Historia

RITSCHL, ALBRECHT BENJAMIN (1822-1889)

Albrecht Benjamin Ritschl nació en Berlín el 25 de marzo de 1822 y murió en Gotinga el 20 de marzo de 1889.

Albrecht Benjamin Ritschl
Albrecht Benjamin Ritschl
Vida.
Fue educado en las universidades de Bonn (1839-41) y Halle (1841-43) y durante este periodo gradualmente pasó del sobrenaturalismo bíblico a una posición crítica y especulativa, para pesar de su padre, Georg Karl Benjamin Ritschl. Mientras tanto, se interesó en el hegelianismo y en el estudio de la doctrina de la expiación, llevando su disertación para el doctorado el título Expositio doctrinæ Augustini de creatione mundi, peccato, gratia (Halle, 1843). Tras dejar Halle pasó el invierno en Berlín y luego pasó casi un año con sus padres en Stettin. Queriendo ser idóneo para la carrera de profesor estudió durante seis meses en Heidelbrg en 1845, yendo luego a Tubinga, donde se convirtió en un entusiasta seguidor de Ferdinand Christian Baur, queriendo demostrar que el evangelio apócrifo de Marción, mencionado por Tertuliano, fue la fuente de Lucas, avanzando esta teoría en su Das Evangelium Marcions und das kanonische Evangelium des Lukas (Tubinga, 1846).

En 1846 Ritschl era docente privado de teología del Nuevo Testamento en Bonn. Sus estudios independientes le llevaron cada vez más lejos de la posición de la escuela de Tubinga, aunque su monografía titulada Die Entstehung der alcatholischen Kirche (Bonn, 1850) no significó aún una ruptura decisiva. Sin embargo, pronto rechazó su propia teoría sobre Lucas, manteniendo ahora la prioridad de Marcos sobre los otros evangelios sinópticos, produciéndose en 1856 la ruptura abierta entre él y Baur. Al año siguiente Ritschl editó una revisión completa de su historia de la Iglesia antigua, en la que negaba la hipótesis de la escuela de Tubinga y mantenía que la presunta delimitación entre Pablo y los apóstoles originales no existió. Igualmente sostuvo que el cristianismo judío no fue un factor en el desarrollo de la Iglesia antigua, sino que, al contrario, fue una fase específica del cristianismo gentil, que debe distinguirse del sistema de Pablo. En 1852 Ritschl, cuyo desarrollo teológico le estaba llevando de nuevo a una simpatía intelectual con su padre, fue designado profesor asociado, incluyendo ahora su obra una teología sistemática, aun cuando ya se le había permitido enseñar sobre historia de la Iglesia y del dogma desde 1848.

En 1859 fue promovido para ser profesor numerario en Bonn, pero en 1864 aceptó una invitación de la universidad de Gotinga, donde dio clases no solo de Nuevo Testamento, sino sobre todas las ramas de la teología sistemática, produciendo, tras varios años de estudio preliminar, su gran obra Die christliche Lehre von der Rechtfertigung und Versöhnung (3 volúmenes, Bonn, 1870-74). Un breve resumen de las ideas básicas de la misma la dio en Ueber die christliche Volkommenheit (Gotinga, 1874); su análisis de las tendencias teológicas del siglo XIX lo expuso en Schleiermachers Reden über die Religion und ihre Nachwirkungen auf die evangelische Kirche Deutschlands (Bonn, 1874), preparando un compendio de su sistema teológico en Unterricht in der christlichen Religion (1875). Su única contribución importante posterior fue su teología sistemática Theologie und Metaphysik (Bonn, 1881). Tras 1876 volvió a los problemas históricos, como en su Geschichte des Pietismus (3 volúmenes, Bonn, 1880-86).

Entre 1870 y 1874 Ritschl declinó una invitación de Estrasburgo y cuatro de Berlín, así como una para ser miembro del consejo supremo de la Iglesia estatal de Prusia. En 1876-77 y en 1886-87 fue pro-rector de la universidad y en 1878 fue elegido miembro del consistorio nacional de Hanover, aunque asistió escasamente a sus reuniones. Tras su muerte sus más breves contribuciones fueron recopiladas bajo el título Gesammelte Aufsätze (Friburgo, 1893).

Albrecht Benjamin Ritschl
Albrecht Benjamin Ritschl
Actitud hacia la dogmática y la filosofía.
Aunque Ritschl ejerció una profunda influencia en Bonn, la denominada 'escuela ritschliana' no surgió hasta casi una década después de que se hubiera ido a Gotinga, siendo el movimiento dirigido no tanto por sus estudiantes sino por los que habían quedado impresionados por sus escritos, especialmente por su estudio de la expiación. Sin embargo, Ritschl se oponía a cualquier forma de partidismo, no construyendo un sistema formal de dogmática, siendo lo más cercano a ello el Unterricht mencionado antes. Al mismo tiempo, en la mitad del tercer volumen de su obra sobre la expiación se vio obligado a dar un bosquejo casi completo de dogmática para acoplar la exposición de la doctrina cardinal del cristianismo protestante, aunque se sintió con la libertad de omitir algunos tópicos y tratar otros brevemente. A la última categoría pertenecen las cuestiones de metodología general y de principios de dogmática, que limitan con la esfera de la filosofía. Posteriormente, en Theologie und Metaphysik dedicó atención a los problemas de la epistemología expuestos por Kant y Lotze hasta donde eran pertinentes a la teología, aunque la ciencia de la epistemología siempre fue para él de importancia secundaria. Esta misma actitud provocó muchos malentendidos sobre su sistema. Al apelar a la epistemología fue acusado de hacer depender su dogmática de problemas involucrados en la teoría del conocimiento y como en sus últimos años sostuvo que el conocimiento religioso se expresa en juicios de valor directos o independientes, algunos de sus críticos le acusaron de construir una teología casi como la de Feuerbach. De hecho, el 'juicio de valor directo o independiente' de Ritschl no significa nada más que el conocimiento religioso teórico de la ciencia, simplemente mediante el hecho de que el principio está condicionado por el interés práctico inherente del alma, antes que por el esfuerzo personal para ofrecer una explicación objetiva del problema de la existencia. Por tanto, es totalmente incorrecto acusar a Ritschl con el uso constructivo de una filosofía que él desechó como principio. Todo su sistema de pensamiento estuvo centrado, y condicionado, en la revelación cristiana, y aplicó la interpretación de la distintiva religión cristiana a todos los grandes fenómenos del alma y de la historia del cristianismo. Es bastante característico, entonces, que en su obra sobre la expiación, Ritschl procediera desde la historia del dogma en cuestión hasta la enseñanza bíblica sobre el tema, invirtiendo así el procedimiento acostumbrado. Manteniendo que la revelación final de Dios fue dada en la persona y obra de Cristo y postulando al mismo tiempo lo inadecuado de los meros hechos recogidos sobre él en el Nuevo Testamento, Ritschl sostuvo que el fundamento de las doctrinas teológicas debe buscarse en la conciencia primaria de la comunidad cristiana, siendo la única fuente el Nuevo Testamento.

Posición teológica y teoría bíblica.
Mientras que la posición recién bosquejada implica que Ritschl fue esencialmente un biblista, su actitud estuvo materialmente condicionada por el carácter eclesiástico que atribuyó a la dogmática. Igual que Lutero, sostuvo que la Biblia es la palabra de Dios solo hasta donde subraya a Cristo, así que, mientras que todas las ordenanzas y creencias de la Iglesia primitiva no son vinculantes a la teología cristiana y a la Iglesia, cada doctrina de la salvación de la obra de Cristo debe estar basada en sustancia en la Biblia. Además, mantuvo que la doctrina paulina de la justificación por la fe era vinculante en teología y a desemejanza de la mayoría de los teólogos contemporáneos, que subrayabann el carácter nuevo y distintivo del Nuevo Testamento, él mantuvo que, a menos que haya prueba de lo contrario, a los escritores bíblicos se les debe suponer la capacidad de expresar sus pensamientos en forma metódica y ordenada. Sin embargo, esta teoría presupone un tipo esencialmente moderno de interpretación, que excluye la simpatía hacia los anteriores modos de pensamiento y sentimiento que están evidentemente presentes en el Nuevo Testamento. La teología bíblica de Ritschl, desarrollada al principio de su carrera y cambiada, pero poco, en el curso de su vida, representa el punto de vista del siglo XIX, habiendo sido sobrepasada en gran parte por los resultados de los estudios históricos del cristianismo primitivo. Además de todo esto, Ritschl apeló más y más al ideal de vida de los reformadores y a los credos del luteranismo, atribuyendo más importancia a estos últimos que a los símbolos de la Iglesia antigua, que valoró sólo hasta donde mantienen posiciones religiosas, especialmente la divinidad de Cristo. La autoridad del concepto protestante de religión consistió en su opinión en su mantenimiento de la doctrina de la justificación por la fe, que falta en la Iglesia oriental, pero que fue establecida en la occidental por Agustín y defendida por los representantes medievales del catolicismo. Por otro lado esta misma opinión le llevó a despreciar la obra de los 'reformadores antes de la Reforma' y de la teología mediadora. Al igual que los reformadores, Ritschl hizo de la justificación y la expiación las doctrinas cardinales del cristianismo, siendo este hecho la clave de sus principales enseñanzas teológicas. Tan fuertemente considera que la única base para un conocimiento de Dios está en la divina revelación sobre la obra y persona de Cristo, que rechazó toda teología natural e ignoró sus pruebas de la existencia de Dios. Sin embargo, ya que una estimación tal de Cristo presupone una creencia cristiana, y ya que esta creencia surge en la comunidad cristiana solo por la experiencia de la justificación y la expiación, la comprensión de Dios y Cristo necesariamente tiene su solo fundamento en la fe personal que surge de la justificación. De acuerdo a esta posición, invirtió el método usual y puso primero los elementos subjetivos del cristianismo, ignorando la ontología del objeto de la fe como base de un conocimiento religioso condicionado teológicamente. De manera que el concepto de Ritschl de la Biblia no era el de una pauta externa, sino la revelación de Dios en Cristo, según se deduce del Nuevo Testamento, poseyendo el carácter de revelación solo por una fe que la entiende y reconoce como tal.

Relación de la fe con la justificación y la expiación.
La fe, según Ritschl, no es un mero servicio pasivo del hombre, sino una activa confianza en Dios y la divina providencia, mostrada directamente en humildad, paciencia y oración, que influencia el desarrollo de la vida moral. La reconciliación de esta independencia ética y religiosa del cristiano con su sentido de absoluta dependencia de Dios fue el problema cardinal de su teoría de la justificación y la expiación. Para resolver la dificultad Ritschl avanzó la teoría de que el pecador que llega a ser creyente es primero pasivamente puesto por Dios en un estado de justificación, que se realiza a su vez realmente en la expiación que lo perfecciona, constituyendo esa expiación el fundamento de la actividad cristiana. La justificación, que es sinónimo de perdón de pecados, libera al pecador de la culpa que le separa de Dios; la desconfianza de Dios que surge de la conciencia de pecado se desvanece ante la promesa divina de la gracia y la vieja oposición activa a la voluntad divina da lugar a una obediencia igualmente activa a los mandamientos de Dios. Aunque las buenas obras pueden ser imperfectas incluso cuando la voluntad humana ha sido renovada, no obstante, en conjunto, el ejercicio de confianza, humildad, paciencia y oración y el cumplimiento de los requerimientos morales en el espíritu del amor cristiano, constituyen lo que es entendido por el Nuevo Testamento y por los reformadores como perfección cristiana, aunque ha de entenderse cualitativamente, no cuantitativamente. La justificación y la expiación proporcionan el fundamento para que el pecador transformado adquiera la nueva condición de hijo de Dios; pero al mismo tiempo la justificación, que halla su realización práctica en la expiación, es un acto creativo de la voluntad divina, condicionada no por méritos o circunstancias humanas, sino porque el pecador que cree es tenido por Dios como justo a pesar de su pecado, tomando el Padre la iniciativa mediante el establecimiento de la comunión entre él mismo y el hombre, siendo el fundamento de todo ello no el pecador, sino la obra de Cristo y su eficacia.

El siguiente pasaje muestra la relación entre la reconciliación y la justificación, según Ritschl.

'La idea de la justificación determina a los pecadores únicamente de manera pasiva, y nada nos dice sobre el estímulo producido por esa acción divina. Por otra parte, la idea de la reconciliación expresa el hecho de que quienes antes estaban envueltos en una contradicción activa de Dios ahora, gracias al perdón, han sido llevados a una dirección armónica hacia Dios, y ante todo han sido llevados a concordar con la intención deseada por Dios al actuar de este modo. Desde este punto de vista podemos dar por sentado que la justificación que Dios ofrece con éxito se manifiesta y recibe en funciones definidas por parte de las personas reconciliadas.'
Teoría de la Iglesia.
Al igual que Lutero, Ritschl hizo depender su idea de la comunidad religiosa directamente de su teoría de la justificación, por lo que tal comunidad no es la Iglesia en tanto organización visible, sino el conjunto de todos los creyentes y el resultado permanente de su Señor y fundador, Cristo, cuya influencia siempre la preserva y perpetúa. El instrumento que produce la fe justificadora en el individuo, guiándole a la regeneración y adopción, es la predicación, convirtiéndose de esta manera la comunidad religiosa en la madre del creyente individual por esa proclamación de la palabra de Dios o del evangelio. De este modo Ritschl pudo evitar la teoría de la Iglesia como asociación voluntaria de creyentes individuales, pudiendo, al contrario, mantener que la Iglesia traza su origen hasta su fundador Cristo y que sus miembros reciben de una organización preexistente esos poderes del Espíritu Santo dentro de ella que la llaman a proclamar su fe e influye en sus vidas. Para establecer el lazo genético entre los creyentes individuales dentro de la Iglesia y Cristo como su cabeza, Ritschl mantiene que la Iglesia, que no está sujeta a las limitaciones del empirismo ni del tiempo, es un conjunto orgánico que, aunque solo visible en sus partes, postula lógicamente la preexistencia del conjunto. Por lo tanto, la Iglesia fue el objeto del amor divino antes de los individuos que pertenecen a ella. Al mismo tiempo, la experiencia de justificación y expiación es individual, no colectiva, especialmente porque la conciencia de culpa y desconfianza hacia Dios, que son removidas por la justificación, son consideradas por él defectos individuales. Esas experiencias personales empíricas no entran en conflicto con el entendimiento lógico de la relación ideal de la Iglesia con Cristo (quien la fundó para la salvación de sus miembros individuales) y con Dios (quien la escogió como el cuerpo de todos los futuros creyentes y como medio para la realización de su reino en la tierra). Sólo así pudo establecer la prioridad de la justificación, como un acto creativo supratemporal de Dios, para la regeneración, y como una experiencia personal del creyente.

La obra de Cristo.
En conformidad con esta teoría de la Iglesia construyó la de la obra de Cristo bajo los dos aspectos de sacerdote y profeta regio, derivándose la regia de ambas fases del reinado espiritual ejercido por Cristo durante su vida. El oficio profético de Cristo lo ejerce de Dios al hombre y el sacerdotal del hombre a Dios. En esta función, que lógicamente presupone la realización de su misión profética, se halla la razón esencial por la que, por causa de Cristo, Dios otorga la regeneración a los pecadores, esto es, el hecho de que por la fe son unidos a Cristo como miembros de la Iglesia. Por tanto, Cristo no representa al creyente en el sentido jurídico al separar su justicia de él mismo para imputarla al creyente, sino en un sentido inclusivo, por el que, sin ser él mismo dispensado de la obligación de la justicia, el creyente le imputa a él la relación de Cristo con el amor de Dios. A partir de esta estimación de la obra de Cristo, Ritschl intenta deducir su idea de la persona de Cristo. Enseñó una preexistencia ideal de Cristo como realizador del plan divino de salvación en un mundo en el que, como la humanidad, ha sido creado para ese mismo propósito y aunque al Cristo terrenal le falten los rasgos de omnipotencia, omnisciencia y omnipresencia divinas, es reconocido y honrado como Dios por el creyente.

Doctrina de Dios y el pecado.
La cristología de Ritschl forma la transición a su doctrina de Dios, quien debe ser conocido no por las especulaciones metafísicas de la religión o de la teología natural, sino solamente por la fe que surge de la persona y la obra de Cristo. Por lo tanto, Dios solo puede ser concebido como Padre, cuya esencia es el amor, cualidad a las que los demás atributos divinos sirven meramente para demostrarla. Sólo aquellos que pecan contra el Espíritu Santo, por oponerse obstinadamente al bien que Dios desea para ellos, son culpables de condenación final. Los demás son objeto de la formación paternal de Dios, por lo que el castigo que él ejerce sobre ellos solamente tiene como intención su corrección y progreso. No todo mal debe ser considerado castigo divino por el pecado, pues el concepto del mal no es teológico y está subjetivamente condicionado en cada caso específico. El cristiano debe, por su fe en la providencia divina, transformar en bien el mal que le rodea, contemplándolo como un medio por el que Dios hace avanzar lo que es mejor para él. El verdadero castigo por el pecado es la culpa, que es removida por la justificación o el perdón del pecado. Desde el punto de vista de Dios el pecado es ignorancia, pero desde el humano es culpa y rebelión contra Dios. La doctrina del pecado original hay que rechazarla por la teoría de un reino de pecado que impide la libertad del individuo hacia el bien y que es fortalecida por el mal hacer de cada cual. Es imposible demostrar la necesidad general del pecado, pero su probabilidad empírica es evidente. El reino del pecado se opone al reino de Dios, que se distingue de la Iglesia en que promueve el bienestar general del creyente, mientras que la Iglesia extiende su capacidad para adorar. Desde este punto de vista Ritschl extrae una antítesis entre los deberes éticos de la Iglesia (oración, profesión de fe y enseñanza) y sus funciones religiosas (predicación y sacramentos), siendo la organización visible de la Iglesia simplemente un medio para esos fines. En ello el concepto del reino de Dios no tiene parte inmediata, sino que entra vitalmente en la interpretación de Ritschl del ideal cristiano de vida, que abarca por un lado todos los deberes y virtudes cristianos y por otro la obligación del amor mutuo, que ha de manifestarse en el desempeño consciente del llamamiento moral.