Historia

RICHARD († 1184)

Richard, arzobispo de Canterbury, murió en Halling, Kent, el 16 de febrero de 1184.

Primera etapa.
Era normando por nacimiento y de humilde parentela, recibiendo el hábito monástico en su temprana juventud en Christ Church, Canterbury, donde fue admitido tras sus días escolares. El arzobispo Teobaldo le hizo uno de sus capellanes y en ese cargo estuvo asociado con Thomas Becket, posteriormente arzobispo. Su elevado carácter y afabilidad dieron lugar a su nombramiento como prior de St. Martin, Dover, en 1157 (Gervasio de Canterbury, ii. 397; Monasticon, iv. 530). Cuando el arzobispo Becket volvió a Inglaterra en diciembre de 1170, envió a Richard en una misión al joven rey Enrique en Winchester. Richard no fue bien recibido por los cortesanos, que trataron de impedirle que viera al joven rey y cuando finalmente obtuvo una audiencia, fue enviado de vuelta sin ninguna respuesta satisfactoria.

Elegido arzobispo.
Tras el asesinato de Thomas Becket, 29 de diciembre de 1170, la sede de Canterbury permaneció vacante durante dos años y medio. Surgieron desacuerdos con respecto al derecho de elección. Finalmente, el 3 de junio de 1173, al recibirse cartas del rey y los cardenales legados instando a una elección, se celebró una reunión en St. Catherine Chapel, Westminster, entre los obispos y los monjes, que insistieron en que la elección debía recaer en uno de sus colegas. Fueron propuestos Odo, prior de Canterbury, y Richard, prior de Dover. Los monjes apoyaron a Odo, que representaba la facción de Becket; pero Gilbert, obispo de Londres, y los otros obispos se decantaron por Richard, quien fue elegido. El justicia, que estaba presente, dio el consentimiento real, y Richard, como arzobispo electo, prestó el juramento de fidelidad al rey 'salvo buen fin', no diciéndose nada en cuanto a su observancia de 'las costumbres del reino', o, en otras palabras, las constituciones de Clarendon. Su elección, aunque representada como acción del capítulo y siendo sin duda en cierta medida un compromiso, fue evidentemente una derrota para los monjes, debiéndose probablemente al deseo del rey manifestado por el justicia, pues Enrique no quería tener un arzobispo que siguiera la línea de Becket.

Richard fue recibido solemnemente en Canterbury el día 8, pero su consagración fue prohibida por el joven rey, quien apeló a Roma, porque la elección se había hecho sin su consentimiento. El obispo electo, cuya consagración se había frenado de esta manera, el capítulo de Christ Church y otros, enviaron mensajeros a Roma para responder a la apelación. El propio Richard fue a Roma poco después, acompañado por Reginald FitzJocelin, obispo electo de Bath. En Roma, Richard fue combatido firmemente por el joven joven y su suegro, Luis VII de Francia, que tenían una poderosa facción en la corte romana. Alegaron que la elección era simoníaca y que Richard había jurado fidelidad, sin la calificación de costumbre (salvo buen fin), acusaciones que refutó, y, además, que era de nacimiento ilegítimo. Alejandro III confirmó finalmente la elección de Richard el 2 de abril de 1174, consagrándolo en Anagni el día 7, dándole el palio, el cargo de legado y una carta de confirmación de la primacía de su sede.

Richard se embarcó en Astura el 26 de mayo, atracó en Génova y el 23 de junio, habiendo llegado a San Jean de Maurienne, se unió a Peter, arzobispo de Tarantaise, al consagrar a su compañero Reginald a la sede de Bath. El 8 de agosto se encontró con el anciano Enrique a su llegada a Barfleur. El rey le recibió con buen humor, le hizo cenar con él y le pidió que fuera a Inglaterra. Entró en Londres el 3 de septiembre y mientras estaba allí supo del incendio de su catedral, que sucedió el día 5, cuando el coro de Conrad fue totalmente destruido. En obediencia a las órdenes del papa permaneció algunas semanas en Londres, entrando en Canterbury, donde fue recibido con regocijo y entronizado el 5 de noviembre, consagrando al día siguiente a cuatro obispos electos para sedes inglesas. La restauración de la catedral se inició bajo un arquitecto llamado William de Sens.

Disputas con la sede de York.
Inmediatamente después de su entronización, Richard llevó a cabo una visitación de su provincia y como las hacía con gram pompa, sus visitaciones fueron especialmente gravosas para las casas religiosas que tuvieron que recibirle. En el priorato de St. Oswald en Gloucester, sobre el cual el arzobispo de York reclamaba jurisdicción, los clérigos y oficiales del arzobispo Roger se negaron a reconocer su autoridad, por lo que los citó y suspendió de todas las funciones eclesiásticas. Este acto causó una disputa entre él y Roger, que presentó un recurso contra él en Roma. El 18 de mayo de 1175, Richard celebró un sínodo en Westminster en presencia de los dos reyes, pronunciando un elocuente y entendido sermón, publicando desde una elevada plataforma una serie de cánones, que declaró estaban basados en las reglas de los padres ortodoxos y no eran innovaciones. Después del concilio, Richard acompañó a los dos reyes en una peregrinación que hicieron al santuario de St. Thomas de Canterbury, uniéndose a Enrique en la imposición a los capítulos de las casas religiosas donde había que suplir una vacante, habiendo entonces doce abadías vacantes en su provincia. El 27 de septiembre visitó Peterborough y depuso al abad por mala conducta. El cardenal-diácono Uguccione Pier Leoni, habiendo llegado como legado a Inglaterra a finales de octubre, fue recibido por el rey en Winchester el 1 de octubre, disponiéndose una tregua entre los dos arzobispos, que duró hasta finales de septiembre siguiente, renunciando Richard a su pretensión sobre St. Oswald y absolviendo a los clérigos de Roger.

El 25 de mayo de 1175, Richard asistió al concilio de Northampton, donde, entre otros asuntos, los obispos escoceses que estaban presentes fueron conminados por Enrique a someterse a la Iglesia inglesa. El arzobispo Roger reclamó la obediencia de los obispos de Glasgow y Whitherne. Pero Richard afirmó la demanda de su sede sobre la Iglesia escocesa, por lo que los obispos salieron sin reconocer la autoridad de ninguno. Otras disputas sobre las pretensiones rivales de los dos arzobispos tuvieron lugar en un cosejo reunido en Westminster el 14 de marzo. El 15 de agosto el rey, en un consejo celebrado en Winchester, intentó en vano hacer la paz entre ellos, logrando solo una tregua de cinco años. Después Richard acompañó a la hija del rey, Joan o Joanna (1165-1199), hasta St. Gilles, donde las naves de su futuro esposo, William II de Sicilia, la recogieron.

Aunque Richard fue diligente en promover la prosperidad material de su sede por la construcción, cercamiento, mejora de la tierra y semejantes, fue firme en la resistencia a los ataques sobre ella del arzobispo de York, no satisfaciendo de ninguna manera las exigencias de los seguidores más ardientes de su predecesor. Lo consideraban débil e infiel en la causa por la que Becket había sufrido el martirio. Evidentemente no tenía simpatías con las elevadas pretensiones de la facción clerical extrema. Desde luego parece haber aprobado la política eclesiástica del rey durante los años que fue arzobispo, señalando en una carta a tres de sus obispos sufragáneos el estrago realizado a la iglesia por la inmunidad clerical en materia de jurisdicción criminal. Mientras que el asesino de un laico era castigado con la muerte, un hombre podía asesinar a un clérigo y recibir sólo sentencia de excomunión. A pesar de su trasfondo monástico, fue más un hombre de acción que un monje y la insatisfacción con la que fue considerado por la alta facción clerical, se expresa en una carta que le dirigió Pedro de Blois, donde dice que el rey desaprobaba su descuido en asuntos de disciplina, exhortándole a menudo a mostrar mayor energía. Luego Pedro se convirtió en su canciller y entonces lo defendió calurosamente contra las acusaciones de mezquindad y nepotismo.

Disputas con otras sedes.
En 1177 Richard llevó a cabo los deseos del rey, ayudándolo a cambiar el colegio de Holy Cross en Waltham, Essex, en una abadía de canónigos regulares, estableciendo a las monjas de Fontevrault en Amesbury, Wiltshire. Asistió a un consejo que Enrique celebró en Londres el 13 de marzo sobre la disputa entre los reyes de Aragón y Navarra, siendo testigo de la sentencia de adjudicación. El 20 de abril recibió al rey en Canterbury y guardó con él la Pascua en Wye, Kent. Junto con los obispos del reino asistió al consejo en Winchester el 1 de julio para informar al rey con referencia a sus disputas con Luis VII de Francia, amenazando el cardenal-legado en Francia con poner en entredicho a Inglaterra, por lo que Richard y los obispos apelaron al papa contra él. Hacia finales de año, Roger el abad electo de St. Augustine, Canterbury, le pidió su bendición, pero se negó a cumplir la demanda del arzobispo para que hiciera una profesión de obediencia. Richard no admitiría una profesión cualificada, y Roger fue a Roma, donde obtuvo privilegios de Alejandro III en perjuicio del arzobispo. Regresó en 1178, llevando cartas pidiendo su bendición y dando una comisión al obispo de Worcester para llevar a cabo la ceremonia. Al saberlo, Richard fue a St. Augustine, declarando que había venido para dar la bendición; pero el abad electo no estaba en el monasterio, tras haberse retirado hasta no recibirla del arzobispo, quien apeló a Roma. Enrique lo respaldó, pues se creía que el abad electo había sujetado su casa al papa y había prometido un tributo anual, en perjuicio de los derechos del arzobispo y del rey. Roger volvió a Roma y provocó la ira de Alejandro contra Richard, al presentarlo como un desobediente al mandato del papa. Richard, que fue citado al concilio de Letrán, llegó hasta París y luego regresó a Inglaterra, actuando, según se dice, por el consejo de aduladores e intimidado por su propia timidez, aunque parece probable que nunca intentó ir al concilio y que actuó con la aprobación de sus sufragáneos. Alejandro mismo dio a Roger la bendición en febrero de 1179, salvando los derechos de la sede de Canterbury, y en 1180 le envió cartas a él y al rey declarando que los arzobispos de Canterbury consagraran a los futuros abades sin requerir la profesión. Richard sostuvo que los estatutos en los que el convento basaba su exención no eran auténticos y atacó sus pretensiones sobre las iglesias a las que el convento representaba. Después de prolongados conflictos esos estatutos demostraron ser espurios, y finalmente en 1183, el rey obligó al convento a hacer un acuerdo con él, por el que renunciaba a muchos privilegios, no ganando nada a cambio. No fue solo en el caso de St. Augustine donde los derechos de su propia sede estaban en cuestión, en los que Richard mostró su enojo por los intentos realizados por los monasterios para obtener la exención de la jurisdicción episcopal. Se opuso a la tentativa del abad de Malmesbury, de rechazar la profesión de obediencia al obispo de Salisbury, escribiendo fuertemente a Alejandro III sobre los males causados por las exenciones.

Mientras tanto, el 23 de agosto de 1179, Richard recibió a Enrique y Luis de Francia en Canterbury. En noviembre de 1182 pasó a Normandía, para obtener la ayuda del rey en su disputa con St. Augustine. Estando la sede de Rochester vacante, nombró para ella a su clérigo, Waleran, archidiácono de Bayeux, y lo consagró en Lisieux el 19 de diciembre. Esto infringía los derechos del convento de Christchurch, lo que provocó gran enojo; pero el asunto se arregló al ir allí el obispo y jurar lealtad al convento. Richard pasó la Navidad con el rey en Caen, pronunciando la excomunión contra los que perturbaran la paz entre el rey y sus hijos. En julio acompañó a Enrique a Le Mans, donde el joven rey había sido enterrado, llevándose el cuerpo a Rouen para enterrarlo allí. Regresó a Inglaterra el 11 de agosto. El 14 de febrero de 1184 cayó enfermo repentinamente en Halling, Kent, en su camino a Rochester, y, sufriendo un violento cólico, murió allí. Su cuerpo fue llevado a Canterbury y enterrado en la nave norte de la catedral el día 18.

Valoración.
Richard fue acusado por los más celosos seguidores de Becket de sacrificar la libertades de la Iglesia y permitir la opresión del clero, y su carácter es tratado duramente por los escritores monásticos, a cuya independencia se oponía. Si bien no era de una clase heroica, parece probable que la línea que tomó en asuntos eclesiásticos, y sobre todo con respecto a las inmunidades clericales, fue resultado de convicción más que de pereza o timidez, y que no percibió daño a la iglesia en las actuaciones del rey para impedir que se convirtiera en un organismo separado, independiente del poder secular. Que fue negligente en el desempeño de su cargo no parece demostrado por los hechos, siendo diligente en la promoción de la prosperidad material y defensa de los derechos de su sede. Hay que admitir que no estuvo a la altura a la que los eclesiásticos más comprometidos estuvieron y puede ser que fuera más activo en la administración temporal que en las cosas puramente espirituales. Si bien no era más que moderadamente entendido y era ignorante del derecho, que entonces era el estudio de moda entre el clero, tuvo amigos entre los eruditos, como Pedro de Blois y Giraldus Cambrensis; Pedro de Blois describe cómo tales hombres acudían al arzobispo y tras las oraciones o comidas realizaban ejercicios intelectuales, leyendo, escribiendo, disertando y decidiendo casos legales. Richard no fue un gran arzobispo, pero tal vez fue mejor para la Iglesia inglesa y el reino que mantuviera una política moderada en vez de heroica, manteniéndose en buenos términos con el rey.