Historia

RICHARD DE WYCHE (c. 1197-1253)

Richard de Wyche, obispo de Chichester, nació en Droitwich, Worcestershire, hacia 1197 y murió en Dover en 1253. Sus padres, Richard y Alice, eran acomodados pero su padre murió cuando él era joven y la familia cayó en la pobreza. Capgrave, su biógrafo, escribiendo en el siglo XV, cuenta la pintoresca historia de cómo Richard trabajó en las tierras de su hermano mayor con tanto celo que reparó la quebrada fortuna de la familia. Sea como fuere, lo cierto es que su hermano le ofreció pasarle sus posesiones a él, proponiéndole que se casara con cierta noble dama. Richard rechazó ambas propuestas y se fue a Oxford como estudiante pobre. Allí vivió de manera muy sencilla. Él y dos compañeros más tenían una túnica y una bata con capucha en común, con lo que asistían a las clases por turnos. Estudió lógica especialmente. Como maestro de artes enseñó con gran éxito. Finalmente se convirtió en doctor en derecho canónico y por común acuerdo de la universidad fue nombrado canciller. Capgrave dice que antes de que fuera nombrado canciller primero fue a París, para estudiar lógica; volvió a Oxford para obtener la maestría y de allí fue a Bolonia para trabajar en derecho canónico, en el que ganó gran reputación. También dice que cuando estaba a punto de dejar Bolonia, su tutor le ofreció a su hija en matrimonio, pero renunció a la oferta, pues el matrimonio no cuadraba con su plan de vida austera. Según Capgrave fue sólo entonces, a su regreso a Inglaterra, cuando fue nombrado canciller de la universidad de Oxford. Su fama como erudito y santo fue tan grande que tanto Edmund Rich, ahora primado, como el entendido Robert Grosseteste, obispo de Lincoln, deseaban que fuera canciller de sus respectivas diócesis. Richard finalmente se convirtió en canciller de Canterbury, siendo fiel amigo y seguidor de Edmund. Bocking compara a los dos santos hombres con 'dos querubines en gloria.' Fue por su consulta con Richard, si no realmente por su sugerencia, que Edmund se puso contra el rey sobre el asunto de las sedes vacantes. Cuando Edmund se retiró a Pontigny, Richard se fue con él, y, cuando la mala salud de Edmund le obligó a buscar un clima más cálido, se fueron juntos a Soissy. Allí murió Edmund. Richard siempre se mantuvo fiel a su memoria y suministró a Matthew Paris material para su biografía. En 1249 asistió al traslado de Edmund a Pontigny, escribiendo un relato del mismo en una carta publicada por Matthew Paris. Richard no quería volver a Inglaterra, yéndose a Orleáns, donde estudió teología en una casa dominica, donde fue ordenado sacerdote y en lo sucesivo aumentó el rigor de su ascetismo. Fundó una capilla en Orleáns, en honor de Edmund. Finalmente regresó a Inglaterra y se convirtió en vicario de Deal y rector de Charing. Bonifacio de Saboya, sucesor de Edmund, le convenció y en 1245, una vez más se convirtió en canciller de Canterbury.

A la muerte del obispo Ralph Neville en 1244, los canónigos de Chichester habían elegido para la sede vacante a Robert Passelewe, archidiácono de Chichester y ardiente partidario del rey. Bonifacio, ya elegido arzobispo, celebró un sínodo con sus sufragáneos el 3 de junio de 1244 y anuló la elección. Richard de Wyche fue recomendado al capítulo e inmediatamente elegido, instando Bonifacio a su elección y confirmándola. Enrique III se enfureció y se negó a entregar las temporalidades de la sede. Richard tuvo una entrevista con él, pero, al resultar inútil, llevó su caso ante el papa, Inocencio IV, quien lo consagró en Lyón el 5 de marzo de 1245.

A su regreso a Inglaterra, Richard encontró las temporalidades de la sede vergonzosamente esquilmadas por los oficiales del rey. Una segunda entrevista con el rey no fue de ayuda. Richard estaba sin hogar en su propia diócesis, 'como un extraño en un país extranjero.' Dependía de la hospitalidad del clero, sobre todo de la de un pobre sacerdote de Tarring, llamado Simon, que compartía con Richard lo poco que poseía. Después de dos años, en 1246, el rey fue inducido por las amenazas de excomunión papales a restaurar las temporalidades. Richard continuó llevando la vida de un apóstol primitivo, gastando poco en sus propias necesidades y dando limosna generosamente. Mantuvo rígidamente la disciplina eclesiástica. Compiló un conjunto de estatutos, con la ayuda de su capítulo, con el objeto de eliminar los abusos en la Iglesia; arrojan mucha luz sobre el estado general del clero. El clero viviendo en concubinato en la diócesis sería privado de sus beneficios; todos los candidatos a la ordenación debían hacer voto de castidad; los indignos serían excluidos de la ordenación; la caridad y la hospitalidad fueron impuestas sobre los rectores; los diezmos debían ser pagados regularmente; los que retuvieran los diezmos debían ser severamente castigados; los vicarios debían ser sacerdotes y mantener sólo una coadjuditoría; la no residencia fue condenada; a los diáconos se les prohibía oír confesiones, imponer penitencias, bautizar, salvo en casos de emergencia, y la confirmación debía administrarse un año tras el bautismo. Que Richard subrayó la forma y belleza del ritual es evidente por sus regulaciones para que los sacerdotes celebraran misa con túnicas blancas y limpias; que usaran un cáliz de oro o plata; los manteles del altar impecables, la cruz debía ser sostenida por los sacerdotes delante de los celebrantes, el pan de la mejor harina de trigo, el vino mezclado con agua. Los elementos a los enfermos tenían que ser llevados reverentemente. Las exacciones clericales suprimidas; los archidiáconos debían administrar justicia con tasas justas y visitar las iglesias con regularidad; los sacerdotes cuya expresión era descuidada y apresurada debían ser suspendidos; la venta de oficios eclesiásticos prohibida; cuatro veces al año los nombres de los excomulgados debían ser leídos en la parroquia. Todos los incendiarios, usureros, obstructores sacrílegos de la ejecución de testamentos y falsos informantes debían ser castigados con la excomunión. A los judíos se les prohibía construir nuevas sinagogas. Una copia de esos estatutos sería conservada por cada sacerdote de la diócesis y llevada al sínodo episcopal.

Richard fue sensible en todos los asuntos de los privilegios de la Iglesia. Por ejemplo, obligó a los violadores de una iglesia en Lewes, que habían echado y ahorcado a un ladrón del santuario, a tomar el cadáver cuando ya estaba en descomposición y enterrarlo dentro de la iglesia. En 1252 Richard acordó con Grosseteste negarse a la demanda del rey de un diezmo y en el mismo año se unió a Bonifacio para excomulgar a los autores de un ultraje a un funcionario del arzobispo, Eustace de Lynn. En su cuidado por su catedral, instituyó lo que más tarde fue conocido como 'St. Richard's pence', contribución ofrecida cada día de Pascua o domingo de Pentecostés por los parroquianos de cada iglesia en la diócesis. Con el mismo objetivo indujo al arzobispo de Canterbury y a varios obispos a recomendar peregrinaciones a la catedral de Chichester, con relajación de penitencia como recompensa. Fue un gran mecenas de los frailes mendicantes, especialmente los dominicos, que ampliaron grandemente su obra en Sussex durante su episcopado. Su confesor, Ralph Bocking, que escribió su biografía, fue dominico.

La actividad de Richard estuvo lejos de quedar confinada a su propia diócesis. Se entrometió en política, siendo acusado de amar al papa más que al rey. Fue un ardiente defensor de las cruzadas. En 1250 fue uno de los recadudores de la cruzada. En 1252 el rey le ordenó exhortar al pueblo de Londres a que se alistara a la cruzada. Su predicación en este caso tuvo poco éxito. Pero cuando Luis IX se vio obligado en 1253 a volver a Europa, dejando la cristiandad oriental al borde de la disolución, el papa no tuvo ayudante más vigoroso que Richard de Chichester en reactivar el entusiasmo en Inglaterra. Predicó una cruzada, tanto en su propia diócesis como en la de Canterbury. Pero al acercarse a Dover, donde iba a consagrar una iglesia dedicada a St. Edmund, le falló su salud. Al llegar a Dover y alojarse en Hospitium Dei, consagró la iglesia; pero la siguiente mañana (3 de abril de 1253), durante su misa temprana en la capilla, se cayó y poco después murió. Sus biógrafos cuentan cómo el clero que realizó por él los últimos oficios quedó profundamente impresionado al encontrar su cuerpo desgarrado con maceraciones y vestido con pelo de caballo abrochado con bandas de hierro. Los restos de Richard, excepto las partes más perecederas, que fueron enterradas en la iglesia de St. Edmund en Dover, fueron enterrados según su deseo en una humilde cripta en la nave de la catedral de Chichester cerca del altar de St. Edmund, que él mismo había construido en memoria de su venerado maestro. Richard dejó legados a la iglesia de Chichester, a muchas comunidades de franciscanos y dominicos, a varios internos y a sus siervos y amigos. El único legado a su familia fue una porción de matrimonio de veinte marcos para la hija de su hermana. Todavía estaba paralizado con la deuda, ordenando a sus albaceas que exigieran al rey las ganancias de los dos años de su obispado que Enrique le había quitado injustamente. El arzobispo Bonifacio fue el principal albacea.

Desde el momento de su muerte, Richard recibió los honores de la santidad. Historias de milagros obrados en su tumba pronto obtuvieron creencia universal. La veneración en la que su memoria fue tenida creció rápidamente. En el episcopado de Stephen Berksted (1262-1287), Eduardo, el hijo del rey, visitó la tumba. En julio de 1256 una comisión de Walter de Cantelupe, obispo de Worcester, Adam de Marisco y el prior provincial de los dominicos, fue nombrada por Alejandro IV para examinar su vida y milagros. El 28 de enero de 1262 en Viterbo en la iglesia de los franciscanos, Urbano IV en presencia de una gran asamblea declaró a Richard de Chichester formalmente canonizado. La licencia papal para el traslado de sus restos a la catedral de Chichester se dio el 20 de febrero, junto con beneficios penitenciales prometidos a los peregrinos. Las guerras de los barones probablemente detuvieron la acción inmediata. No fue hasta el día 16 de junio de 1276 que los restos de Richard fueron trasladados a un santuario de plata dorada por el arzobispo Edward Kilwardby, en presencia de Eduardo I, asistido por varios obispos. La tumba actual, en el crucero meridional, es de fecha tardía y ha sufrido de 'restauración'. Hasta la época de Enrique VIII fue lugar favorito de peregrinación. Su festividad, mantenida el 3 de abril, fue una importante fiesta en Sussex hasta la Reforma y su nombre fue retenido entre los santos de letra negra del libro de oración reformado inglés.