Historia
REUCHLIN, JOHANNES (1455-1522)

Fotografía de Wenceslao Calvo
La muerte de Eberhard (24 de febrero de 1496) puso la vida de Reuchlin en peligro por el desenfrenado Eberhard el Joven y el agustino Konrad Holzinger, quienes se opusieron a él. Huyó de Stuttgart a Heidelberg, siendo designado consejero y tutor principal del elector palatino Felipe, el 31 de diciembre de 1497. En 1498 regresó de nuevo a Roma en una misión para su amo, hallando oportunidad para continuar sus estudios hebreos con un erudito judío, Abdías Sforno, y hallando a Aldo Vinicio en Venecia. En abril de 1499 estaba de nuevo en casa. Durante el periodo de su residencia en Heidelberg, que ahora terminaba, había escrito además de poemas y epigramas latinos, dos comedias latinas en imitación a Terencio, Sergio y Henno.
Mientras tanto, Eberhard el Joven había sido desposeído en Württemberg, lo que hizo posible que Reuchlin regresara a Stuttgart, donde fue uno de los tres jueces de la alianza suaba hasta finales de 1512. En medio de sus deberes oficiales y su práctica privada, halló tiempo para publicar en Pforzheim, en 1506, De rudimentis Hebraicis. En 1512 editó en hebreo los siete Salmos penitenciales con una traducción literal latina y explicación gramatical para uso de los principiantes. En 1515 publicó De accentibus et orthographia linguæ Hebraicæ. Mientras tanto, había publicado en 1517 De arte cabbalistica, en el que sostenía que la Cábala fue revelada a Adán por un ángel y había sido preservada en inmutable tradición hasta el tiempo de la Gran Sinagoga y luego trasmitida a los escritores del Talmud. La Cábala estaba en armonía con la filosofía pitagórica, que había sido extraída de fuentes egipcias, judías y persas. Se subrayaban las doctrinas esotéricas de la Cábala y se explicaban y ejemplificaban los varios métodos de gematría.
Durante este periodo, Reuchlin se vio envuelto en la controversia que le amargaría los años finales de su vida. Ya en 1505, en su misiva Warumb die Juden so lang im elend sind, afirmó que la desdicha de los judíos era el castigo por su rechazo del Mesías y su obstinada creencia. Al mismo tiempo, no deseaba que fueran perseguidos, sino que oraba a Dios para que les iluminara. Pero Johann Pfefferkorn, un judío convertido, actuó de forma diferente, tratando de que los judíos entregaran todos los libros contrarios a la fe cristiana y asistieran a los sermones tendentes a su conversión. La actitud de Pfefferkorn obtuvo la aprobación del emperador, quien el 19 de agosto de 1509 emitió un mandato requiriendo conformidad con sus planes. Reuchlin rechazó cooperar con Pfefferkorn, mientras que Uriel, arzobispo de Maguncia, prohibió a Pfefferkorn trabajar en su diócesis hasta nuevo aviso. Entre tanto los judíos de Francfort se habían quejado al emperador de que Pfefferkorn ignoraba esos asuntos, encargando Maximiliano a Uriel la confiscación y mandándole que reuniera a ciertos eruditos, incluyendo a Reuchlin, para que decidieran sobre el asunto. Pero Uriel se retrasó y el 6 de julio de 1510, Pfefferkorn obtuvo del emperador un nuevo requerimiento, para que el arzobispo consiguiera las opiniones escritas que antes le habían sido pedidas para consulta, las cuales serían consideradas por el emperador. El 6 de octubre de 1510, Reuchlin entregó su opinión. Distinguía entre impiedades obvias, tales como Nizah on y Toledoth Yeshu, que deberían ser destruidas tras investigación legal y condena y las otras, que deberían preservarse. Estas últimas se dividían en seis categorías, caracterizadas parcialmente por no ser portadoras de nada sobre el cristianismo (como filosofía y ciencia natural), parcialmente por no ser objetables (liturgias), parcialmente por ser indispensables para el entendimiento de la Biblia (comentarios), parcialmente por ser defensoras de la fe cristiana (la Cábala) y parcialmente por contener mucho de valor junto a superstición (Talmud). Asimismo sostenía que los judíos no eran herejes, por lo que podían reclamar protección legal. Las opiniones de los otros eruditos eran radicalmente diferentes, determinando Maximiliano llevar el asunto ante la dieta, si bien no se dieron pasos posteriores. La controversia literaria se ahondó y Pfefferkorn instó que el asunto fuera juzgado por el emperador, el arzobispo de Maguncia, una universidad o el inquisidor. Reuchlin replicó con su Augenspiegel (1511), pero Peter Meyer, inquisidor de la provincia de Maguncia, se inhibió y envió una copia al dominico Jakob Hochstraten, inquisidor de la provincia de Maguncia, quien la sometió a la facultad teológica de Colonia. Arnold de Tungern y el dominico Konrad Köllin, comisionados para examinarla, exigieron que Reuchlin retirara todas las copias y pidiera públicamente a sus lectores que le consideraran un católico verdadero y enemigo de los judíos y especialmente del Talmud. Pero esto era exigir demasiado y tras una serie de añadidas polémicas, incluyendo Ain clare Verstentnus (1512) y Defensio contra calumniatores (1513) de Reuchlin, el emperador prevaleció imponiendo silencio a ambas partes en junio de 1513. Reuchlin se propuso la tarea, mediante Federico el Sabio, de hacer extender el mandato a todos sus enemigos y el intento de un dominico de calumniar a Reuchlin ante el elector hizo que Lutero y Carlstadt intercedieran en su favor. Federico respondió al dominico con reserva diplomática; mientras tanto la facción en Colonia había procurado del emperador la confiscación de la Defensio, mientras Hochstraten había logrado la condena de Augenspiegel de las universidades de Lovaina, Colonia, Maguncia, Erfurt y París. El 9 de septiembre de 1513, Reuchlin fue citado ante el tribunal de la Inquisición. No apareció, pero apeló al papa, quien encomendó la decisión a Jorge, palsgrave y obispo de Spira (noviembre de 1513). Jorge citó a las partes y delegó el juicio en el sabio canónigo Thomas Truchsess, alumno de Reuchlin. El 29 de marzo de 1514 se emitió sentencia a favor de Reuchlin, por lo que Hochstraten apeló al papa, designándose un comité de veintidós personas que el 2 de julio de 1516 decidió en favor de Reuchlin. En ese momento se publicó un mandatum de supersedendo papal, posponiéndose el juicio indefinidamente, aunque Hochstraten permaneció un año en Roma, pretendiendo vanamente la condena de Augenspiegel.
Reuchlin tenía la simpatía de los humanistas, como muestran las cartas que le dirigieron y que él publicó bajo el título Clarorum virorum epistolæ (Tubinga, 1514 y Zurich, 1558) y Epistolæ obscurorum virorum. Tuvo un poderoso protector en Franz von Sickingen quien advirtió a los dominicos y especialmente a Hochstraten que dejaran a Reuchlin en paz. Un tribunal se reunió en Francfort en mayo de 1520 y tras condenar la actitud de Hochstraten, recomendó que el provincial debiera prevalecer sobre el papa para acabar con la controversia, encareciendo a ambas partes al silencio, mientras que el capítulo dominico desposeía a Hochstraten de sus cargos de prior e inquisidor. En Roma se le consideraba a Reuchlin en sintonía con Lutero, por lo que el 23 de junio de 1520 la decisión papal fue en favor de Hochstraten. Reuchlin apeló en vano a Roma y Sickingen con igual futilidad al emperador. Pero el interés por la controversia llegaba a su final, en la medida que el problema de Lutero cobraba protagonismo. El 29 de febrero de 1520, Reuchlin fue designado por el duque Guillermo de Baviera profesor de griego y hebreo en Ingolstadt, pero a principios del año siguiente la peste le obligó a marcharse a Tubinga, donde enseñó entre 1521 y 1522.
Los servicios indirectos de Reuchlin a la Reforma fueron considerables. En 1518 recomendó a su sobrino-nieto Melanchthon como profesor de griego en Wittenberg, aunque su actitud hacia Lutero y la Reforma en general no fue de simpatía.