue liberado, pero el regreso a Verona era inviable y tras estar tres años bajo custodia de Azo, obispo de Como, huyó a la Provenza, donde halló abundante simpatía, aunque no tuvo ayuda para recuperar su diócesis, viéndose obligado a ejercer como tutor privado de un joven provenzal, escribiendo en esta capacidad una gramática (perdida) titulada Sparadorsum, lo que le abrió, junto con una biografía de Ursmar, por un tiempo abad de Laubach, las puertas de su antiguo monasterio. Pronto quedó claro que no podía seguir siendo monje y con el respaldo de Hugo inició el regreso a Verona. Antes de que pudiera alcanzar la ciudad, fue capturado por el enemigo de Hugo, Berengario, pero unas semanas más tarde fue reinstalado en su diócesis (946). Sin embargo, no fue capaz de controlar la sede y dos años más tarde fue expulsado por el rey. Vagó de lugar en lugar, en busca de asistencia y reconocimiento, hasta que regresó a Laubach, donde dirigió tres infructuosas cartas al papa Agapito II, a los obispos de Italia, Francia y Alemania y a todos los fieles. En el año 952 salió de Laubach para la corte de Otón I, donde se reconocieron sus talentos. Al poco tiempo fue designado obispo de Lieja, pero de nuevo demostró su completa incapacidad para el episcopado, siendo removido de su sede antes de dos años. En protesta compuso su Conclusio deliberativa, y en Maguncia recolectó veinte de sus cartas y otros escritos suyos antiguos en Phrenesis, una protesta contra la pérdida de Verona y Lieja. En el año 955 era abad del pequeño monasterio de Alna, una casa hija de Laubach. Aquí escribió su Excerptum ex dialogo confessionali, en el que defendió las enseñanzas eucarísticas de Pascasio Radberto. Sin embargo, esta actitud provocó oposición, por lo que tuvo que defenderse en su Epistola ad Patricum, en la que sostenía la doctrina de la transubstanciación, aunque sin avanzar en el desarrollo del dogma.

En Alna, le esperaba a Raterio una actividad más amplia. Lieja y Laubach permanecieron cerradas a él, pero en el año 961 Otón le restauró a su sede en Verona, donde pronto sería acusado por sus clérigos de haber sido cómplice en el robo de las reliquias de Bruno, escribiendo en defensa propia su Invectiva. Ante la continuidad de la oposición, se propuso fortalecer su posición episcopal mediante De contemptu canonum, si bien finalmente su valor sucumbió y su quebranto espiritual halló expresión en De proprio lapsu y De otioso sermone. A medida que su desconfianza y el odio de sus enemigos crecían, Raterio declaró inválidas las ordenaciones hechas por su rival, Milo, aunque tuvo que retractarse; su cordial recepción en la corte de los dos Otones en Verona en 967 no logró restaurar su prestigio y en 968 un tribunal imperial decidió en contra de su administración, a la vez que el emperador le exhortaba, en interés de todos, a renunciar a su obispado. Ese mismo año volvió una vez más a Laubach, pero de nuevo se enredó en disputas con el joven abad del monasterio, que tuvo finalmente que dejar su cargo. Poseedor de considerable riqueza acumulada en Verona, Raterio continuó diseñando toda clase de proyectos simoníacos, hasta que en 974 murió como refugiado en el castillo del conde de Namur.

Aunque profundamente versado en el saber sagrado y secular, Raterio fue un vástago de su tiempo en su aversión a la productividad original. Sus escritos fueron invariablemente publicistas y personales, elaborando sólo un comentario sobre las vicisitudes de su propia vida. En contraste con el calmado periodo carolingio, Raterio concibió las doctrinas y preceptos de la Iglesia problemáticos y sujetos a la crítica. Al mismo tiempo, permaneció leal, incluso en medio de la duda; no fue ni un reformador ni un promotor del saber, siendo únicamente su conspicua personalidad la que le da interés perenne. En su Qualitatis conjectura cujusdam (escrita en 965-966) hay mucho material autobiográfico. Sus obras completas fueron recogidas y editadas por Pietro y Girolamo Ballerini (Verona, 1765) y reimpresas en MPL, cxxxvi.