Historia

RATRAMNO DE CORBIE († c. 868)

Ratramno fue monje en Corbie y uno de los autores teológicos más importantes del siglo IX. Murió después del año 868.

Vida.
De su vida casi nada se sabe, pues ni siquiera sus escritos contienen material biográfico, no pudiéndose fijar con exactitud la fecha de su nacimiento, ni la de su profesión. Era profundamente versado en el saber bíblico y patrístico, siendo teológicamente seguidor de Agustín. Tomó parte en todas las controversias teológicas del periodo, siendo solicitada su opinión con frecuencia por Carlos el Calvo, mientras que su obispo delegó en él la responsabilidad de refutar los ataques de Focio contra la Iglesia católica. Es evidente que también fue admirado por Godescalco (MPL, cxxi. 367–368).

Doctrina de la eucaristía.
La principal obra de Ratramno fue De corpore et sanguine Domini liber, escrita a solicitud de Carlos el Calvo, probablemente después de que Pascasio Radberto le hubiera enviado su tratado sobre el mismo tema. En esta obra, Ratramno mantuvo que los elementos no son el cuerpo y sangre históricos de Cristo, sino símbolos místicos de recuerdo. Por lo tanto, él podía ser conceptuado como un simbolista, viendo en la eucaristía una comida sacrificial, cuya eficacia depende de la intensidad con la que el receptor sea consciente de la pasión redentora de Cristo. No obstante, esto no expresa toda su opinión, pues al mismo tiempo sostiene que 'según la sustancia invisible, es decir, el poder de la Palabra divina, el cuerpo y sangre de Cristo están verdaderamente presentes' (cap. xlix). Lo cual muestra que Ratramno no era un mero simbolista y que creía en la presencia real, que era recibida por el creyente por el Espíritu de Dios. Su doctrina eucarística la deduce de su enseñanza sobre el bautismo. La regeneración bautismal no se debe al agua en sí sino al Espíritu Santo que entra en ella por la consagración sacerdotal. Por lo tanto, en el bautismo y en la eucaristía, hay un elemento mudable y transitorio perceptible a los sentidos, que coexiste con un elemento inmutable y eterno que sólo la fe puede captar. Esta distinción entre lo externo e interno, con ligeras inconsistencias, fluye por toda la presentación de Ratramno, constituyendo la concomitancia de ambos el misterio divino. El cambio del pan y del vino en el cuerpo y sangre de Cristo por quienes lo reciben en fe, lo define Ratramno como la santificación del Espíritu Santo invisiblemente contenida en los sacramentos o como el poder espiritual de la Palabra inmanente en la sustancia material ('Palabra' parece significar las palabras de la institución pronunciadas por el sacerdote en la consagración de los elementos, más que en las Escrituras en general o el Logos). Sostuvo que la eucaristía es el vehículo visible de la gracia invisible y que en el sacramento, el poder de Dios, bajo su velo material, obra secretamente la salvación de la que la eucaristía testifica. La enseñanza eucarística de Ratramno se aproxima por un lado a la de Radberto, estando la diferencia meramente en su concepto de 'verdadero' en la transformación de los elementos sacramentales, incluyendo Radberto al símbolo y a la sustancia, mientras que Ratramno entiende por el término una presencia conocible a los sentidos. Aunque enseñó un cambio real de los elementos, en virtud de la consagración sacerdotal, no sólo en significado, sino también en eficacia, este cambio es perceptible sólo por la fe, no a los sentidos.

De corpore et sanguine Domini de Ratramno tiene una extraña historia. El sínodo de Vercelli, en 1050, condenó la obra y la quemó como si fuera de Escoto Erígena, a instancia de Carlos el Calvo, cayendo en el olvido durante la Edad Media. Sin embargo, en 1526 John Fisher, obispo de Rochester, apeló a ella en su controversia con Ecolampadio, atrayendo así la atención sobre la misma, por lo que fue editada en 1532 en Colonia por Johannes Prael bajo el título Bertrami presbyteri ad Carolum Magnum imperatorem. A partir de ahí fue repetidamente editada y traducida, especialmente en francés e inglés. Las apelaciones de los protestantes, especialmente del ala reformada, la pusieron bajo sospecha de la Iglesia católica, que la colocó en el Índice en el concilio de Trento en 1559 como falsificación protestante. Esta desfavorable idea fue compartida por lo eruditos católicos del periodo y aunque otros defendieron su autenticidad y ortodoxia, no fue removida del Índice hasta 1900.

Otros escritos.
Su obra más antigua parece que fue De eo quod Christus ex Virgine natus est. Fue activo en la controversia de Godescalco, siendo de hecho amigo personal del monje de Fulda. En el año 850, a petición de Carlos el Calvo, escribió sus dos libros De prædestinatione Dei, en los que defiende la doctrina de la doble predestinación para salvación y condenación, pero rechaza la teoría de una predestinación al pecado. Entre 853 y 855 escribió una apología sobre la Trina Deitas (perdida), en la que ataca el cambio propuesto de Hincmaro te, trina Deitas unaque, en el himno Sanctorum meritis inclyta gaudia por te, summa Deitas, al ser sus razonamientos próximos al sabelianismo. Ratramno ganó su fama principalmente por sus cuatro libros Contra Græcorum opposita, escritos hacia el año 868 en réplica a los ataques de Focio sobre el filioque y otras diferencias entre el este y el oeste. El primer libro lo dedica a la demostración bíblica de la doble predestinación y el segundo y tercero a las pruebas de los concilios y los Padres griegos y latinos. De particular interés es el primer capítulo del cuarto libro en el que Ratramno trata uno de los principales puntos de diferencia entre las Iglesias griega y latina. La Iglesia oriental traza su dogma y también sus ritos y costumbres eclesiásticas hasta la edad apostólica, prohibiendo la más ligera desviación, mientras que la Iglesia occidental, especialmente tras el tiempo de Agustín, permite variaciones en la forma de observancia según las necesidades de lugar y tiempo, aunque manteniendo la misma inflexibilidad del dogma como en el este. El resto del libro se ocupa de la justificación de los distintos usos romanos, tales como el celibato y la tonsura. Ratramno también escribió una curiosa Epistola de cynocephalia ad Rimbertum presbyterum, siendo este Rimberto el biógrafo y sucesor de Ansgar. Aquí Ratramno decide que, aunque la mayoría de los teólogos se inclinan a considerar el cinocéfalo como animal y no hombre, los tratos humanos en su modo de vida implican que posee razón, por lo que no hay razón para objetar que son descendientes de Adán. En esta misma obra también niega la completa autoridad del 'Libro de Clemente', probablemente las 'Recogniciones', sobre la base de que no está en armonía enteramente con la doctrina de la Iglesia. En su De anima, Ratramno polemizó contra la teoría de un tal Macario Escoto (que había malentendido un pasaje en la obra de Agustín De quantitate animæ), de que toda la humanidad tiene un alma simple común. En otra obra, Ratramno refuta la teoría de que el alma es circunscrita o restringida al espacio. Todas sus obras están recogidas en MPL, cxxi. 1–346, 1153–56, mientras que sus cartas están en MGH, Epist., vi. 1 (1902), 149 y sig. Al igual que Radberto y otros teólogos del periodo carolingio y siglos posteriores, Ratramno fue un tradicionalista, bosquejando y sistematizando la literatura patrística principalmente con propósitos polémicos y para establecer su intenso agustinianismo. En sus escritos controversiales muestra un tono noble, evitando el ataque personal y demostrando que la verdad es el único fin. Igualmente es notorio por la atención que se dio a sus escritos en la Iglesia reformada y durante el periodo de la Ilustración, aunque no había sido reconocido en las Centurias de Magdeburgo ni por el luteranismo temprano.